6 de marzo de 1868. Querido Fred, muchas gracias por las 10 libras esterlinas. Los «Socialdemocraten» prometidos por Meissner no han llegado. La cosa demuestra que, en general, no es exacto. Así, por ejemplo, tampoco se han enviado los ejemplares destinados a París. Allí, el digno Moses ha andado vacilando tanto, hasta que el «Courrier Français» ha anunciado por fin que, a consecuencia de las numerosas multas, etc., pronto desaparecerá por completo de la escena. No he visto las lucubraciones de Eichhoff, como tampoco, desde hace mucho tiempo, ningún número de «Zukunft». Dado que el hermano de Eichhoff es librero y se dedica especialmente a la economía (es editor de algunas obras del Dr. Dühring), esto ya es motivo suficiente para que E. dé conferencias sobre el mismo tema. Tengo la cabeza muy atacada. Pero eso irá, poco a poco, «desvaneciéndose», en cuanto haya desaparecido por completo hasta el último rastro del carbunculosis. Ayer volví a escribir a Holanda, pues el asunto se está poniendo candente. El viejo Lafargue ha hecho publicar las amonestaciones matrimoniales necesarias, etc., en Burdeos, y ha enviado todos los papeles. Ahora espera que a principios del mes próximo se celebre aquí la boda y que la pareja vaya a París, adonde también él se trasladará más tarde. Pero aquí aún no nos hemos arriesgado a dar los pasos necesarios para las amonestaciones, porque mi mujer todavía no estaba en condiciones de adquirir para Laura al menos las cosas más indispensables. El buen Freiligrath se lo ha tomado todo muy cómodamente, pero por eso es también «noble». En cuanto este asunto quede por fin liquidado, será un gran alivio para toda la casa, ya que Lafargue prácticamente vive con nosotros, con lo que los gastos se ven sensiblemente aumentados. En cuanto a las «críticas», opino que, una vez hayas ajustado cuentas con Liebknecht, deberías dejar correr a los alemanes y dedicarte sólo a lo inglés. En primer lugar, la repercusión de una crítica inglesa en Alemania es más contundente que a la inversa, y, en segundo lugar, aquí sí que es el único país donde, a fin de cuentas, se puede hacer dinero con la cosa. El señor Mac Leod, con su piojoso y pedantesco-escolástico libro sobre los bancos, ha alcanzado ya una segunda edición. Es

un asno muy engreído, que vierte toda tautología trivial 1) en formas algebraicas y 2) la construye geométricamente. Ya le he propinado alguna que otra patada en el cuaderno aparecido en casa de Duncker. Su «gran» descubrimiento es: Credit is Capital. Salut D KM.