Manchester, 7 de enero de 1868.

Querido Mohr:

Adjunto te devuelvo el Dühring y el Beobachter. El primero es sumamente divertido. Todo el artículo, pura perplejidad y confusión. Se ve que el buen economista vulgar está tocado en lo vivo y no sabe decir nada, salvo que sólo se podrá juzgar sobre el primer tomo cuando haya aparecido el tercero, que la determinación del valor por el tiempo de trabajo no es cosa indiscutida y que hay quienes albergan sus modestas dudas acerca de la determinación del valor del trabajo por sus costos de producción. ¡Ya ves que para este género aún no has sido ni de lejos lo bastante docto como para refutar al gran Macleod en el punto decisivo! Y en cada línea, el miedo a exponerse a un tratamiento a lo Roscher. El tipo se alegró cuando terminó el asunto, pero seguro que lo echó al correo con el corazón pesado.

Mañana te devuelvo lo de Kugelmann y Wilhelmchen. Si en la carta copiada del teniente coronel Seubert hay algo que pudiera servirme para otro artículo sobre Suabia, adjúntamela. Para Viena también podría yo hacer algo; habría quizás que sonsacarle a Richter en relación con la Internationale Revue; él debería conocer las condiciones de allí. Lo del periódico de Wilhelmchen es demasiado hermoso: ¡todo listo, sólo falta la fianza, y por eso no puede aparecer! Si W., por lo demás, se fuera a Viena, el griterío sobre el agente austríaco se desataría entonces con más fuerza aún. ¿Qué hay de Beesly, Lewes y Cía. y la Fortnightly Review?

Muchos saludos a las Ladies y al doctor amorosus.

Tuyo,

F. E.