Londres, 16 de septiembre de 1868.

Querido Engels,

Gracias por las 10 libras. Al final de la carta hablaré más detalladamente del asunto del dinero. Primero sobre lo «general». La política de enviar el informe únicamente al *Times* ha dado buen resultado. Ha obligado a todos los periódicos londinenses, con excepción del profundamente indignado Levy, a pronunciarse. El *Times* no había aceptado los informes de Eccarius desde Núremberg. No picó hasta que recibió mi informe. El *Morning Advertiser* de ayer (para disgusto de Blind) trae un artículo de fondo a favor de la Internacional y contra el *Times*. El *Star* declara que el Congreso ha sido un «success». El *Standard*, que al principio nos atacó, se desliza sigilosamente en un editorial de ayer ante la *working class*. Propina golpes a los capitalistas, y ahora él mismo hará muecas ante la cuestión de la tierra. El *Journal des Débats* lamenta que los ingleses y alemanes y belgas, como lo muestra la resolución sobre la tierra, pertenezcan a la «secte communiste», y que los franceses, por otra parte, reproduzcan siempre «les déclamations ridicules de Proudhon».

Con Eccarius se está muy descontento y el próximo martes estallará una tormenta que le hará bien. Los cargos son estos: No tomó casi parte alguna en el Congreso y, después, se presenta en el *Times* como la mente directriz. Se apropió allí mismo las propuestas del Consejo General como propiedad privada y, asimismo, los aplausos que se les tributaron como si le correspondieran a él. Ha suprimido cuanto ha podido los discursos de los demás y, para adular al *Times*, ha falsificado el discurso de clausura de Dupont. Lessner tiene además la queja de que, cuando él (Lessner) leyó en voz alta pasajes de mi libro, Eccarius lo suprimió en el *Times* y, asimismo, solo incorporó la resolución sobre el libro bajo fuerte presión en su correspondencia; y, por último, ha falsificado la resolución alemana sobre la guerra. Dice que una guerra europea sería una guerra civil, en lugar de lo que dice la resolución alemana, a saber: que «una guerra entre Francia y Alemania sería una guerra civil en provecho de Rusia». Esto último lo omite por completo. En cambio, les atribuye a los alemanes e ingleses las tonterías belgas de *to strike against war*. Por otro lado, ha tenido mérito mediante sus informes. En resumidas cuentas, se le va a declarar que en el futuro figure únicamente como reportero, pagándole el Consejo los gastos de viaje y el *Times* sus artículos. Pero no será nunca más nombrado delegado. Así estará a salvo del conflicto de fracciones.

Lessner dice que si tanto logramos, aunque estuvimos tan poco representados en el Congreso, que fue casi enteramente belga (con un suplemento de franceses), se debe a que en todos los puntos decisivos los obreros belgas, a despecho de sus *leaders* de Bruselas, votaron con Londres. Dicen que Moses pronunció el mejor discurso contra los proudhonianos. Tolain estaba tan furioso que no se presentó en el banquete. No solo se ha vuelto a nombrar aquí al Consejo Central, sino que se ha aceptado la lista de miembros depurada por nosotros. Vésinier tiene que enviar en el plazo de 4 semanas las pruebas de su imputación contra Tolain a una comisión en Bruselas. Si no valen nada (y no valen nada), el Congreso ya lo ha excluido condicionalmente de la Sociedad como calumniador.

El delegado de la *French Branch* presentó un escrito de acusación contra el Consejo General, en el que figuraba, entre otras cosas, la modesta exigencia de que el miembro francés del Consejo General fuese designado por la *French Branch*. Se pasó al orden del día sin más (exactamente como procedimos en el Consejo General con las quejas de esos tipos). Liebknecht ha cometido en Núremberg una estupidez completamente inútil (e incluso contraria a los estatutos) al endosar a la gente la confusa mescolanza de Becker como programa de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Sonnemann observó con razón que eso era un *quid pro quo*. ¡Pero el señor Wilhelm quería berza democrática para el «Volkspartei»!

Meissner me escribió unas líneas hace algunas semanas. No podrá hacer cuentas hasta dentro de unas semanas. Le parece que hasta ahora no ha salido nada de ganancia. Le envío hoy el *Times*, a Liebknecht y *Reform*, *Zukunft*. El anuncio lo tienes que hacer tú. No puedo anunciar mi propio libro. También sería muy bueno que tú mismo escribieras un pequeño folleto de divulgación popular. ¡Es de esperar que ahora empiece a marchar la cosa!

En cuanto al asunto del dinero, ciertamente no puedo seguir así. Hace imposible todo trabajo. Lo mejor me parece que escribas a Borkheim y le digas si no habría manera de conseguir dinero para mí, pues, después de pagar a la *Loan Society* y otras deudas acumuladas, me veo ahora en un gran aprieto a causa de gastos extraordinarios, entre otros para el ajuar de Laura, que pronto se va a París. (¡Y esto es ciertamente una circunstancia agravante!) He estudiado lo bastante al señor B. para saber que él debe creer que yo tengo, *within certain limits*, un ingreso fijo, pero que me encuentro en dificultades especiales debido a que aún no han entrado los ingresos del libro, etc. Debe creer que le escribes a mis espaldas. Naturalmente, tienes que darle tu garantía o, mejor dicho, prometérsela.

Es muy bueno que Vogt esté precisamente en Inglaterra mientras la Internacional causa tanto revuelo. Él sabe dónde Bartel consigue el mosto.

Salut D. K. M.