8 de enero de 1868. Querido Fred, ad vocem Dühring. Dice mucho del hombre que acepte casi positivamente el capítulo sobre la «acumulación originaria». Es todavía joven. Como partidario de Carey, en oposición directa a los librecambistas. Además, Privatdozent, así que no le disgusta que el profesor Roscher, que les cierra el paso a todos, reciba patadas. Me ha llamado muchísimo la atención un rasgo de su caracterización. A saber: mientras la determinación del valor por el tiempo de trabajo permanece, como en el propio Ricardo, «indeterminada», no pone a la gente shaky. Pero tan pronto como se la pone en relación exacta con la jornada de trabajo y sus variaciones, se les enciende una nueva y muy desagradable luz. Creo que Dühring ha reseñado el libro en parte por malicia contra Roscher. Su miedo a ser también «roscherizado» es, desde luego, muy perceptible. ad vocem Viena. Es curioso que esos tipos no perciban los dos o tres elementos completamente nuevos del libro:
1) que, en contraposición a toda la economía anterior, que de antemano trata los fragmentos particulares de la plusvalía con sus formas fijas de renta, ganancia, interés como dados, yo trato en primer lugar la forma general de la plusvalía, en la cual todo eso se halla aún no diferenciado, por así decirlo, en solución;
2) que a los economistas sin excepción se les escapó lo más simple: que si la mercancía es algo doble, valor de uso y valor de cambio, también el trabajo representado en la mercancía ha de poseer un carácter doble, mientras que el mero análisis del trabajo sans phrase, como en Smith, Ricardo, etc., tiene que tropezar por todas partes con lo inexplicable. Éste es, en realidad, todo el secreto de la concepción crítica.
3) que por primera vez se presenta el salario como forma irracional, forma fenoménica de una relación oculta detrás de él, y esto se expone precisamente en las dos formas del salario: salario por tiempo y salario a destajo. (El que en las matemáticas superiores se encuentren a menudo fórmulas semejantes me fue de ayuda.)
En cuanto a las modestas objeciones formuladas por el señor Dühring contra la determinación del valor, en el tomo II se asombrará de lo poco que la determinación del valor vale «inmediatamente» en la sociedad burguesa. En efecto, ninguna forma de sociedad puede impedir que, de un modo u otro, el tiempo disponible, el tiempo de trabajo de la sociedad, regule la producción. Pero mientras esta regulación no se realice por medio del control directo y consciente de la sociedad sobre su tiempo de trabajo —lo cual sólo es posible con la propiedad común—, sino por el movimiento de los precios de las mercancías, sigue siendo cierto lo que tú ya dijiste de manera tan acertada en los Deutsch-Französische Jahrbücher.

ad vocem Viena. Te envío diversos periódicos vieneses (de los cuales tienes que devolverme el «Neue Wiener Tageblatt», que pertenece a Borkheim, y guardar los demás), de los que verás dos cosas: primero, la importancia que tiene Viena como mercado en este momento, ya que allí hay nueva vida; segundo, cómo hay que tratar el asunto allí. No encuentro la dirección del profesor Richter. Quizá tengas la carta de Liebknecht donde figura. Si no, escríbele para que te la mande, y envía luego artículos directamente a Richter, pero no por conducto de Liebknecht. Me parece, en efecto, que Guillelmín no es en modo alguno del todo bona fide. Él (para quien yo he tenido que encontrar tanto tiempo para enmendar sus burradas en la Allg. Augsb., etc.) ¡hasta ahora no ha encontrado tiempo ni siquiera para mencionar públicamente el nombre de mi libro o el mío propio! Pasa por alto el asunto en la «Zukunft», sólo para no verse en el apuro de perder su autónoma grandeza. ¡Tampoco ha habido tiempo para decir ni una palabra en el periódico obrero que aparece bajo el control directo de su amigo Bebel («Deutsche Arbeiterhalle», Mannheim)! En resumidas cuentas, si mi libro no ha sido silenciado por completo, desde luego no es por culpa de Guillelmín. Primero, no lo había leído (aunque se burla de Richter ante Jennychen, creyendo que Richter cree que hay que entender un libro para hacerle propaganda), y segundo, después de haberlo leído (o de aparentar haberlo leído), ¡no tiene tiempo!, aunque tiene tiempo, desde que le he conseguido la subvención de Borkheim, de escribir a B. dos veces por semana; aunque, en lugar de enviar las acciones a Strohn con el dinero que le he mandado y que le he proporcionado por mediación mía, ¡pide la dirección de Strohn para poder también mangonear directamente con él a mis espaldas y abrumarle con epístolas, como hace con B.! En fin, Guillelmín quiere darse importancia, y sobre todo el público no debe distraerse de ocuparse de Guillelmín. Hay que hacer como a medias que no se nota nada, pero tratarlo con precaución. En lo tocante a su vocación austriaca, no se le puede creer nada hasta que se realice. Y, en segundo lugar, si llega el caso, no le desaconsejaremos, sino que, if necessary, simplemente le declararemos lo que le declaré al entrar en la «Norddeutsche» de Brass: que si volvía a comprometerse, yo le desautorizaría, llegado el caso, públicamente. Esto se lo dije en presencia de testigos cuando se marchó entonces a Berlín. Creo que también puedes enviar artículos directamente al «Neue Freie Presse» (Viena) que te adjunto. El actual copropietario, el Dr. Max Friedländer (primo y enemigo mortal de Lassalle), fue aquél para quien yo colaboré durante largo tiempo en el antiguo «Presse» de Viena y en la «Oder-Zeitung».

Por último, en cuanto a la «Intern. Revue», Fox (a quien un periódico inglés ha enviado a Viena para visitar y establecer relaciones) me ha pedido desde Viena, hace un par de días, cartas de recomendación para Arnold Hilberg. Yo se las he enviado, y al mismo tiempo, en la dicha carta, he dicho al señor Hilberg que las circunstancias nos habían impedido escribir, que este año haríamos algo, etc. Fortnightly Review. El profesor Beesley, que es uno de los triunviros que secretamente dirigen esa revista, ha declarado a su amigo especial Lafargue (a quien invita constantemente a comer en su casa) que está moralmente seguro (¡depende por entero de él!) de que la crítica sería aceptada. Lafargue se la entregaría él mismo.

ad vocem Pyat. En el Times de hoy verás la proclama enviada por Pyat (publicada hace 4 semanas) de los demócratas franceses sobre el fenianismo. El asunto es así. El gobierno francés ha iniciado una investigación (ante todo, visitas domiciliarias a nuestros corresponsales en París) contra la Asociación Internacional como société illicite. Asimismo, ha probablemente transmitido al gobierno inglés cartas escritas por nuestro Dupont sobre el fenianismo. El señor Pyat, que siempre ha tachado a nuestra «Asoc.» de no revolucionaria, bonapartista, etc., teme este giro de los acontecimientos y trata de darse rápidamente la apariencia de tener algo que ver con el asunto y de estar «moving».

ad vocem Benedek: ¿Puedo tener el cuaderno por a few days? Te has acreditado ya dos veces: primero, como profeta táctico (en el asunto de Sebastopol) y, segundo, como estratégico (en la guerra prusiano-austriaca). Pero la estupidez de que son capaces los hombres, no hay entendimiento de los entendidos que la pueda prever.

ad vocem carbunclos. He consultado a los médicos. Nada nuevo. Todo lo que dicen los señores se reduce a que habría que ser rentista para vivir según sus prescripciones, en lugar de ser, como yo, un pobre diablo más pobre que las ratas de iglesia. Cuando veas a Gumpert, puedes decirle que (hasta this moment, mientras escribo) siento un pinchazo punzante en el cuerpo, es decir, la sangre. Me parece que este año aún no he superado del todo el asunto. My compliments to Mrs. Burns. Salut D Mohr