¡Querido Mohr!

¡Así que de ahí viene la carta rastrera de Schweitzer! El tipo sabía manifiestamente lo que le esperaba cuando te escribió. Por un lado, tal vez no le desagrade del todo poder colgar los hábitos de la estricta observancia lassalleana, pero en lo principal la pérdida de la organización “férrea” y del juego del dictador le resulta seguramente fatal. Con la fanfarronada de la secta de Lassalle, como si ella fuera “el partido” en Alemania, se ha acabado naturalmente, y la secta se irá poco a poco adormeciendo; en la región de Berg, la verdadera patria de la secta, será donde más tiempo siga dando coletazos. Por lo demás, como Wilhelm presiente con razón, esto afectará también a sus asociaciones. Tanto mejor. El tic pequeñoburgués, popular-partidista y federalista de estos tipos no vale ni un céntimo. Y es bueno que el gobierno, cuando vea que los obreros no se dejan utilizar por ella contra la burguesía, azuce bien a los obreros. Alguna forma acabará por encontrarse. Pero ¡qué camarada es este Wilhelm! No han pasado aún 4 meses, y ya entra con Schweitzer en una “especie de alianza”, y hoy están otra vez agarrados de los pelos, y le resulta demasiado escurridizo. Eso ya lo sabía antes – ¡pero esos famosos muchachotes que él le había “asignado para vigilarle”! ¡Y qué proclama es esa que tú debes lanzar a toda costa! ¡Y dentro de ella las hermosas frases sobre “personas” que Wilhelm debe interpretar contra Baptist y Baptist contra Wilhelm! A quien una vez se le ha metido dentro el demócrata suralemán, jamás volverá a librarse de él. Cualquiera diría que W. escribía a Struve. Schlöffel (el viejo) ha reaparecido en Silesia. Adjunto algunas curiosidades del Zukunft a los Social-Demokrat que devuelvo. ¡Ah, si tan sólo hubieras ido a Núremberg! Allí habrías sido compensado y podrías luego empezar de nuevo desde el principio con los sufrimientos. El tipo ese sigue sin poder distinguirte de Struve, te lo digo yo. Wilhelm podría ahora, a propósito de la disolución de la Allgemeinen Deutschen Arbeiterverein, imprimir los pasajes pertinentes de mi folleto en los que todo esto se les predecía a los señores lassalleanos. ¿Qué piensas de ello? Podría aderezarle el asunto, ya que aún tengo aquí un par de ejemplares.

Tuyo,
F. E.