29 de julio de 1868.

Querido Fred:

Espero que lo de tu ojo no sea nada grave. A uno le revientan venillas de vez en cuando sin ulteriores consecuencias. ¿Has consultado por ello a Gumpert?

Lamentablemente, la casa no llega por mar hasta la semana que viene. Y la culpa de ello la tiene la familia Lafargue, que quería venir con nosotros y alquilar juntos un alojamiento, etc. A causa de las relaciones de Lafargue con su hospital (donde opera como cirujano interno desde hace semanas), el asunto se ha ido demorando día a día, a pesar de mis maldiciones, improperios e interjecciones, hasta comienzos de la semana próxima, en que también mi mujer partirá con el resto, naturalmente haciendo valer la circunstancia, por parte de Laura, de que pronto se separará del todo de la familia, etc.

Tussy (sumamente encantada con tu carta; creo que se sabe de memoria tus 6 cartas a las chicas) está otra vez muy lozana. No así Jennychen, que también se hace toda suerte de preocupaciones, etc. Si me hubiera decidido y supiese en qué parte del continente podría ahora dirigirme con seguridad en busca de un préstamo (sobre todo teniendo yo tu garantía en caso de necesidad), me pasaría allí y me llevaría a Jennychen. Pero quizás ésta es la mejor época del año para no encontrar a nadie en casa.

Aquí ha ocurrido toda clase de escándalos relacionados con Pyat, la Sección Francesa y el Consejo General. De eso, mañana. Ahora sólo lo siguiente.

Schweitzer, en su segundo programa para el Congreso de la Unión General de Obreros Alemanes en Hamburgo, incluye un punto sobre la Asociación Internacional de los Trabajadores y otro sobre mi libro. El programa apareció, entre otros sitios, también en «Zukunft». Por otra parte, A. Bebel, en su calidad de presidente de la asociación obrera que se reúne en Núremberg, ha enviado una invitación al Consejo General. Deberíamos enviar diputados (Eccarius irá). La adhesión a la Internacional Obrera y la aceptación de nuestro programa estarían ya aseguradas. Por último, hemos recibido una invitación de Viena, donde se celebrará la fiesta general de confraternidad obrera austríaca, también a principios de septiembre. Le hemos enviado a Fox, que está en Viena, plenos poderes para representarnos allí.

—Acerca de las negociaciones privadas entre Wilhelmchen y Schweitzer no sé más que lo que el primero me escribe. En cambio, sé por otras fuentes que, en la misma medida en que Wilhelmchen se desacreditaba entre los obreros por su alianza excesivamente afectuosa con la pequeña intriga sudalemana, crecía la influencia de Schweitzer, que es un perro astuto. Por ello, W. se vio probablemente obligado a concertar una especie de cártel con S., quien actualmente está preso y quien, por lo demás, fue tan hábil que se hizo despojar de su título nobiliario por un tribunal prusiano «por lesa majestad». En lo que a mí respecta —quiero decir, como miembro del Consejo General—, debo mantenerme imparcial entre los distintos grupos obreros organizados. Asunto suyo es, y no mío, a quién eligen como dirigentes. Como secretario para Alemania, debo responder a todos los que se dirijan a mí en su calidad oficial de presidentes, etc., de agrupaciones obreras. En ese sentido le he escrito también a S. (siempre con la vista puesta en una posible publicación de toda la correspondencia). Pero, frente a las intrigas de la vieja democracia del 48 aquí, era ya más que hora de poder exhibir influencia entre los obreros alemanes en Alemania.

Que tú, pobre diablo, con tu ojo dolorido, tengas ahora que regar encima para la «Gartenlaube», es realmente —y para colmo con este tiempo— escandaloso.

Mis acotaciones se limitan a la pág. 2), donde he antepuesto 1 x). El hecho era el siguiente: el gobierno nos envió, en lugar del censor municipal, a un sujeto extraordinario de Berlín (el señor von St. Paul, etc.). Como tampoco esto sirvió, a su censura se sumó en segunda instancia la del presidente del gobierno de Colonia. Por último, exasperado, el gabinete de Berlín emitió una especie de manifiesto contra nosotros, en el que enumeraba al mundo todos nuestros delitos, terminando con el anuncio de que probablemente nos cerrarían el boliche a finales del trimestre. Yo dimití, porque por parte de los accionistas se intentó todavía —aunque en vano, como se vio más tarde— una mediación con el gobierno prusiano.

Pág. 23) (2x) Quizá convenga añadir para los filisteos de aquí que el gobierno provisional me había invitado por escrito a regresar a Fráncfort. Ídem pág. 3 (x3) Conviene añadir para los filisteos democráticos que los prusianos me expulsaron *par ordre du Muphti*, después de haber intentado en vano la vía judicial. Finalmente, ¿no sería mejor, en lugar del título: «Un economista nacional alemán», poner: «Un socialista alemán»? Ambos son «repugnantes», pero el primero lo es aún más.

Mañana algo más sobre lo de aquí.

Salut de Mohr.