Mánchester, 18 de sept. de 1868

Querido Mohr:

Creo que no conseguiréis hacer efectiva la pretendida exclusión de Eccarius del congreso, y además será imprescindible como delegado. Por lo demás, es muy bueno que no se salga con la suya tan fácilmente y que se encuentren varios que le laven la cabeza, como dice Laf argue. En lo que atañe al anuncio de tu libro (la annonce), es absurdo pretender que no puedas redactarlo tú mismo. Tú mismo quisiste hacerlo, cuando te envié uno que no fue de tu agrado. Así que, por favor, vuelve sobre este asunto y envíame el anuncio que me prometiste entonces. Yo me encargaré de hacérselo llegar a Meißner. Pero tenemos que apoyar un poco a ese hombre para que su buena voluntad no decaiga. En lo tocante al dinero, escribiré con gusto a Borkheim, en cuanto me avises de que ha regresado. Mas a propósito de este asunto, tienes que comunicarme qué ocurrió entonces con el préstamo. ¿Por cuánto tienes asegurada tu vida, con qué prima, y sigue en vigor la póliza? Siempre cabría la posibilidad de obtener un nuevo préstamo de esta misma sociedad, o bien un anticipo sobre la propia póliza. Pero ¿cómo voy a reunir dinero para ti si me dejas completamente a oscuras en todas estas cosas? Si logro ponerme de acuerdo con G. Ermen, quien difícilmente regresará antes de finales de octubre, podré disponer de nuevo en el acto de algún dinero, pero todo depende de ello. Si no llego a un acuerdo con él, mi propia posición se volverá muy incierta. Esto, empero, puede prolongarse hasta finales de año antes de decidirse, y hasta entonces van aún tres meses y medio. El hermoso Wilhelm está que no cabe en sí desde que su Bismarck lo ha abandonado. El empuje hacia la guerra se hace cada vez más evidente. Pese a todo, creo que para este año ya es demasiado tarde. Las compras de caballos y la movilización propiamente dicha requieren en Francia siempre más tiempo que en Prusia, y, a pesar de todos los preparativos y fanfarronadas, no creo que los franceses logren hacerlo en menos de seis semanas. La imposibilidad de arreglárselas con los caballos del país obliga a señalar el inicio de la verdadera movilización, es decir, la decisión firme de desencadenar el ataque, mediante grandes compras de caballos en el extranjero, que de inmediato se hacen públicas. Ni mucho menos se dispone aún, ni ahora, del número total de caballos necesarios para la guerra. Así, pues, Louis tiene que dar un preaviso de cinco a seis semanas, y eso nos lleva hasta finales de octubre, y una campaña de invierno, sobre todo con las enormes masas de ahora, sólo se emprende en caso de extrema necesidad. De no mediar, pues, motivos muy especiales, estamos bastante seguros hasta marzo-abril, y hasta entonces pueden pasar muchas cosas. Además, Louis ni de lejos tiene aún toda la gente que necesita. Difícilmente podrá llevar su ejército de línea a más de 650 000 hombres (la gendarmería, la guardia municipal y un montón de otras tropas de policía figuran en los efectivos del ejército), y la guardia móvil, en gran parte, no existe todavía ni siquiera sobre el papel. Para que un sistema militar transformado esté plenamente operativo se necesitan al menos seis o siete años, y el suyo apenas tiene uno. No creo que Louis desee ya ahora una guerra, si puede evitarla, pues cada mes de aplazamiento aporta a sus fuerzas un refuerzo mayor que a las prusianas. ¿Laura ya se ha restablecido del todo? Muchos saludos, tu F. E.