10 de enero del 68. Querido Moro: Hoy pensaba escribirte largamente, pero la intervención de un serbio y un valaco, que me retuvieron horas, me ha desbaratado los planes. Además, ayer recibí la visita del ex dictador Amand Gögg, que viaja por cuenta de la ridícula Liga de la Paz y me echó a perder la tarde. Por fortuna, casualmente se sumó Schorlemmer, que vivió su asombro ante este fósil de república federal; tal cosa no la había creído posible. Ese estúpido animal se ha vuelto diez veces más tonto aún por la repetición irreflexiva de las mismas frases, y ha perdido todo punto de contacto con el mundo del sentido común (por no hablar del pensamiento propiamente dicho). Fuera de Suiza y del cantón de Baden, para esta clase de gente no hay nada en el mundo. Pronto se convenció, sin embargo, de lo acertado de tu primera respuesta a su requerimiento de apoyo: que cuanto más lejos viviéramos uno del otro y menos tuviéramos que ver entre nosotros, mejor nos llevaríamos. Admitió que Blind se había portado cobardemente en el asunto Vogt, pero que era, sin embargo, un buen tipo, y hasta amenazó con querer reconciliarte con Blind. Vogt —no es un político, sino un tipo simpatiquísimo y honrado que escribe sin ton ni son, sin pararse a pensar lo que escribe—: si nosotros dos pasáramos una hora con él, nos reconciliaríamos. Admitió que era bonapartista, pero no pagado. A lo que yo: todos los bonapartistas son pagados, no hay ninguno que no lo esté, y si él pudiera mostrarme uno no pagado, consideraría posible que Vogt no fuera pagado; de lo contrario, no. Esto le dejó perplejo, pero al final descubrió a uno: ¡Ludwig Bamberger! Por lo demás, dijo que a Vogt le había ido siempre muy mal; su mujer es una moza campesina del Oberland bernés, con la que se casó por virtud, después de haberle hecho un hijo. El astuto de Vogt parece haber engañado bien a este burro. Pero cuando Schorlemmer y yo le explicamos que Vogt, también como naturalista, no ha hecho nada, ¡tendrías que haber visto su ira!: ¿No ha divulgado? ¿No es eso un mérito? En cuanto a Viena, ahora haré algo tan pronto como sea posible. Además, para la Fortnightly, pero primero habría que saber si se puede hacer de ello un artículo más extenso o sólo una breve reseña como las que hoy aparecen en la Fortnightly. Sobre esto habría que sondear a Beesly; la breve reseña sería casi inútil… y el propio B. no se enteraría de nada sobre el libro por ella. A Wilhelmchen le pediré cuentas estos días sobre el cumplimiento de las promesas que me ha hecho; a ese hombrecillo ya le haremos moverse. Tengo la dirección de Richter. Adjuntas devuelvo las cartas de Liebknecht, Kugelmann y Siebel. Recibe mis mejores saludos. Tuyo, F. E.