Londres, 12 de sept. de 1868. Querido Fred:

Afortunadamente, el Congreso concluye hoy y, hasta el jueves —a eso llegan las noticias—, no ha hecho más que comprometerse de manera bastante aceptable. Pero hay que estar siempre temiendo una vergüenza, pues los belgas constituyen la enorme mayoría. El señor Tolain y otros parisinos quieren que se traslade el Consejo General a Bruselas. Están muy celosos de Londres. Es un gran progreso que los «braves Belges» proudhonianos y los franceses, que en Ginebra (1866) y Lausana (1867) declamaban dogmáticamente contra las trade unions, etc., sean ahora los más fanáticos partidarios de ellas. Los «braves Belges», con toda su fanfarronería, no habían previsto nada. El corresponsal del Daily News, por ejemplo, buscó en vano durante 3 días el posible local de sesiones, hasta que se topó casualmente con Jung y Stepney. En realidad, los locales no se habían alquilado de antemano, y los «braves Belges» querían cargar los costos al Consejo General de Londres, al que ellos y los franceses deben cerca de 3000 francos. (Para sus 250 asistentes, etc.) Ahora se están reuniendo mediante colecta privada entre los delegados.

Estoy en un gran apuro. Laura ha enfermado desde que estuviste aquí, y mi mujer se ha visto obligada a prestarle 10 libras, ya que nosotros estábamos completamente sin blanca, para sufragar tan solo los gastos extraordinarios. No oigo absolutamente nada de Holanda, y por tanto debo considerar el silencio como intencionado. En verdad, no sé qué hacer. A propósito. Fue una suerte que hayamos cambiado la palabra convictos por la de víctimas. Al regreso de Shaw —que ha sido enviado a expensas de Moore—, este último recibirá su recibo.

Salud.
Tuyo, K. M.