Memorándum de Ermen & F. Engels al Sr. Mohr

He recibido tu carta y la de tu honorable secretario, y te devuelvo adjuntos los recortes vieneses y la carta de Meyer. ¡Qué horrible desgracia la de los Weydemeyer! Soy de la opinión de que hay que enviar un artículo al debate (vía Richter) y que es necesario batir el hierro mientras está caliente. Que salga aún esta semana. ¡La «Fachkritik» de la Frankfurter Börsenzeitung es sumamente divertida! Es significativo que estos literatos vieneses, puros judíos curtidos en todas las aguas, que conocen perfectamente el tinglado, tomen de buena fe a la prensa alemana no austríaca. Dühring me divierte mucho. Los ataques a Roscher, Mill, etc. le vinieron, naturalmente, como anillo al dedo; ¡pero qué diferente el tono embarazoso de la reseña de ese talante insolente del folleto! Tampoco creo en una guerra, entre otras razones porque la Liga de la Paz la presenta como inevitable; Sadowa, en cualquier caso, ha hecho imposible para Bonaparte iniciar una guerra con Alemania sin grandes alianzas. Y como en el mejor de los casos sólo conseguiría a Austria (Inglaterra, como siempre y más que nunca, no contaría militarmente) y tendría en contra a Prusia y a Rusia, el asunto está muy podrido. Italia tampoco sirve de nada, y encima él mismo se ha echado a perder el asunto. He is floored. Incluso el gran Karl Schurz, ex-estudiante General Furz, se lo ha confiado en secreto a Bismarck. Son casi las 7, y aún no he comido. Tengo que correr aún a casa, así que basta por hoy. Tuyo,
F. E.