14 de marzo de 1868. Querido Fred: Desde principios de semana he tenido carbuncos en el lado derecho del lomo (aún no del todo extinguidos). A pesar de ello –y de ahí la difícil andadura que sigue– visité el Museo, ya que este constante encierro y estar tumbado en casa (el asunto dura ya, con algunos intervalos, naturalmente, más de 4 meses) me volverían loco. Con todo, estoy convencido de que las florescencias actuales no son más que las últimas secuelas.

En el Museo –dicho sea de paso–, entre otras cosas, he ojeado las obras más recientes del viejo Maurer (el antiguo consejero de Estado bávaro, que ya desempeñó un papel como uno de los regentes de Grecia y fue de los primeros en denunciar a los rusos, mucho antes que Urquhart) sobre la Constitución alemana de la Marca, de la aldea, etc. Muestra con detalle que la propiedad privada del suelo no surgió hasta más tarde, etc. La necia opinión junker de Westfalia (Möser, etc.) de que los alemanes se asentaron cada uno por su cuenta y sólo después formaron aldeas, comarcas, etc., queda completamente refutada. Es interesante, justo ahora, que la manera rusa de redistribuir la tierra en plazos determinados (en Alemania primero anualmente) se mantuviera en algunas partes de Alemania hasta los siglos XVIII e incluso XIX. La opinión que yo he formulado, de que en todas partes las formas de propiedad asiáticas, o sea indias, constituyen el principio en Europa, recibe aquí [aunque M. nada sepa de ello] una nueva prueba. Pero para los rusos desaparece también el último rastro de toda pretensión de originalidad, incluso en este terreno. Lo que les queda es seguir hoy todavía atascados en formas que sus vecinos hace ya mucho que se han quitado de encima.

Los libros del viejo Maurer (de 1854 y 1856, etc.) están escritos con auténtica erudición alemana, pero a la vez en ese estilo más secreto y legible que distingue a los alemanes del sur (Maurer es de Heidelberg, pero esto vale aún más para bávaros y tiroleses como Fallmerayer, Fraas, etc.) sobre los del norte. También al viejo Grimm (*Antigüedades del derecho*, etc.) se le da aquí y allá un buen repaso, aunque no de palabra, sino de hecho. He mirado además los trabajos de Fraas, etc., sobre agricultura.

Dicho sea de paso, tienes que devolverme el Dühring, y así de paso las pruebas de imprenta de mi libro. Habrás visto por D. cuál es el gran descubrimiento de Carey, a saber, que en la agricultura la humanidad pasa siempre de suelos cada vez peores a otros cada vez mejores. En parte, porque el cultivo desciende de las colinas libres de agua, etc., hacia las húmedas profundidades. Pero, sobre todo, porque el señor C. entiende por suelo más fértil los pantanos y cosas por el estilo, que primero tienen que ser transformados en tierra. Finalmente, porque la colonización inglesa en América empezó por la cochina Nueva Inglaterra, que, en particular Massachusetts, es el país modelo de Carey.

Gracias por tus esfuerzos con el maldito libro. La carta de Eynern no la encuentro, pero basta con escribir a Meißner que tú me la has enviado. He recibido de Viena, con pocas modificaciones, la misma carta. Adjunto te envío los recortes sobre Lassalle que me ha mandado Fox. Además del archipillo B. Becker, en Viena Reusche; este haragán está allí a sueldo del dinero de Hatzfeld (como escribe nuestro J. Ph. Becker a Borkheim) –de él es el adjunto artículo vienés sobre la vida de Lassalle– para glorificar al Itzig como hijo de Dios y a la vieja marrana como madre de Dios.

De Holanda todavía no he sabido nada, y la boda, según dicen, será el 8 de abril (con trabajos he logrado, frente a Lafargue, aplazar la cosa hasta esa fecha). Además, el 17 de este mes (el próximo martes) tengo que pagar unas 5 libras de agua y gas (el último aviso también). En lo que se refiere a los holandeses, me parece que no les sacaré nada hasta que vuelva a caerles por sorpresa, sin aviso previo. Pero de eso, justo ahora, no puede ni hablarse.

¿Has leído el escándalo (que me ha contado Borkheim) entre Dühring y el «consejero secreto» Wagner, en el que el primero acusa al segundo de haberle birlado, no sé, un manuscrito o algo sobre la cooperación de los obreros?

Salud.
Tu K. M.

Por Maurer he visto que el giro en las opiniones sobre la historia y el desarrollo de la propiedad «germánica», etc., proviene de los daneses, los cuales, por lo que parece, se dedican a la arqueología por todos los rincones. Pero, aunque dan así el impulso, siempre fallan en algo. Les falta ese instinto crítico certero y, sobre todo, la medida. Lo que más me llama la atención es que Maurer, que a menudo recuerda a África, México, etc., a modo de ejemplo, no sepa absolutamente nada de los celtas, y por eso atribuye todo el desarrollo de la propiedad común en Francia a los conquistadores germánicos. «Como si», diría el señor Bruno, «como si» no poseyéramos un código de leyes celta (galés) enteramente comunista del siglo XI, y «como si» los franceses, precisamente en los últimos años, no hubiesen desenterrado en algunas partes comunidades originarias con forma celta. ¡Como si! Pero la cosa es muy sencilla. El viejo M. no ha estudiado sino las relaciones alemanas y romanas antiguas, y además las orientales (¡greco-turcas!)