28 de junio de 1868

Querido Mohr:

Ayer, con tu carta, nos quitaste a todos una pesada piedra del corazón. Anteayer, e incluso ayer mismo, reinaba aquí en casa un ambiente de lo más abatido; hoy vuelven a estar más alegres que unas castañuelas, y yo también me siento del todo distinto. El artículo está listo. Tienes razón: Sam es el hombre indicado para firmarlo. Se lo diré hoy y le entregaré al mismo tiempo el artículo para que lo revise y anote los posibles germanismos.

Hazme saber en seguida si puedo retenerlo todavía unos días, digamos hasta el miércoles por la tarde; en caso contrario, puedo enviarlo el lunes. El segundo y último artículo (el primero llega hasta el final de la plusvalía absoluta) podrá estar acabado asimismo para finales de este mes, ya que difícilmente saldré de aquí antes, de modo que ambos artículos se sucederán de inmediato. En primer lugar enviaré a la Zukunft el artículo sobre la nomenclatura militar prusiana.

¡Salud, oh condestable de Saint Pancrace! Consíguete de una vez una armadura digna: una bata roja, gorro de dormir blanco, pantuflas con el talón aplastado, calzoncillos blancos, larga pipa de arcilla y una jarra de cerveza negra. Lafargue, como tu escudero, bien puede inventarse su propio uniforme. Ya ves: el filisteo de Pancrace insiste en que has de sacrificarte por lo común y corriente. ¿Y a ese apego de años, conmovedor, que no se deja espantar por nada, has de oponerle tú sin cesar la fría negación del «kiss my —»? Pero «así son los comunistas».

Saluda de mi parte muy cordialmente a Jennychen y dile que, ya que por una vez le ha dado la fiebre, me habría gustado oírla desvariar una vez; seguro que en ello había más sentido y poesía de los que jamás desarrollará el gordo Freiligrath. Lo mismo, mis mejores saludos a tu mujer y a los dos Lafargue.

Tuyo,
F. E.