Ayer salí por primera vez de nuevo, y en uno o dos días la cicatriz estará curada. Estoy naturalmente todavía débil después de este fuerte ataque. Espero que tu malestar sea solo una consecuencia momentánea de la semana del Spree. En todo caso, no debes descuidar tu cuidado de la salud por mí, ni por ninguna otra persona o cosa. En el Saturday Review de la semana pasada apareció una nota sobre mi libro. Todavía no la he visto y tampoco sé de quién es. Borkheim me ha comunicado el hecho. En lo que respecta a Liebknecht, no hay que seguir empujándolo. A este jovenzuelo – como ya lo demostró una vez anteriormente en Londres – le gusta mucho hacerse el «protector». Esto lo muestra también su última carta a ti. Se cree muy importante y, llegado el caso, seguiremos nuestro propio caminito sin él y a pesar de él. ¡Qué generosidad que reimprima el prólogo, que casi todos los periódicos imprimieron hace meses! ¡Y que me haya inducido a enviar 2 ejemplares de mi libro, respectivamente, a Contzen y al redactor de la Volkszeitung! Hacerle el vacío es lo mejor. Por lo demás, creo que aún no ha leído 15 páginas del libro. Aun al cabo de un año, en su día no había leído su «Señor Vogt», que no era, sin embargo, una lectura demasiado ardua. Su lema es: enseñar, pero no aprender. En lo que atañe a los «lassalleanos», no trato de las Trades Unions, las sociedades cooperativas, etc., hasta el tomo II. Creo, por tanto, que solo se debe actuar ya ahora con respecto a «Lassalle» cuando se presente una ocasión inmediata. Sobre la manera de trabajar a los vieneses, te escribiré próximamente, cuando mi cabeza vuelva a estar bien. Te ruego que devuelvas las cartas adjuntas de Kugelmann y Kertbenyi. Todavía no he contestado. El gran Coppel aún no está aquí. Para mi estado actual sería beneficioso que me hicieras llegar un envío de tu clarete de sabor más intenso (y también algo de Hock o de Mosela). El polaco Card ha escrito desde Ginebra, ofreciéndose como traductor francés; parece tener un librero en Ginebra. He hecho que mi mujer envíe su carta a Schily, para que este la aproveche en París a fin de impulsar allí el asunto. Card no sirve en absoluto, a no ser para espantar a Moisés. No trabajaré (es decir, escribir) en absoluto durante 2 o 3 semanas; a lo sumo leeré y, en cuanto las heridas estén completamente curadas (por ahora, creo que solo por uno o dos días, la zona ulcerada todavía roza e irrita al andar), andaré muchísimo. Sería fatal que irrumpiera un tercer monstruo. Y ahora, salut, my dear boy. Tu K. Marx