Querido Mohr:

He estado estos días terriblemente atareado con el Commerce, de ahí que no pueda devolver las cartas hasta hoy. Con Schweitzer es un asunto particular. El tipo es más astuto y activo que todos sus adversarios juntos, aunque esta vez seguramente ha sido demasiado astuto — según la Kölnische Zeitung, las verdaderas asambleas obreras que ahora aparecen por todas partes repudian a sus presidentes impuestos por el «Congreso», y esos tipos autoelegidos, hasta Schweitzer arriba, se darán cuenta de que, tan pronto como hay verdaderamente negocio, esas artimañas e intentos de imponer su secta como dirección al movimiento real ya no sirven de nada. Como Secretario para Alemania tendrás naturalmente que tratar con las uniones que se vayan formando, en tanto no se formen contra-uniones en los distintos oficios, en cuyo caso habría que elegir entre las dos — o ¿podrían afiliarse ambas? Sobre esto tendréis precedentes ingleses. Lo único importante al respecto es que Schweitzer y los suyos recuerden siempre que mantienen correspondencia con el Secretario para Alemania, no con K. M., y de eso ya te encargarás tú.

La traducción rusa es muy grata; tan pronto como la cosa haya avanzado un poco más, hay que llevarlo a los periódicos. El manuscrito de Dietzgen no he podido verlo aún. Gaudissart está cada vez más divertido. Los 30 pliegos no son peligrosos por el momento, ya que van a aparecer en 4 lenguas a la vez, probablemente tardará aún un siglo. Como judío no puede, sin embargo, dejar de hacer trampas, y se lo tiene bien merecido que se queme los dedos con Biscamp. Wilhelmchen tampoco está mal. En cuanto a los suabos, según parece son, pues, circunstancias pecuniarias las que los encadenan a él y a los suyos a los federalistas. Habría que indagar eso más de cerca, no vaya luego a caernos todo encima. Le había hecho notar al respecto que, en el momento en que la acción revolucionaria se acerque, es absolutamente contrario al interés de nuestro partido que nuestra gente se haya enconado demasiado a favor de uno de los bandos en la contraposición, de suyo podrida, entre la Gran Prusia y la Gran Alemania federalista austríaca. El desgraciado animal no puede comprender todavía que toda esa contraposición, con sus dos bandos, es pura estrechez de miras; pensé que la Revolución española le habría ilustrado algo, pero de ninguna manera.

Detalles sobre el desarrollo del Congreso de Schweitzer y sus consecuencias no los he visto aún, pues recibo la Zukunft demasiado tarde.

Recibe los mejores saludos, tu F. E.