Londres, 6 de marzo de 1868

Estimado amigo:

Tan pronto como Coppel desapareció, mi estado empeoró de nuevo. Apenas, creo, por su partida. Post, non propter.ᶜ (Al fin y al cabo, es, a su manera, un hombre bastante agradable. Pero esa manera particular es, en mi actual estado, demasiado saludable para que yo armonice muy bien con ella.) Esta es, pues, la razón de mi silencio, de modo que ni siquiera le comuniqué la recepción del libro de Thünen.* Hay algo conmovedor en este último. Un junker de Mecklemburgo (y, por añadidura, dotado de esa distinción de pensamiento alemana), que toma su finca de Tellow como el campo y Mecklemburgo-Schwerin como la ciudad, y quien, partiendo de estas premisas, se construye a sí mismo la teoría ricardiana de la renta del suelo, con ayuda de la observación, el cálculo diferencial, la contabilidad práctica, etc. Esto es encomiable y al mismo tiempo ridículo.

El tono curiosamente embarazoso que utiliza el señor Dühring en su reseña* me resulta ahora claro. Por lo general, usted ve, es un muchacho muy petulante e insolente, que se erige a sí mismo en revolucionario de la economía política. Ha hecho dos cosas. En primer lugar (basándose en Carey) publicó una Kritische Grundlegung der Nationalökonomie (unas 500 páginas), y una nueva Natürliche Dialektik (contra la dialéctica hegeliana). Mi libro lo ha enterrado en ambos respectos. Lo reseñó por odio a Roscher, etc. Incidentalmente, practica el engaño, mitad intencionadamente y mitad por falta de perspicacia. Sabe muy bien que mi método de exposición no es hegeliano, ya que yo soy materialista, y Hegel, idealista. La dialéctica de Hegel es la forma básica de toda dialéctica, pero sólo después de despojarla de su forma mística, y es precisamente esto lo que distingue mi método. En cuanto a* Ricardo, el señor Dühring se ha irritado precisamente porque en mi tratamiento no existen los puntos débiles que Carey, y otros 100 antes que él, enarbolaron como prueba contra Ricardo. En consecuencia, intenta, con mauvaise foi, endosarme la estrechez de miras de Ricardo. Pero no importa. Debo estar agradecido al hombre, ya que es el primer experto que ha dicho algo en absoluto.

En el volumen II (que probablemente no aparecerá nunca si mi estado no cambia) la propiedad de la tierra será uno de los temas analizados, la competencia sólo en la medida en que sea necesaria para el tratamiento de otros temas.

Durante mi indisposición (que espero cese pronto por completo) no he podido escribir, pero he engullido enormes masas de «material», estadístico y de otro tipo; esto solo habría enfermado a aquellos cuyos estómagos no están acostumbrados a este tipo de forraje y a su rápida digestión.

Mis circunstancias son muy acosadoras, ya que no pude hacer ningún trabajo adicional que me reportara dinero, y debo mantener siempre cierta apariencia por el bien de los niños. Si no tuviera que producir estos dos malditos volúmenes (y además buscar un editor inglés), cosa que sólo se puede hacer en Londres, me mudaría a Ginebra, donde podría vivir muy bien con los medios de que dispongo. Mi hija núm. II se casa a fines de este mes.

Saludos a Franzchen.

Suyo
K. M.

* a H. D. Macleod, The Theory and Practice of Banking. – > K. Marx, Contribución a la crítica de la economía política. – ᶜ Después, no a causa de. – d J. H. von Thünen, Der isolirte Staat in Beziehung auf Landwirtschaft und Nationalökonomie. – e E. Dühring, «Marx, Das Kapital, Kritik der politischen Oekonomie, 1. Band, Hamburg 1867».