Manchester, 10 de abril de 68

Querido Mohr:

Adjunto cartas de Wilhelmchen y Siebel; te ruego que me devuelvas la primera. Al pobre S. parece irle de veras mal. Le veré en unos 10 días. Va también el borrador de un anuncio para Meißner; ¿qué te parece? No corría prisa hasta ahora, ya que, a causa de la feria de Pascua, de todos modos no podía anunciar.

Ayer te envié las hojitas de Wilhelmchen, de la 4 a la 14. El asunto es espantosamente estúpido. Un tipo que ha pasado tanto tiempo en Inglaterra y que tiene tu libro y el mío debería ciertamente saber sacar del material que le han suministrado los obreros otra cosa que limitarse a registrarlo, sencillamente, en toda su extensión. Resultan cómicos algunos pasajes antifederalistas, calculados de cara a nosotros, en relación con el carácter enteramente federalista-struveano del periódico.

A mi regreso me encontré aquí con tal montón de trabajo que hasta ayer no pude ver a Gumpert. Adjunto la receta: debes tomarlo sólo dos veces al día los primeros 4 ó 5 días; después, tres veces, siempre de hora y media a dos horas después de una comida; mientras tanto, vivir bien y hacer mucho ejercicio. Gumpert se ríe de tu afirmación de que el arsénico te vuelve tonto. Lo de la votación sobre la libertad de palabra parlamentaria se explica porque Bismarck había dicho antes que, por mor de la paz, cedería en este punto en lo tocante a Prusia. ¡Así que ni siquiera, como pensábamos, una prueba del coraje de los filisteos!

Lo que dice Wilhelm acerca del tratado americano es, por supuesto, un desatino de principio a fin. Por desgracia, tengo que redactar una esquela mortuoria para Tussy. El pobre erizo se había roído un agujero redondo en su manta, había metido la cabeza en él y se había enredado de tal manera que ayer por la mañana se lo encontró estrangulado. Paz a sus cenizas y better luck to the next one.

Durante los tres días de mi ausencia, esos tíos de Liverpool han hecho subir el algodón, a fuerza de chanchullos, nada menos que 3 peniques —de 10 a 13 peniques—. De ahí el mucho trabajo. Afortunadamente, se interponen los días festivos, que aprovecharé para rematar los extractos para el artículo sobre Beesley. Me pongo a ello ahora mismo y termino por hoy.

Recuerdos a tu mujer y a las muchachas.

Tuyo,
F. E.

La boda se ha celebrado aquí con gran solemnidad: los perros llevaban collares verdes, se ofreció un té para 6 niños, la palangana de cristal de Lafargue sirvió de ponchera y el pobre erizo fue emborrachado por última vez.