Querido Mohr:
Por lo que respecta a Horn, «sigo a la espera», como reza el estilo mercantil. Es seguro que, teóricamente, no puede presentarse nada interesante ni nada nuevo acerca del agiotaje. Todo se resuelve en estafa bajo falsos pretextos, y en ello nada puede cambiar salvo la manera. El material secreto de la historia del Crédit Mobilier puede, por lo demás, y probablemente saldrá a la luz por sí mismo con la caída del Imperio, aun cuando la cosa transcurra sin intervención de los tribunales.

La gloriosa victoria de Ginebra la había visto ya el sábado por la mañana en los periódicos. El asunto es tanto más hermoso cuanto que los estúpidos filisteos habían convertido a la Asociación Internacional en la palanca y portadora propiamente dicha de la historia, y ahora toda la gloria recae sobre ella. Habrás visto que los mediadores en el asunto fueron el señor prefecto de policía Camperio y el noble y serio Amand Gögg. Le habrá infundido al señor Amand un nuevo respeto por nuestro poder. Por lo demás, me tiene que inquietar cuánto tiempo se dejará todavía sin molestar a la Asociación Internacional en Alemania — después de esta historia.

A propósito, los asuntos de los trabajadores van de fábula. Primero Bélgica, luego Ginebra, ahora Bolonia — sólo me sorprende que aún no se le haya echado la culpa a la Internacional de esto —, ya no cesa en ninguna parte.

Habrás recibido lo de Schweitzer. Mañana te envío — lo he olvidado en el despacho — 1) una nueva hojita de Wilhelm — 2) la ulterior jeremiada de Eichhoff — 3) un fragmento de la declaración de la redacción en el Zukunft acerca del curioso artículo ad vocem Vogt, por la cual verás qué clase de miserables son ésos.

Extractar tu libro me da, con mi tiempo limitado, más trabajo del que creía, car enfin, cuando uno hace este trabajo una vez, debe hacerlo también como es debido y no sólo para este fin especial. La semana próxima creo que tendré más tiempo, hay una pausa en el comercio, y si por la tarde puedo librarme a las 4 o 5, eso le da a toda la velada un carácter de trabajo distinto.

Adjunto, devuelvo lo de Kugelmann. Su pólipo uterino, extirpado mediante escisión y esponja de presión, me ha interesado mucho; tendrá que contármelo más detalladamente de viva voz a su debido tiempo. Pero el intento de hacer de Virchow un comunista por medio de estos pólipos se parece mucho a un embarazo extrauterino. Aun cuando V. tuviera conocimientos e interés teórico en política, o más bien en economía, este buen burgués está, sin embargo, demasiado profundamente comprometido.

Por lo demás, vendrás primero aquí antes de partir para el continente, cela est entendu, y traerás a Tussy como prometiste. ¿El brazo se te ha vuelto a calmar ahora? El que Kugelmann recomiende el arsénico te habrá quitado también a ti probablemente toda posible aprensión. Schorlemmer lo tomó en su momento en dosis muy fuertes y jamás experimentó el menor efecto perjudicial.

Cordiales saludos a las damas.
Tu F. E.