16 de mayo de 1868. Querido Fred: Mi silencio de una semana te lo habrá explicado quizá ya Schorlemmer. Dos ántrax en el escroto habrían bastado tal vez para poner de mal humor incluso a un Sila. Hasta qué punto aquel hombre, pese a su temperamento más que palmerstoniano, se vio afectado por su mítica, pero en cualquier caso miserable enfermedad, se desprende ya del hecho de que todavía diez días antes de su muerte mandara apresar al decurión de una ciudad vecina y, un día antes de reventar, lo hiciera estrangular en su propia casa. Además, me abruman toda clase de preocupaciones. Por ejemplo, el día 28 de este mes vence una letra de 15 libras con el carnicero, etc. A mis cartas incendiarias a Holanda, ninguna respuesta. Por último, me había halagado la ilusión de tener por estas fechas una segunda edición y, por tanto, de cobrar por la primera. Pero había hecho la cuenta sin la huéspeda —no me refiero al Volkswirth, sino a los alemanes en general—. ¡Pobre Siebel! Hasta cierto punto se ha buscado él mismo su muerte prematura. Pero, con todo, era un buen muchacho. Tenemos mala suerte: ¡Daniels, Wolff, Schramm, Weydemeyer, Siebel, Weerth! Y no hablemos de los vivos muertos. En cuanto a la Fortnightly Review, hace tiempo que le había dado vueltas al asunto y lo había dejado zanjado con Lafargue (el auténtico negociador con Beesley): tú actuarás bajo un nom de guerre cualquiera, que deberás comunicarnos. El propio Beesley no sabrá quién es el hombre. Y a él le es del todo indiferente. Aparte de otras cosas, el efecto en Alemania quedaría muy debilitado si la cosa apareciese bajo tu nombre.

En tu última carta te equivocaste en un punto. Las notas utilizadas en la página 186 las escribiste tú mismo una noche, tarde, en mi cuaderno de notas, que aún existe. Las notas del ruso Ermen, en cambio, se referían principalmente a lo técnico. Por lo demás, para mí lo principal era saber, en detalle, a cuánto asciende el capital circulante adelantado, es decir, el adelantado en materias primas, etc., y en salario, a diferencia del capital circulante rotado. Tengo bastantes informes, entregados en parte por fabricantes, ya a los commissioners, ya a economistas privados. Pero en todas partes solo aparece la cuenta anual. Lo endemoniado es que lo prácticamente interesante y lo teóricamente necesario divergen en la Economía Política a tal punto que ni siquiera se encuentra, como en otras ciencias, el material necesario.

He recibido de Eichhoff recortes de periódicos de Berlín y, a cambio, le he enviado los de aquí. También hemos intercambiado dos cartas. Ahora bien, de lo que adjunto se desprende lo que Borkheim ya había medio olfateado en su última estancia en Berlín: que Eichhoff se ha prestado a hacer concesiones respecto a Stieber. Probablemente por pura estupidez. Por eso se ha arrojado a la Economía Política como terreno neutral. Por lo demás, parece que se siente incómodo y le ha dicho a B. que, después de pasar convenientemente por la criba la Economía, en unos seis meses cambiará Berlín por Viena.

En la Essener Zeitung, una ampulosa denuncia de la Asociación Internacional de los Trabajadores. ¿Has leído el belicoso discurso de Failly al asumir el mando de Châlons? He vuelto a hurgar en las finanzas del Imperio. Y lo único que me parece claro es que Badinguet tiene que hacer la guerra. Salud. Tuyo, K. M.