Querido Mohr:
Acabo de darme cuenta de que he dejado en casa, en otro bolsillo de la chaqueta, todas tus cartas (incluida la última de tu «Haupthonourable Secretary», por la que te doy especialmente las gracias), de modo que tengo que contestarte de memoria. Los correos franceses los recibiste ayer. También el *Wiener Tageblatt*. Te envío el informe prusiano, con explicación concreta. O, mejor dicho, basta con mirar el croquis que se incluye del despliegue en la tarde del 28 de junio para convencerse de que Benedek había reunido en un espacio de 2 millas cuadradas 6 cuerpos de ejército (sin contar la caballería), a los que el príncipe heredero sólo oponía el 5.º cuerpo y una brigada del 6.º. Si B. hubiera atacado el 29 contra Steinmetz (5.º cuerpo), éste habría sido arrojado de vuelta por encima de las montañas sobre el 6.º cuerpo, y el 30 B. habría podido atacar y hacer retroceder a la Guardia y al 1.er cuerpo con al menos 4 cuerpos, tras lo cual el cauto Friedrich Carl se habría guardado muy bien de avanzar con demasiada soltura. Friedrich Carl tenía 5 cuerpos y se habría enfrentado al menos a 6; pero la orden de retirada para él era segura tan pronto como fuesen batidas las tres columnas separadas del príncipe heredero, y con ello la campaña habría tomado un carácter completamente distinto. Que los austriacos, aun con alguna prudencia de los prusianos, habrían sido finalmente derrotados, se desprende ya de las proporciones numéricas. Pero las canallas prusianas se habrían visto obligadas a echar por tierra su piojoso sistema, y no habrían sido la reorganización y Bismarck quienes hubieran vencido, sino el pueblo.

Cluseret (quien, dicho sea de paso, también ha hecho de feniano en Londres), con su plan de milicias es aún más disparatado que los alemanes. La guerra americana —milicias en ambos bandos— no demuestra sino que el sistema de milicias cuesta sacrificios absolutamente inauditos en dinero y en hombres, precisamente porque la organización sólo existe en el papel. ¿Cómo les habría ido a los yanquis si en lugar de las milicias sureñas se hubieran enfrentado a un ejército permanente de unos cuantos cientos de miles de hombres? Antes de que el Norte se hubiera organizado, éstos habrían estado en Nueva York y Boston y habrían dictado la paz con ayuda de los demócratas, con lo que el Oeste habría podido hacer el juego de la secesión. ¡El tipo es bueno cuando dice que lo principal son buenos oficiales y la confianza de los hombres en los oficiales, cosas ambas que con el sistema de milicias sencillamente no se pueden conseguir! Lo que en todas partes impresiona a la gente en el sistema de milicias es la gran masa de hombres que se obtiene de una vez, y la relativa facilidad para instruirlos, sobre todo ante el enemigo. Pero esto último no es nada nuevo; el viejo Napoleón también podía llevar al enemigo a reclutas de tres meses formados en regimientos, pero para ello se necesitan buenos cuadros, y precisamente algo distinto del sistema de milicias suizo-americano. Los yanquis, al final de la guerra, aún tenían cuadros muy deficientes. Desde la introducción de los fusiles de retrocarga, la milicia pura ha llegado realmente a su fin. Con lo cual no se dice que toda organización militar racional no se encuentre en algún punto intermedio entre la prusiana y la suiza; ¿dónde? Eso depende de las circunstancias de cada caso. Sólo una sociedad organizada y educada comunistamente puede acercarse mucho al sistema de milicias, y aun entonces, de manera asintótica.

Por lo que respecta a los periódicos vieneses, estoy algo apurado; aunque veo la *Neue Freie Presse* de vez en cuando, todo el terreno me es demasiado ajeno. ¿Cuáles son tus ideas al respecto, también en cuanto a la *Fortnightly*? La cosa bien vale la pena de pensarla largamente. Espero que vuelvas a estar sentado y no tengas nuevas erupciones volcánicas. Gumpert se ríe de tu antipatía por el arsénico, dice que precisamente eso tendría que despabilarte, y está convencido de que no hay mejor remedio para ti. Pero si no quieres absolutamente de ninguna manera, deberías tomar ácidos, y de manera continuada, y así te ha vuelto a recetar, adjunto, el agua regia que ya te había prescrito antes y que seguramente tomarás ahora. Muchos saludos a tu mujer y a las chicas, extensivo a Lafargue. Tuyo,

F. E.

A Alberich, el fuerte enano, le felicito por el presente muy respetuosamente por su cumpleaños y en este momento vacío un vaso de cerveza a su salud. El algodón me lo han extraviado en la fábrica, de modo que no podré enviarlo hasta mañana.