Friedrich Engels

[Reseña del primer tomo de «Das Kapital» para el «Staats-Anzeiger für Württemberg»]

Escrita el 12/13 de diciembre de 1867.

[«Staats-Anzeiger für Württemberg», núm. 306 del 27 de diciembre de 1867]

Karl Marx. Das Kapital. Crítica de la economía política. Tomo primero. Hamburgo, Meißner, 1867

Si tomamos en consideración la obra arriba mencionada, no lo hacemos, ciertamente, a causa de la tendencia específicamente socialista que el autor, ya en el prólogo, ostenta abiertamente.

Lo hacemos porque dicha obra, prescindiendo de la tendencia, contiene desarrollos científicos y material fáctico que merecen toda la atención. Tampoco vamos a entrar aquí en la parte científica, ya que ello queda más lejos de nuestros fines, limitándonos, por tanto, únicamente a lo fáctico.

No creemos que exista obra alguna —en lengua alemana o extranjera— en la que los rasgos analíticos fundamentales de la moderna historia industrial, desde la Edad Media hasta nuestros días, estén expuestos en una síntesis tan clara y completa como en las págs. 302-495 del presente libro, en los tres capítulos: cooperación, manufactura y gran industria. En ellos se destaca, en su lugar y según su mérito, cada una de las páginas del progreso industrial; y aunque aquí y allá se trasluzca la tendencia específica, es preciso hacer justicia al autor reconociendo que en ningún sitio amolda los hechos a su teoría, sino que, al contrario, procura mostrar su teoría como resultado de los hechos. Estos hechos los ha tomado siempre de las mejores fuentes y, en lo que atañe al estado más reciente, de fuentes tan auténticas como desconocidas por ahora en Alemania: los informes parlamentarios ingleses. Los hombres de negocios alemanes que no consideren su industria sólo desde el punto de vista del lucro cotidiano, sino como un miembro esencial dentro de todo el gran desarrollo industrial moderno de todos los países, y que por ello se interesen también por lo que no atañe directamente a su ramo, hallarán aquí una rica fuente de enseñanza y nos agradecerán que les hayamos llamado la atención sobre ella. Porque ya hace tiempo que terminó la época en que cada ramo de negocio existía aislada y silenciosamente para sí; ahora dependen todos unos de otros, y de los progresos que se realizan en países lejanos como en la inmediata cercanía, y de las cambiantes coyunturas del mercado mundial. Y si, como es muy posible, los nuevos tratados de la Unión Aduanera traen próximamente consigo una restricción de la protección aduanera hasta ahora vigente, se le impone a todos nuestros fabricantes la exigencia de familiarizarse con la historia de la nueva industria en general, para aprender anticipadamente de ella cuál ha de ser la mejor conducta ante tales cambios. La cultura superior que, a pesar de la fragmentación política, nos ha salvado una y otra vez a los alemanes hasta el presente, sería también en este caso la mejor arma que podríamos emplear contra el grosero materialismo del inglés.

Esto nos conduce a otro punto. Con la nueva legislación de la Unión Aduanera, bien pronto podría presentarse el momento en que los propios fabricantes pidan una regulación uniforme del tiempo de trabajo en las fábricas de los países de la Unión. Sería manifiestamente injusto que en un Estado el tiempo de trabajo, sobre todo de niños y mujeres, quedara entera y exclusivamente al arbitrio del fabricante, mientras que en otro Estado estuviera sometido a restricciones esenciales. Difícilmente podrá evitarse un acuerdo sobre disposiciones comunes a este respecto, y tanto menos si realmente llegaran a producirse reducciones de los aranceles protectores. Pero en este aspecto sólo tenemos en Alemania experiencias altamente insuficientes, por no decir nulas, y dependemos por completo de las enseñanzas que podamos extraer de la legislación de otros países, en particular de Inglaterra, y de sus frutos. Y aquí es donde el autor ha prestado un gran servicio a la industria alemana, al presentar la historia de la legislación fabril inglesa y de sus resultados, con el mayor detalle y conforme a los documentos oficiales. (Compárense las págs. 207-281, 399-496 y, más adelante, en distintos pasajes.) Toda esta página de la historia industrial inglesa es casi desconocida en Alemania, y uno se asombrará al enterarse de que, después de que un acta parlamentaria del año en curso haya puesto bajo control gubernamental a no menos de millón y medio de obreros, ahora está sometida, en Inglaterra, a la inspección de funcionarios y a una limitación directa o indirecta de la jornada no sólo casi la totalidad del trabajo industrial, sino también la mayor parte del trabajo a domicilio y una parte del trabajo agrícola. Exhortamos a nuestros fabricantes a que no se dejen disuadir por la tendencia del libro y a que estudien con seriedad, sobre todo, esta parte del mismo; ¡la misma cuestión se les planteará, tarde o temprano, también a ellos!