Querido Mohr:

Para Meißner aún me falta la carta de von Eynern. Quería preparar un anuncio hoy, pero me han interrumpido. Adjunto, de Viena. He escrito a Wilhelmchen para pedir informes. Pienso que aceptaré en general, pero diciendo que el asunto ha de permanecer secreto, «para no perturbar mis restantes vinculaciones en la prensa vienesa». A Wilhelm le he enviado asimismo dos artículos sobre tu libro, completamente populares para los trabajadores, de modo que incluso W. los entenderá. Le he inculcado al mismo tiempo su papel para trabajar en el Reichstag la nueva ordenanza industrial (que incluye también legislación fabril). Esta ocasión es demasiado buena para hacer publicidad al libro, y estoy convencido de que ello se hará enérgicamente, porque incluso los economistas oficiales tendrán que extraer material de él. Desde ayer estoy de nuevo en condiciones de trabajar; por un lado, vuelvo más temprano por las tardes, y por otro, he descubierto que durante 14 días he estado bebiendo una cerveza probablemente envenenada con cocculus indicus, la cual me narcotizaba por completo al anochecer. Ayer cambié el grifo —por casualidad—, noté la diferencia y descubrí la causa, que había atribuido a trastornos digestivos. ¿Y los carbuncos?

Tu F. E.