Londres, 25 de septiembre de 1868. Querido Fred,

A toda costa, haz la cosa por Liebknecht tan rápido como sea factible. De lo contrario, el tipo lo hará él mismo y, puedes estar seguro, mal.

Me parecería bueno que llamases también la atención sobre lo que, en ese inmundo panfleto de Bernhard Becker (que nos insultó tan repugnantemente cuando aún era «Presidente de la Humanidad»), está robado de tu folleto y, tras amarga experiencia, refrendado.

Puedes tener el panfleto enseguida si escribes inmediatamente a Strohn, que se lo llevó a Bradford.

El momento de patear, a modo de comienzo, este «lassalleanismo» ha llegado. Y de ningún modo hay que dejar que se silencie el inmundo panfleto de B. Becker.

El «Llamamiento» del que habla el fogoso Wilhelmito es lo siguiente: yo (es decir, en nombre de la Asociación Internacional, como su secretario para Alemania) tengo que dirigir naturalmente algunas líneas generales a los obreros alemanes, ya que su relación con nosotros ha cambiado a consecuencia de los diversos acuerdos de sus congresos.

Pero no se precisa ninguna prisa precipitada. En todas estas cosas, «vísteme despacio, que tengo prisa», y nuestro Wilhelmito, como se sabe, no ha tenido ninguna «prisa» con el asunto durante seis o siete años.

Quant à Schweitzer, yo tenía una especie de presentimiento de que se avecinaba en alguna parte un punto de inflexión. Aunque, por ello, mi carta de respuesta llevaba ya varios días lista —(en la que le aleccionaba con reserva de dómine, particularmente sobre la diferencia entre las condiciones de un movimiento de secta y de un verdadero movimiento de clase)—, he contenido el escrito. Y no le responderé ahora hasta que el resultado de este nuevo intento de su Congreso de formación de las trade unions en Berlín esté sobre la mesa.

En todo caso, Schweitzer ha hecho conmigo la experiencia de que el tiempo que tardo en contestar sus cartas está siempre en razón inversa de su «calor afectivo».

Wilhelm no tiene ningún ejemplar, sólo le queda una copia del 18 Brumario. ¿Qué tal fueron las conferencias de Vogt en la Schilleranstalt?

Blanqui estuvo presente continuamente durante el Congreso de Bruselas.

En un Libro Azul sobre la crisis de 1857, Cardwell, presidente del comité de investigación, el más repugnante vejestorio chismoso de la camarilla de viejas peelitas, pregunta a Dixon (director gerente de un banco quebrado en Liverpool) si los accionistas del banco estaban compuestos en gran parte de mujeres, curas y otras personas sin comprensión del negocio bancario. «En absoluto —respondió Dixon—, eran en su mayoría mercantile men; pero —añade con gran conocimiento de causa—: “The majority of them are people in business; mercantile men; but how far mercantile men can be considered competent to form an opinion on any other business than their own, is rather a question.” ¿No es bonito?

¡A propósito! Moore debe enviarme de su biblioteca de préstamo el Foster «On Exchange», ya que no está aquí en la biblioteca. Lo devolveré enseguida.