Friedrich Engels
[Reseña del primer tomo de “El Capital” para la “Elberfelder Zeitung”]
Escrito el 22 de octubre de 1867.
[“Elberfelder Zeitung”, núm. 302 del 2 de noviembre de 1867]

Karl Marx sobre El Capital
(Hamburgo, editorial de Otto Meißner, tomo 1, 1867)

¡Cincuenta pliegos de erudita disertación para demostrarnos que todo el capital de nuestros banqueros, comerciantes, fabricantes y grandes terratenientes no es otra cosa que trabajo acumulado e impago de la clase obrera! Recordamos que en 1849 la “Neue Rheinische Zeitung”, en nombre de los campesinos de Silesia, formuló la exigencia de una “millarda silesiana”. Mil millones de táleros, se afirmaba, era la suma que, al abolirse la servidumbre y las prestaciones feudales, había sido sustraída ilegítimamente solo a los campesinos de Silesia y había ido a parar al bolsillo de los grandes terratenientes, y esta suma era reclamada en devolución. Pero los señores de la otrora “Neue Rheinische Zeitung” son como la beata Sibila con sus libros; cuanto menos se les ofrece, más exigen. ¡Qué son mil millones de táleros frente a esta colosal reclamación de devolución que ahora se formula en nombre de toda la clase obrera —pues así hemos de entenderlo sin duda! Si todo el capital acumulado de las clases poseedoras no es otra cosa que “trabajo impago”, parece deducirse directamente de ello que ese trabajo ha de ser pagado con posterioridad, es decir, que todo el capital en cuestión sea traspasado al trabajo. Claro que entonces se trataría, ante todo, de saber quién estaría realmente facultado para recibirlo. Pero, ¡bromas aparte! Por muy radical-socialista que proceda el presente libro, por muy rudo y despiadado que arremeta contra personas que en otros casos pasan por autoridades, tenemos que confesar que se trata de una obra sumamente erudita y que aspira a la más rigurosa cientificidad. Ya se ha hablado muchas veces en la prensa de que Marx pretende resumir los resultados de sus largos años de estudio en una crítica de toda la economía política anterior, dando así a las aspiraciones socialistas la base científica que hasta ahora no habían podido proporcionarles ni Fourier, ni Proudhon, ni tampoco Lassalle. Esa obra ha sido anunciada en la prensa desde hace mucho tiempo y con frecuencia. En 1859 apareció en la editorial Duncker de Berlín un “primer fascículo” que, sin embargo, solo se extendía sobre materias que no tenían un interés práctico inmediato y que, por ello, tampoco despertó gran atención. Los fascículos siguientes no aparecieron, y la nueva ciencia socialista parecía no haber de sobrevivir a sus dolores de parto. ¡Cuántas burlas no se han hecho sobre esta nueva revelación, anunciada tantas veces y que, sin embargo, no parecía querer salir jamás a la luz del mundo! Pues bien, aquí está por fin el “primer tomo” —cincuenta pliegos de imprenta, como hemos dicho—, y nadie podrá reprocharle que no contenga cosas bastante y más que bastante nuevas, audaces, temerarias, y que no estén expuestas en una forma plenamente científica. Marx no apela con sus tesis insólitas, esta vez, a las masas, sino a los hombres de ciencia. A ellos corresponde defender las leyes de su teoría económica, atacadas aquí en sus fundamentos, y presentar la prueba de que el capital es, ciertamente, trabajo acumulado, pero no trabajo acumulado impago. Lassalle era un agitador práctico, y podía bastar enfrentársele en la agitación práctica, en la prensa diaria, en las asambleas. Pero aquí se trata de una teoría sistemática, científica, y aquí no puede la prensa diaria co-decidir, aquí solo la ciencia puede decir la última palabra. Es de esperar que hombres como Roscher, Rau, Max Wirth, etc. aprovechen esta ocasión para defender el derecho de la economía política hasta ahora generalmente reconocida contra este ataque nuevo y, ciertamente, nada despreciable. La semilla socialdemócrata ha brotado en muchos lugares entre la generación más joven y la población obrera; con este libro encontrará de todos modos nuevo alimento suficiente.