KARL MAB.X LA MISIÓN EUROPEA DE POLONIA Hace unos treinta años estalló una revolución en Francia. Fue algo imprevisto por la Providencia de San Petersburgo, que acababa de convenir un pacto secreto con Carlos X para mejorar la administración y la geografía de Europa.

En cuanto le llegaron las tristes nuevas al zar Nicolás reunió a los oficiales de su guardia y los arengó breve y bélicainente, terminando con las palabras " ¡A caballo, señores!" No era una amenaza hueca. Enviaron a Paskievitch a Berlín, para dirigir la invasión de Francia. Pocos meses después estaba todo listo. Se esperaba que los prusianos desplegasen su concentración del Rhin, que el ejército polaco entrase en Prusia y los mos· covitas avanzasen en la retaguardia. Pero entonces, como dijo Lafayette en la cámara de diputados, "la avanzada se volvió contra la masa del ejército"; el levantamiento de Varsovia salvó a Europa de una segunda guerra antijacobina. Dieciocho años más tarde hubo otra erupción del volcán revolucionario, o más bien, un terremoto que sacudió todo el continente. Hasta a Alemania empezó a moverse, a pesar del andador en que la había puesto Rusia desde la llamada guerra de la independencia.

Y lo que es más sorprendente, Viena fue la primera en probar las barricadas callejeras, y con éxito. Esta vez, quizá la primera en la historia, el ruso perdió la serenidad, El zar Nicolás arengó a sus guardias en seguida. Publicó un manifiesto a su pueblo diciendo que la peste francesa había llegado a infectar a Alemania, que se acercaba a las fronteras del imperio y que la Revolución en su delirio miraba con ojos arrebatados a la Santa Rusia. Esto no es raro, gritó. Durante años la misma Alemania había sido fermento de infidelidad. El cáncer de una filosofía sacrílega había llegado a los órganos vitales de este pueblo, que parecía tan sano por fuera. Y terminaba con este mensaje a los alemanes: "¡Dios está con nosotros! ¡Oíd esto in fieles y rendíos a nosotros, porque Dios está con nosotros!" Poco después envió a los alemanes otro mensaje, con su fiel servidor Nesselrode, pero lleno esta vez de ternura para con este pueblo pagano. ¿Por qué este cambio?

Porque la gente de Berlín no había hecho sólo una revolución, sino que también había proclamado la rehabilitación de Polonia, y los polacos de Prusia engañados por el entusiasmo popular estaban en tren de instalar campamentos militares en Posen. De ahí la amabilidad del zar. ¡Una vez más era Polonia, el caballero inmortal de Europa, el que infundía pavor al mongol! Solamente después que los alemanes traicionaron a los polacos, en especial la Asamblea nacional alemana de Francfort, Rusia recuperó su fuerza como para apuñalar a la Revolución de 1848 en su último refugio, Hungría. Y ahí el último hombre que dirigió una campaña contra rusia fue un polaco, el general Bem.

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21>2 KARL MARX Hay gente tan inocente que cree que todo cambió, que Polonia no es más una "nación necesaria" , como la llamó un escritor francés, y que ahora es una recuerdo sentimental. Y ustedes saben que los sentimientos y los recuerdos no se cotizan en la bolsa.

Pero yo pregunto, ¿qué cambió? ¿Disminuyó el peligro? No, solamente que la ceguera intelectual de las clases dirigentes de Europa llegó a su cenit.

En primer lugar, la política de Rusia es inmutable de acuerdo con la admisión de su historidador oficial, el moscovita Karamsin. Sus métodos, sus tácticas, sus maniobras pueden cambiar, pero la estrella polar de su política -el dominio del mundo- es una estrella fija. En nuestra época sólo un gobierno civilizado rigiendo masas bárbaras puede concebir y ejecutar un plan semejante. Como escribiera Pozzo di Borgo, el más grande diplomático ruso de los tiempos modernos, a Alejandro 1, cuando el Congreso de Viena, Polonia es el gran instrumento para la ejecución de los designios rusos del mundo, pero es también un obstáculo invencible para los mismos hasta el momento en que los polacos, agotados por las traiciones acumuladas de Europa, se conviertan en un látigo en manos del moscovita. ¿Acaso ha intervenido algo que no fuera la disposición polaca para frustrar los planes de Rusia o detener su acción? No hace falta decir que el proceso de sus conquistas en Asia ha sido continuo . No hace falta decir que la llamada guerra de Inglaterra y Francia contra Rusia dio a ésta la fortaleza montañesa del Cáucaso, el control del Mar Negro, y derechos marítimos que Catalina 11, Pablo y Alejandro 1 habían tratado en vano de arrebatar a Inglaterra. Los ferrocarriles unen y concentran sus·fuerzas dispersas en una gran extensión. Sus reservas materiales de Polonia Rusa, donde se ha atrincherado, en Europa, han aumentado enormemente. Las fortalezas de Varsovia, Modlin, Ivangorod -lugares elegidos por el primer Napoleón- controlan todo el curso del Vístula, y son una base formidable para ataques hacia el norte, oeste y sur. La propaganda paneslavista ha resultado en el debilitamiento de Austria y Turquía. Y en cuanto al significado de esta propaganda paneslavista se tuvo un adelanto en 1848-1849, cuando invadieron Hungría, devastaron Viena y aplastaron Italia los eslavos que peleaban bajo las banderas de Jelačić. Windischgraetz y Radetzky. Además de todo esto, los crímenes de los ingleses contra los irlandeses han creado un aliado nuevo y fuerte a Rusia del otro lado del Atlántico. El plan de la política rusa sigue inmutable; sus medios han aumentado considerablemente desde 1 848, pero hasta ahora hay una cosa fuera de su alcance, y Pedro el Grande señaló este punto débil cuando escribió que para conquistar al mundo los moscovitas necesitaban solamente almas. Bueno, el espíritu vivificador que necesita Rusia para su esqueleto lo conseguirá cuando los polacos sean súbditos rusos. ¿Qué habrá que poner en el otro plato de la balanza entonces?

Un europeo continental contestará tal vez que con la emancipación de los siervos Rusia entró en la familia de las naciones civilizadas, que el poder de los alemanes, concentrado hace poco en manos de los prusianos puede resistir todos los choques asiáticos y, finalmente, que la revolución social de Europa occidental terminará con el peligro de los conructos internacionales. Un inglés que lea solamente el Times podrá decir que en el peor de los casos, por ejemplo, si Rusia toma Constantinopla, Inglaterra tomará Egipto y se asegurará así el camino a su gran mercado hindú. Respecto del primer punto, la emancipación de los siervos liberó al gobierno de obstáculos que podían ponerle los nobles en su camino para Ja centralización de la acción. Creó una reserva grande para los reclutamientos del ejército, disolvió la propiedad pública de los campesinos rusos, los aisló, y sobre todo fortaleció su fe en su autócrata y Papa. No les quitó su barbarie asiática, la herencia pegajosa de siglos. Se castiga como un crimen cualquier intento de elevar su nivel moral. Sólo hace falta recordar la oposición a las asociaciones por la sobriedad, que trataron de separar al moscovita de lo que Feuerbach llama la sustancia material de su religión, la vodka. Cualesquiera sean los efectos futuros, por ahora, la emancipación de los siervos ha aumentado las fuerzas de que dispone el zar. Pasemos a Prusia. De vasalla de Polonia pasó a ser una potencia de primer orden bajo el auspicio de Rusia y por la división de Polonia. Si Prusia perdiese mañana su presa polaca, ésta volvería a Alemania en vez de incorporarla. Para seguir siendo una potencia distinta de Alemania debe buscar el apoyo del moscovita. El aumento reciente de su fuerza ha hecho indisolubles sus lazos en vez de aflojarlos. Además, el aumento de fuerza ha aumentado el antagonismo de Prusia con Francia y Austria. Al mismo tiempo Rusia es la base donde se apoyan el poder arbitrario de los Hohenzollem y de sus dependientes feudales. Es su garantía contra el desafecto popular. De manera que Prusia no es un baluarte contra Rusia, sino su instrumento predestinado para la invasión de Francia y la ingestión de Alemania. En cuanto a la revolución social ¿qué quiere decir sino lucha de clases? Es posible que la lucha entre trabajadores y capitalistas sea menos cruel y sangrienta que las luchas entre los señores feudales y los capitalistas de Inglaterra y Francia. Esperemos que así sea. Pero de todas maneras, aunque una crisis de esta clase puede aumentar la energía de los pueblos occidentales, como todos los conflictos internos atraerá también la agresión exterior. Este conflicto dar á a Rusia otra vez el papel que tenía en la guerra antijacobina y desde la Santa alianza, el de salvador predestinado del orden. Llevará a las filas de Rusia a todas las clases privilegiadas de Europa. Ya durante la Revolución de febrero, el conde de Montalembert no fue el único que puso la oreja en el suelo para oír el ruido lejano de los cascos cosacos. Los patanes campesinos prusianos no fueron los únicos que proclamaron al zar su "Padre protector" en los cuerpos representativos de Alemania. Todas las bolsas de comercio de Europa subían con las victorias rusas sobre los magiares y bajaban con sus derrotas. Finalmente, en cuanto a lo que dice el Times -dejen a Rusia tomar Constantinopla si no impide a Inglaterra instalarse en Egipto- ¿qué quiere decir? Quiere decir que Inglaterra le dará Constantinopla a Rusia, si Rusia le permite oponerse a las reclamaciones de Francia por Egipto. Ésta es Ja perspectiva agradable que nos presenta el Times. En cuanto al amor de Rusia por Inglaterra, por más afecto que le tenga a sus libras, chelines y peniques, es suficiente referirse a la Moscow Gazette de diciembre de 1851: "No, le llegará el turno a la pérfida Albión y dentro de poco no tendremos que hacer más acuerdos con esta gente, excepto en Calcuta". Sólo hay una alternativa para Europa. La barbarie asiática bajo conducción moscovita le caerá como una avalancha si no rehabilita a Polonia, poniendo así veinte millones de héroes entre ella y Asia y ganando tiempo para su renacimiento social.

[Discurso pronunciado en inglés en un mitin organi:zado por la Asociación internacional de los trabajadores y la emigración polaca el 22 de enero de 1867, aniversario de la sublevación de 1863. Traducido de The Russian Menace to Europe, By K. Marx and F. Engels, Gleucox, lllinois, The Free Press, 1952, pp. 104-108.]