Mánchester, 29 de julio de 1868. Querido Mohr: Adjunto, Liebknecht de vuelta. ¡Vaya historia tan coja esa con Schweitzer! ¡Debe reconocer 1) a ti, 2) a la Asociación Internacional de los Trabajadores! Me parece que el bueno de Wilhelm no ha sabido combatir otra vez su propensión a las tonterías. Por lo demás, ves que Sch. ciertamente ha alardeado con tus cartas. En cuanto a las promesas de L. sobre Núremberg y los trabajadores suizos, digo: esperaré a ver resultados antes de emitir opinión. Adjunto, ahora, una carta de Kugelmann. El asunto con Keil es muy famoso, siempre y cuando Kertbeny no esté fantaseando un poco. En cualquier caso, me he sentado y, con la mayor prisa, he emborronado el escrito adjunto en la forma más Beta posible, como corresponde para ese inmundo periodicucho, y te pido urgentemente tus glosas al respecto para que podamos despachar el asunto sin más y batir el hierro mientras está caliente. No debemos despreciar este pedazo de patraña, como tampoco las artimañas por mediación de Siebel. ¡Y cómo se van a enfadar los Kinkel, los Freiligrath y los Blind, etc.; pero el filisteo, como sabes, cree en su Gartenlaube, y a Meißner le impresionará mucho. A tu mujer también le hará mucha gracia – creo que, por ahora, lo mejor es que se lo mantengas en secreto, por una eventual decepción, y la sorprendas con la hoja terminada. Es bueno que, a causa del retraso del artículo por la ausencia de Beesly, tenga algo de tiempo. Tiempo para el segundo. Mi ojo se resiente aún con facilidad al trabajar de noche y me duele todo el día siguiente. Muchos saludos a tu mujer, a las muchachas y a Lafargue, junto con su esposa. A toda prisa. Tu F. E.