Manchester, 22 de mayo del 68.

Querido Mohr:

Schorlemmer me había hablado de un carbunclo, ¡pero dos a un tiempo, y encima en el sitio en cuestión, donde ciertamente todo existe por pares, c’est vraiment trop! Espero que hayan pasado y que el arsénico siga manteniéndolos a raya.

El dinero para la letra te lo envío. ¿Has tenido noticias de Meißner? En caso contrario, ya sería hora de preguntar cómo ha ido la venta, de la que ha de rendirte cuentas, como socio del negocio, después de la feria de Pascua. Entonces podrías volver también sobre el anuncio solicitado por M.; el hombre sigue esperando aún una respuesta mía.

El artículo para el Fortnightly se hará pasar, pues, por escrito por un inglés; así te entiendo. Por cierto, no logro avanzar aún con el comienzo. Es condenadamente difícil hacerle clara la dialéctica al inglés lector de revistas, y con las ecuaciones M. D. M., etc., no puedo, desde luego, acercarme al populacho. ¿Tienes ahora los datos que te hacen falta en mi última carta? Si no es así, formula tus preguntas y ya veré lo que se puede hacer.

Schorlemmer dice que has hablado de venir pronto, lo cual sería muy de desear. El cambio de aires te aprovechará más que todo lo demás. Esta semana y comienzos de la que viene anda nuestra casa en plena revolución por mor del cleaning & whitewashing, pero si puedes venir a finales de la semana próxima sería estupendo; ya sabes que en la semana de Pentecostés siempre tengo tiempo extra de sobra. No olvides que prometiste traer a Tussy contigo.

Eichhoff ha concluido por fin sus lecciones sobre las crisis. Como era de esperar, la crisis hipotecaria en Berlín fue el núcleo y el cierre de todo el asunto. Al pobre diablo, sin embargo, parece que incluso acabó por aburrir al reportero de la Zukunft, hasta el punto de que éste ha informado sobre ello muy brevemente y de modo ininteligible.

Liebknecht ha vuelto a hacer una gran estupidez esta vez. Para empezar, se ha identificado por completo con los federalistas del sur de Alemania, los ultramontanos, etc., firmando la protesta de éstos, y vota siempre con ellos; y para colmo, en su perorata ha perdido ya de antemano toda la fecundidad, hasta el punto de que el impertinente Lasker ha podido decirle —y con razón— que había vuelto a soltar la misma perorata que ha solido plantar durante semanas en todas las asambleas populares. El astuto Schweitzer, que se limita a la pura representación obrera, lo ha eclipsado por completo. También el periodicucho, como habrás visto, logra lo imposible: volverse aún más estúpido.

Borkheim ha vuelto al país.

Tuyo,
F. E.