Manchester, 30 de septiembre de 1868.

Querido Mohr:

Puesto que una vez, como Secretario para Alemania, te has puesto en contacto con Schweitzer, no veo cómo puedes hacer otra cosa que observar la más completa neutralidad entre él y Wilhelmchen —al menos en las apariciones públicas—. Según sé, los lassalleanos de Hamburgo han aceptado vuestro programa; no cabe, pues, pedir más. Pero hay que dejar que Schw. se arruine él mismo; si nosotros mismos estuviéramos en Alemania, la cosa sería distinta.

Ya por los números anteriores del *Sozial-Demokrat* había visto que pretendía trasladar la «organización férrea» a las trade unions; ahora queda por ver si lo consigue, cosa que no creo. El asunto de las trade unions es negocio de dinero, y ahí la dictadura se acaba por sí sola. Y la sustitución no es tan sencilla como se figura el bonhomme.

El Consejo General sólo puede y debe tomar partido cuando él mismo resulta atacado directa o indirectamente o cuando se violan los principios de la Asociación. Así lo hizo entonces con los parisinos.

Por lo demás, ¿qué es hasta ahora la organización de Wilhelmchen, cuál el resultado del acuerdo de Núremberg? ¿Se han adherido realmente asociaciones, han pagado contribuciones, etc.? Nada sé de ello. Y ¿qué piensa hacer Wilh. con respecto a la organización de huelgas de Schweitzer? ¿Qué más quiere organizar? Todo esto me resulta aún muy oscuro.

Además. ¿Qué efecto práctico tendría que tú y el Consejo General lanzarais una proclama contra los lassalleanos? Y de ahí // Creo que muy poco, a lo sumo el que la secta como tal se mantuviese tanto más unida. ¿Y qué reprocharles? ¿Que no se someten a W. Liebknecht? Mientras esos tipos tengan confianza en Schw., y mientras L. y Schw. se peleen, toda prédica de unión es pura necedad.

Atacar literariamente todo el fárrago lassalleano es cosa muy distinta. Pero proscribirlo, por así decirlo, excomulgarlo, no haría más que consolidar nuevamente a una secta que de otro modo se desmoronaría. A Schw., de paso, le cantaría yo también unas cuantas verdades acerca de su pretensión dictatorial, si es que le escribes. Pues él quería enviarte primero los proyectos.

A propósito, no venía adjunta la carta de Eichhoff.

Vogt. Sobre esto no he podido escribirte, pues Schorlemmer estaba en los Lagos y yo, naturalmente, no he hecho preguntas por mi cuenta. Ayer supe ya de modo provisional que la conferencia no cubrió los gastos, que V., aunque viene dando la misma conferencia desde hace un año, habló de modo muy tropezado y atolondrado, repitiéndose a menudo, etc. Después de la conferencia, varias personas se sentaron con él en el comedor, donde el bravo Vogt fue sometido a tal interrogatorio por el cura unitario Steinthal (hermano del [patrón] de Weerth), por un viejo y pesado profesor de idiomas apellidado Kalisch y por otro tipo, con preguntas sobre el proceso del mono, que se le fue el oído y la vista y se largó lo antes posible. En general, se dice que aquí se sintió muy violento e incómodo, mientras que en Bradford lo festejaron mucho y estuvo exultante. A Davisson le hizo algunas manifestaciones que a éste le llevaron luego a observar que, después de eso, sólo podía ser un tipo de lo más miserable, capaz de cualquier cosa. Ya oiré más detalles. En todo caso, éste no vuelve por aquí.

Tuyo, F. E.

De Borkheim tendrás probablemente noticias pronto; si no, las tendrás mías en lo tocante al nervio de las cosas.