CARLOS MARX LA FORMA DEL VALOR20 El análisis de la mercancía ha puesto de manifiesto que ésta es algo doble: valor de uso y valor. Por tanto, para que una cosa revista la forma de mercancía tiene que revestir una doble forma, la forma de un valor de uso y la forma del valor. La forma del valor de uso es la forma del cuerpo mismo de la mercancía, hierro, lienzo, etc., la forma tangible, sensible, bajo la que existe. Es la forma natural de la mercancía. La forma valor de la mercancía es, por el contrario, su forma social. Ahora bien, ¿cómo se expresa el valor de una mercancía? Dicho en otras palabras, ¿cómo cobra el valor su forma propia de manifestarse? Mediante una relación entre distintas mercancías. Para analizar certeramente la forma contenida en dicha relación, tenemos que partir de su estructura más simple, menos desarrollada. Y la relación más simple de una mercancía es, evidentemente, su relación con otra mercancía concreta, cualquiera que ella sea. La relación entre dos mercancías nos suministra, por tanto, la expresión más simple del valor de una mercancía. I. F orma sim ple del valor.

20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita En esta forma simple del valor tiene necesariamente que residir el secreto de toda forma de valor. Es, por tanto, su análisis el que plantea la verdadera dificultad.

§ 1. Los dos polos de la expresión del valor: forma relativa del valor y forma equivalencia!.

En la forma relativa del valor, las dos clases de mercancías, el lienzo y la levita, desempeñan, evidentemente, dos papeles distintos. El lienzo es la mercancía cuyo valor se expresa en el cuerpo de otra mercancía distinta de ella. Por su parte, la mercancía levita actúa como el material en que se expresa el valor. Una de las mercancías desempeña un papel activo, la otra un papel pasivo. Pues bien, de la mercancía cuyo valor se expresa en otra decimos que su valor se expresa como valor relativo o que adopta la forma relativa del valor. En cambio, de la otra mercancía, en nuestro ejemplo la levita, que sirve de material para la expresión del valor decimos que actúa como equivalente de la primera o que adopta la forma equivalencial. Así, pues, sin necesidad de analizar la cosa más a fondo, quedan esclarecidos ya de antemano los siguientes puntos: a) Ambas formas son inseparables la una de la otra. Forma relativa de valor y forma equivalencial constituyen dos aspectos coherentes, mutuamente condicionados e inseparables de la misma expresión del valor. b) Entre ambas formas media una contraposición polar. De otra parte, estas dos formas representan dos extremos contrapuestos 0 que se excluyen mutuamente, es decir, dos polos de la misma expresión del valor. Aparecen siempre desdoblados en diferentes mercancías, relacionadas entre sí por la expresión del valor. No podríamos, por ejemplo, expresar en lienzo el valor del lienzo. 20 varas de lienzo = 20 varas de lienzo no es una expresión del valor, sino que expresa simplemente una d Terminada cantidad del objeto de uso lienzo. Por tanto, el valor del lienzo sólo puede expresarse en otra mercancía, es decir, en términos relativos. La forma relativa del valor del lienzo presupone, por consiguiente, el que cualquier otra mercancía se contraponga a ella bajo forma equivalencial. Y, a su vez, esta otra mercancía, en nuestro ejemplo la levita, que figura como equivalente del lienzo, adoptando por tanto la forma equivalencial, no puede revestir al mismo tiempo la forma relativa del valor. No expresa su propio valor. No hace más que ofrecer el material para expresar el valor de otra mercancía.

Por otra parte, la fórmula 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita implica, al mismo tiempo, la fórmula inversa: 1 levita vale 20 varas de lienzo. Pero, como vemos, para expresar en términos relativos el valor de la levita tengo que invertir la ecuación y, al hacerlo, el lienzo sustituye a la levita en su función de equivalente. Ello quiere decir que una misma mercancía no puede presentarse bajo las dos formas en la misma expresión del valor. Por el contrario, estas dos formas se excluyen entre sí como dos polos.

Supongamos que se efectúa una operación de trueque entre el productor del lienzo, A, y el productor de la levita, B. Antes de llegar a un acuerdo, A dice: 20 varas de lienzo valen 2 levitas (20 varas de lienzo = 2 levitas), mientras que B, por su parte, sostiene: 1 levita vale 22 varas de lienzo (1 levita = 22 varas de lienzo). Por fin, después de mucho regatear, se ponen de acuerdo. A dice: 20 varas de lienzo valen 1 levita, y B: 1 levita vale 20 varas de lienzo. Ambas mercancías, el lienzo y la levita, revisten aquí simultáneamente la forma relativa del valor y la forma equivalencial. Pero bien entendido que para dos personas distintas y en dos distintas expresiones de valor, aunque ambas se manifiesten simultáneamente. Para A, su lienzo adopta la forma relativa del valor —pues, para él, la iniciativa parte de su mercancía, mientras que la mercancía del otro, la levita, reviste, por el contrario, la forma de equivalente. Y a la inversa desde el punto de vista de B. Por tanto, una misma mercancía no adopta nunca, ni siquiera en este caso, ambas formas al mismo tiempo y en la misma expresión del valor.

c) Valor relativo y equivalente sólo son formas del valor. Valor relativo y equivalente son, ambos, simplemente formas del valor de la mercancía. Ahora bien, el que una mercancía presente una forma o la situada en el polo contrario depende exclusivamente del lugar que ocupe en la expresión del valor. Esto lo vemos palmariamente en la forma simple del valor, que es la primera que aquí examinamos. En cuanto al contenido, no difieren absolutamente en nada una y otra fórmula: 1) 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita, y 2) 1 levita = 20 varas de lienzo o 1 levita vale 20 varas de lienzo. Pero, en cuanto a la forma, no sólo son distintas la una de la otra, sino contrapuestas. En la fórmula 1) el valor del lienzo se expresa en términos relativos. Adopta, por tanto, la forma relativa del valor, al paso que el valor de la levita se expresa aquí como equivalente. Reviste, por tanto, la forma equivalencial. Pues bien, si invertimos la fórmula 1), obtenemos la fórmula 2). Las mercancías cambian de lugar, con lo que la levita adopta inmediatamente la forma relativa del valor y el lienzo, por el contrario, la forma equivalencial. Al cambiar sus lugares respectivos en la misma expresión de valor, la forma del valor ha cambiado. § 2. La forma relativa del valor.

a) Relación de igualdad.

La iniciativa parte del lienzo, ya que se trata de expresar su valor. Entra en una relación con la levita, es decir, con cualquier otra mercancía, distinta de ella. Es una relación de equiparación. En efecto, la base sobre que descansa la fórmula 20 varas de lienzo = 1 levita, es ésta: lienzo = levita, formula que, traducida a palabras, sólo puede expresarse así: el tipo de mercancía levita es de igual naturaleza, tiene la misma sustancia que el tipo de mercancía lienzo, distinto de aquél. La mayor parte de las veces se pierde esto de vista, ya que la atención se concentra en la relación cuantitativa, es decir, en la determinada proporción en que una clase de mercancía se equipara a la otra. Se olvida que las magnitudes de cosas diferentes sólo son cuantitativamente comparables entre sí mediante su reducción a la misma unidad. Sólo en cuanto expresiones de la misma unidad^ son magnitudes unívocas y, por tanto, conmensurables. Por tanto, en la fórmula anterior el lienzo se comporta con respecto a la levita como hacia su igual, lo mismo que la levita se relaciona con el lienzo como con algo de la misma sustancia, esencialmente igual. Ambas mercancías, aquí, aparecen cualitativamente equiparadas.

b) Relación de valor.

La levita sólo es lo mismo que el lienzo por cuanto que ambos son valores. Por tanto, el que el lienzo se comporte con respecto a la levita como hacia su igual, o que la levita se equipare al lienzo como a algo de la misma sustancia, expresa el hecho de que la levita, en esta relación, funciona como valor. Se equipara al lienzo, en cuanto éste es también un valor. La relación de igualdad es, por consiguiente, una relación de valor y la relación de valor, ante todo y sobre todo, expresión del valor o del ser-valor de la mercancía, que expresa su valor. Como valor de uso o cuerpo de la mercancía, el lienzo se distingue de la levita. Pero su ser-valor se manifiesta, por el contrario, se expresa, en una relación en la que otra clase de mercancía, la levita, es equiparada a ella o funciona como algo esencialmente igual a ella.

E scritos económ icos.— 13 CARLOS MARX c) Contenido cualitativo de la forma relativa del valor que en la relación de valor se encierra.

La levita sólo es valor en cuanto expresión material de la fuerza humana de trabajo invertida en su producción y, por tanto, cristalización de trabajo humano: trabajo abstracto, ya que se hace abstracción del carácter determinado, útil y concreto del trabajó contenido en ella, y trabajo humano, porque el trabajo, aquí, sólo cuenta en cuanto inversión de fuerza humana de trabajo en general. Por tanto, el lienzo no puede comportarse hacia la levita como hacia un objeto-valor o no referirse a la levita en cuanto valor, sin referirse a ella como a un cuerpo cuya única materia está formada por trabajo humano. Pero, en cuanto valor, el lienzo es cristalización del mismo trabajo humano. Dentro de esta relación, el cuerpo levita representa, por tanto, la sustancia del valor común a él y al lienzo, es decir, el trabajo humano. Dentro de esta relación, la levita sólo interesa, por consiguiente, en cuanto plasmación de valor y también, por tanto, én cuanto plasmación del valor del lienzo, en cuanto el valor del lienzo manifestado bajo una forma sensible. De este modo, por medio de la relación del valor, el valor de una mercancía se expresa en el valor de uso de otra, es decir, en el cuerpo de otra mercancía, distinto de él. d) Determinabilidad cuantitativa de la forma relativa del valor que en la relación del valor se encierra.

Sin embargo, las 20 varas de lienzo no son solamente valor en general, es decir, cristalización del trabajo humano; son, además, un valor de determinada magnitud, lo que equivale a decir que materializan una determinada cantidad de trabajo humano. Por tanto, en la relación de valor que media entre el lienzo y la levita la mercancía levita no sólo se equipara cualitativamente al lienzo como valor corpóreo en general, es decir, como materialización del trabajo humano, sino que, además, una determinada cantidad de este valor corpóreo, precisamente 1 levita, y no 1 docena, etc., exactamente lo que se contiene en 1 levita es la misma sustancia de valor o trabajo humano que se encierra en 20 varas de lienzo. e) La forma relativa del valor, en su conjunto.

Así, pues, tenemos, en primer lugar, que es la expresión relativa del valor la que da al valor de la mercancía una forma distinta de su propió valor de uso. La forma de uso de esta mercancía es, por ejemplo, lienzo. En cambio, su forma de valor*reside en su relación de igualdad con la levita. Esta relación de igualdad hace que el cuerpo de otra mercancía materialmente distinto de aquélla se convierta en espejo de su propio ser en cuanto valor, de su propia forma de valor. Adquiere, así, una forma de valor sustantiva, distinta e independiente de su forma natural. Y, en segundo lugar, vemos que, como valor de determinada magnitud, como una determinada magnitud de valor, se mide cuantitativamente por la relación cuantitativamente determinada o la proporción en que se equipare a ella el cuerpo de la otra mercancía.

§ 3. La forma equivalencia!.

a) La forma de la cambiabilidad directa.

En cuanto valores, todas las mercancías son expresiones univalentes, sustituibles entre sí o cambiables, de la misma unidad, del trabajo humano. Por tanto, una mercancía es siempre susceptible de ser cambiada por otra mercancía por cuanto que posee una forma en la que se manifiesta como valor. El cuerpo de una mercancía es directamente cambiable por otra por cuanto que su forma directa, es decir, su propia forma corpórea o natural representa un valor o rige como forma de valor con respecto a otra mercancía. La levita posee esta cualidad en la relación de valor entre el lienzo y ella. De otro modo, no podría expresarse el valor del lienzo en el objeto levita. Por consiguiente, el que una mercancía presente en cualquier caso la forma de equivalente significa solamente esto: que, por el lugar que ocupa en la expresión del valor, su propia forma natural actúa como forma de valor para otra mercancía o presenta la forma de cambiabilidad directa por otra. No necesita, por consiguiente, adoptar previamente una forma distinta de su forma natural directa para manifestarse como valor con respecto a otra mercancía, para actuar como valor frente a ella.

b) La determinabilidad cuantitativa no se contiene en la forma equivalencia1.

El que un objeto que presenta la forma de levita pueda cambiarse directamente por lienzo o un objeto que reviste la forma de oro pueda cambiarse directamente por todas las demás mercancías, es decir, el que una cosa adopte esta forma de equivalente, no encierra absolutamente ninguna determinabilidad cuantitativa. La concepción errónea contraria a ésta nace de las siguientes causas: Primero: La mercancía levita, por ejemplo, que sirve de material para expresar el valor del lienzo, aparece siempre, dentro de esta expresión, como algo cuantitativamente determinado: 1 levita precisamente, y no 12, etcétera. Pero ¿por qué es así? Porque las 20 varas de lienzo, en su expresión relativa de valor, no se expresan simplemente como valor en general, sino que, al mismo tiempo, se miden como una determinada cantidad de valor. Ahora bien, el que 1 levita precisamente, y no 12, contenga el mismo trabajo que.20 varas de lienzo y se equipare, por tanto, a estas 20 varas, no tiene absolutamente nada que ver con la cualidad característica de la mercancía levita, consistente en poder cambiarse directamente por la mercancía lienzo. Segundo: Si 20 varas de lienzo, en cuanto valor de una determinada magnitud, pueden expresarse en 1 levita, la relación puede también invertirse, expresándose y, por tanto, midiéndose cuantitativamente la magnitud de valor de 1 levita en 20 varas de lienzo, pero sólo de un modo indirecto, invirtiendo la expresión; no porque la levita desempeñe el papel de equivalente, sino más bien porque su propio valor se expresa de un modo relativo en el lienzo.

Tercero: La fórmula 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo veden 1 levita podríamos expresarla también así: 20 varas de lienzo y 1 levita son equivalentes, es decir, son valores de igual magnitud. Aquí no expresamos el valor de cualquiera de las dos mercancías en el valor de uso de la otra. Ninguna de las dos mercancías adopta, por tanto, aquí, la forma de equivalente. Equivalente9 en este caso, significa simplemente igual en magnitud9una vez que ambas cosas han sido previamente reducidas en nuestra cabeza, de un modo tácito, a la abstracción valor. c) Características de la forma equivcdencial.

a) Primera característica: el valor de uso se convierte en forma de manifestarse lo contrario a él, el valor.

La forma del valor pasa a ser la forma natural de la mercancía. Pero bien entendido que este quidproquo sólo se da con respecto a la mercancía B (levita, trigo, hierro, etc.) dentro de la relación de valor que establece con ella otra mercancía cualquiera A (lienzo, etc.), única y exclusivamente dentro de esta relación. De por sí, aisladamente considerada, la levita, por ejemplo, no es más que una cosa útil, un valor de uso, exactamente lo mismo que el lienzo, y su forma de levita, por tanto, solamente la forma del valor de uso o la forma natural de un determinado tipo de valor. Pero, como ninguna mercancía puede referirse a sí misma como equivalente, como no puede, por tanto, convertir su propia piel natural en expresión de su propio valor, necesariamente tiene que referirse como equivalente a otra mercancía o convertir la piel natural de otro cuerpo de mercancía en su propia forma de valor.

Puede servir para ilustrar esto el ejemplo de una medida propia de los cuerpos mercancías en cuanto tales, es decir, en cuanto valores de uso. Un pilón de azúcar es un cuerpo; es, por tanto, pesado, tiene un peso, pero no podemos ver ni tocar el peso de un pilón de azúcar. Para poder pesarlo, nos valemos de diferentes trozos de hierro, cuyo peso se establece de antemano. La forma corpórea del hierro, considerada de por sí, no es la forma de manifestarse el peso, como no lo es la del pilón de azúcar. Y, sin embargo, para poder expresar el pilón de azúcar en cuanto cuerpo pesado o en cuanto peso, establecemos una relación de peso entre este objeto y el hierro. En esta relación, el hierro actúa como un cuerpo que representa solamente peso. Las distintas cantidades de hierro sirven, por tanto, de medida de peso del azúcar y representan con respecto al cuerpo azúcar, la simple forma del peso, la forma en que el peso se manifiesta. El hierro sólo desempeña esta función dentro de la relación que establece con él el azúcar o cualquier otro cuerpo cuyo peso se trata de encontrar. Si ambas cosas no fuesen pesadas, no podría establecerse entre ellas esta relación, ni podría, por tanto, la una servir para expresar el peso de la otra. Si ponemos las dos en la balanza vemos, en efecto, que, en cuanto peso, ambas son lo mismo y representan, por consiguiente, una determinada proporción del mismo peso. Pues bien, lo mismo que aquí el cuerpo hierro, en relación con el pilón de azúcar, representa solamente peso, en nuestra expresión de valor el cuerpo levita representa solamente valor con respecto al lienzo.

p) Segunda característica de la forma equivalencia!: el trabajo concreto se convierte en forma de manifestarse lo contrario a él, el trabajo humano abstracto.

La levita actúa, en la expresión de valor del lienzo, como corporeidad de valor; su forma corpórea o natural actúa, pór tanto, como materialización del trabajo humano indistinto, del trabajo humano puro y simple. Pero el trabajo que crea la cosa útil y da a ésta su determinada forma no es el trabajo humano abstracto, el trabajo humano puro y simple, sino un determinado tipo de trabajo útil y concreto: el trabajo del sastre. La forma simple relativa del valor requiere que el valor de una mercancía, eí lienzo por ejemplo, se exprese solamente en un único tipo distinto de mercancía<Cuál sea este otro tipo de mercancía no interesa para nada, en cuanto a la forma simple de valor. En vez de expresarse en la mercancía levita, el valor del lienzo podría expresarse en la mercancía trigo, en la mercancía hierro, etc. Pero, ya se trate de levita, trigo o hierro, el equivalente del lienzo será siempre, con respecto a éste, una materialización del valor, es decir, una materialización de trabajo humano en general. La forma determinada y corpórea del equivalente, ya se trate de la levita, el trigo o el hierro, no será nunca la materialización del trabajo humano abstracto, sino la materialización de un determinado trabajo útil y concreto, el del sastre, el del campesino o el del minero. El trabajo determinado, útil y concreto, que produce la mercancía corpórea equivalente tiene, por tanto, necesariamente, que actuar en la expresión del valor como una determinada forma de realización o de manifestación del trabajo humano puro y simple, es decir, del trabajo humano abstracto. La levita, por ejemplo, sólo puede actuar como corporeidad del valor y, por consiguiente, como materialización del trabajo puro y simple, mientras que el trabajo del sastre actúa como una determinada forma en que se invierte la fuerza humana de trabajo o en que se realiza el trabajo humano abstracto.

Dentro de la relación de valor y de la expresión de valor que lleva implícita, lo general abstracto no rige como cualidad de lo concreto, de lo real-sensible, sino a la inversa: lo sensible-concreto actúa como la simple forma de manifestarse o la determinada forma de realizarse lo general abstracto. El trabajo del sastre, contenido por ejemplo en el equivalente levita, no posee, dentro de la expresión del valor del lienzo, la cualidad general de ser también trabajo humano. Ocurre a la inversa. El ser trabajo humano constituye su esencia y el ser trabajo de sastre solamente la forma de manifestarse o la forma determinada de realizarse esa esencia suya. Y este quidproquo es inevitable, pues el trabajo representado por el producto del trabajo sólo crea valor en cuanto que es trabajo humano indistinto, de tal modo que el trabajo materializado en el valor de un producto no se distingue en nad,a del trabajo materializado en el valor de otro producto diferente.

Esta inversión, en que lo sensible-concreto no es sino la forma de manifestarse lo general-abstracto, y no esto, al revés, la cualidad de lo concreto, caracteriza la expresión del valor. Y, al mismo tiempo, hace difícil comprenderla. Si digo que el derecho romano y el derecho germánico son, ambos, derechos, afirmo algo evidente por sí mismo. Pero si digo que el derecho, es decir, una abstracción, se realiza en el derecho romano y en el germánico, en un derecho concreto, el problema caerá en el campo de la mística.

y) Tercera característica de la forma equivalencial: el trabajo privado se convierte en la forma de lo contrario a él, en trabajo en forma directamente social.

Los productos del trabajo no serían mercancías si no fuesen productos de trabajos privados. La conexión social entre estos trabajos privados se da materialmente en cuanto todos ellos son eslabones de la cadena de una división natural y social del trabajo y en cuanto que, por tanto, satisfacen por medio de sus productos las diferentes necesidades cuyo conjunto forma el sistema también natural de las necesidades sociales. Ahora bien, esta trabazón social material entre trabajos privados que se acometen y realizan independientemente los unos de los otros, sólo puede tener como nexo mediador el intercambio de sus productos, sólo puede, por tanto, llevarse a cabo mediante este intercambio. Por consiguiente, el producté del trabajo privado sólo presenta forma social en cuanto reviste la forma de mercancía y, por tanto, la forma de intercambiabüidad con otros productos del trabajo. Presenta forma directamente social en cuanto que su propia forma corpórea o natural es, al mismo tiempo, la forma de su intercambiabüidad con otra mercancía o rige como forma del valor de ésta. Pero esto, como hemos visto, sólo ocurre con un producto del trabajo cuando, mediante la relación de valor entre otra mercancía y él, reviste la forma de equivalente o desempeña el papel de equivalente con respecto a otra mercancía.

El equivalente tiene forma directamente social en cuanto reviste la forma de intercambiabüidad directa con otra mercancía, y reviste esta forma de intercambiabüidad directa en cuanto actúa como materialización del valor de ella y, por consiguiente, como igual. Por tanto, el trabajo útil y determinado que en él se contiene actúa también como trabajo en forma directamente social, es decir, como trabajo que posee la forma de igualdad con respecto al trabajo contenido en otra mercancía. Un trabajo determinado y concreto, como el trabajo del sastre, sólo puede revestir la forma de igualdad con respecto al trabajo distinto contenido en otra mercancía diferente, por ejemplo en el lienzo, siempre y cuando que su determinada forma actúe como expresión de algo que establezca realmente la igualdad de los diversos trabajos o lo que hay en ellos de igual. Y lo único que tienen de igual es el ser trabajo humano en general, trabajo humano abstracto, es decir, inversión de fuerza humana de trabajo. El trabajo determinado y concreto contenido en el equivalente posee, como hemos visto, la forma de igualdad con respecto a otros trabajos por cuanto que actúan como la forma determinada de realizarse o la forma de manifestarse el trabajo humano abstracto, y a ello se debe el que, aun siendo trabajo privado, como el que produce todas las otras mercancías, sea, sin embargo, trabajo en forma directamente social. Y precisamente por ello cobra cuerpo en un producto susceptible de cambiarse directamente por otra mercancía. Las dos características de la forma equivalencial a que nos hemos referido últimamente se comprenderán mejor si nos remontamos al gran pensador que analizó por primera vez la forma del valor, como tantas otras formas del pensamiento, de la sociedad y de la naturaleza* casi siempre con mayor fortuna que sus modernos continuadores. Nos referimos a Aristóteles. Ante todo, Aristóteles expone con gran claridad que la forma dinero de la mercancía no es sino la forma desarrollada de la forma simple del valor, es decir, de la expresión del valor de una mercancía en otra mercancía cualquiera, y así, dice que la fórmula % lechos = 1 casa” (“20.ivai jtévte dvtl oixíag”)

“no se distingue” de esta otra: “5 lechos = tanto o cuánto dinero” (“/Qívai jTSvre avtl ... oaou ai jievte xXívat”)

Aristóteles se da cuenta, además, de que la relación de valor en que esta expresión de valor se contiene condiciona, a su vez, el que la casa se equipare cualitativamente al lecho y que, a no ser por esta igualdad esencial, cosas diferentes en el campo de lo sensible no podrían relacionarse entre sí como magnitudes conmensurables. “No puede haber cambio —dice— sin igualdad, ni puede existir igualdad sin conmensurabilidad9 (“obY íoÓTrjg pr| oiíorjg Gvppetptag”). Pero al llegar aquí se detiene, perplejo, y abandona el análisis de la forma del valor. “Es en rigor imposible (“tfj psv obv átoy&sla a8úvatov”) —dice— que cosas tan distintas sean conmensurables”, es decir, cualitativamente iguales. Esta equiparación —añade— tiene que ser necesariamente algo ajeno a la verdadera naturaleza de las cosas y, por tanto, un simple “expediente para hacer frente a una necesidad de orden práctico”.

El propio Aristóteles se encarga, pues, de decirnos contra qué se estrella su análisis ulterior, a saber: contra la ausencia de un concepto del valor. ¿Qué es lo igual, es decir, la sustancia común que hace que la casa pueda expresarse en el lecho, en la expresión del valor de éste? Ese algo común “no puede, en rigor, existir 9, dice el pensador antiguo. ¿Por qué? La casa se representa como algo igual al lecho, en cuanto constituye lo que hay de realmente igual en ambas cosas, que es el trabajo humano. Ahora bien, Aristóteles no podía desentrañar de la forma de valor de las mercancías el por qué en la forma de los valores de las mercancías todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual y, por tanto, como equivalentes, porque la sociedad griega descansaba sobre el trabajo de los esclavos, razón por la cual tenía <íomo base natural la desigualdad de los hombres y de sus trabajos. El secreto de la expresión del valor, la igualdad y la vigencia igual de todos los trabajos, en cuanto todos ellos son trabajo humano en general, sólo puede descifrarse allí donde el concepto de la igualdad humana ha alcanzado la firmeza de un prejuicio popular. Y esto sólo puede ocurrir en una sociedad en que la forma mercancía se convierte en la forma general del producto del trabajo, en la que, por tanto, la relación social dominante es la relación entre los hombres como poseedores de mercancías. El genio de Aristóteles brilla precisamente en el hecho de haber descubierto en la expresión del valor de las mercancías una relación de igualdad. Y solamente la limitación histórica de la sociedad en que vivía le impidió desentrañar en qué consistía “en rigor” esta relación de igualdad.

8) Cuarta característica de la forma equivalencial: el fetichismo de la forma de la mercancía es más ostensible en la forma relativa del valor. El hecho de que los productos del trabajo, cosas útiles como la levita, el lienzo, el trigo, el hierro, etc., sean valores, determinadas magnitudes de valor y, en general, mercancías son cualidades que, naturalmente, sólo presentan en nuestra comercio, pero que no les corresponden por naturaleza, como la cualidad, por ejemplo, de ser pesadas, de abrigar o de alimentar. Pero, dentro de nuestro comercio, estas cosas se comportan entre sí como mercancías. Son valores, son mensurables como magnitudes de valor, y su cualidad de valor,..común a todas ellas, las enlaza en una relación de valor. Ahora bien, el que, por ejemplo, 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita expresa solamente 1) que los 2 0 0 CARLOS MARX distintos trabajos necesarios para producir estas cosas se equiparan en cuanto trabajo humano; 2) que la cantidad de trabajo invertido en su producción se mide con arreglo a determinadas leyes sociales, y 3) que el sastre y el tejedor se enlazan en una determinada relación social de producción. Es una determinada conexión social entre los productores, en la que equiparan sus diferentes trabajos útiles como trabajo humano. Se trata de una determinada relación social entre productores, en la que miden la magnitud de sus trabajos por el tiempo que dura la inversión de la fuerza humana de trabajo. Pero, dentro de nuestro comercio, estos caracteres sociales de sus propios trabajos se les antojan a ellos cualidades sociales de la naturaleza, determinaciones objetivas de los productos mismos del trabajo, la igualdad que media entre dós trabajos humanos se les representa como cualidades de valor de los productos del trabajo, la medida del trabajo por medio del tiempo de trabajo socialmente necesario como magnitud de valor de los productos del trabajo mismo y, finalmente, la relación social entre los productores a través de sus trabajos como una relación de valor o una relación social entre estas cosas, entre los productos del trabajo. Ello hace precisamente que los productos del trabajo se manifiesten ante ellos como mercancías, como cosas suprasensibles a través de los sentidos o cosas sociales. Del mismo modo que la impresión luminosa de un objeto sobre el nervio visual no se nos representa como la excitación subjetiva del nervio del ojo, sino como la forma objetiva de una cosa situada fuera de él. Pero lo que realmente ocurre, en la visión, es que una cosa, el objeto exterior, proyecta luz sobre otra, que es el ojo. Se trata de una relación física entre cosas físicas. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo no tiene absolutamente riada que ver con su naturaleza física ni con las relaciones materiales que de ella emanan. Es, simplemente, una determinada relación social entre los hombres mismos, que adopta para ellos la forma fantasmagórica de una relación entre cosas. Para encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que evadirnos hacia la nebulosa región del mundo religioso. Aquí vemos que los productos del espíritu humano se representan como dotados de vida propia, como formas sustantivas relacionadas entre sí y con el hombre. Pues bien, lo mismo ocurre, en el mundo de las mercancías, con los productos del trabajo del hombre. Es lo que yo llamo el fetichismo adherido a los productos del trabajo, a partir del momento en que adquieren el carácter de mercancías, fenómeno que es, por tanto, inherente a la producción de mercancías e inseparable de ella. Ahora bien, este carácter fetichista se manifiesta de un modo más ostensible en la forma equivalencial que en la forma relativa del valor. En efecto, la forma relativa del valor tiene como vehículo o mediador su relación con otra mercancía. Mediante esta forma del valor, el valor de la mercancía se expresa como algo totalmente distinto de su propia existencia sensible. Y ello lleva implícito, al mismo tiempo, el que el ente valor seavuna relación ajena a la cosa misma y, por tanto, su relación de valor con respecto a otra cosa no puede ser sino la forma do manifestarse de una relación social oculta tras ella. Lo contrario ocurre con la forma equv valencial. Esta consiste precisamente en que la forma corpórea o natural de una mercancía actúa directamente como forma social, como forma de valor para otra mercancía. Dentro de nuestro comercio se presenta, pues, como cualidad social natural de una cosa, como una propiedad que le corresponde por obra de la naturaleza, el hecho de poseer forma equivalencial y, por tanto, el hecho de ser, en su existencia sensible, directamente cambiable por otras cosas. En vista de que, dentro de la expresión de valor de la mercancía A, corresponde por naturaleza a la mercancía B la forma equivalencial, se considera que esta función es también inherente por naturaleza a la segunda, aun fuera de dicha relación. De ahí, por ejemplo, lo que tiene de misterioso el oro, el cual, aparte de sus otras cualidades naturales, el color y el brillo, el peso específico, la inoxidabilidad bajo la acción del aire, etc., parece como si poseyera también por naturaleza la forma equivalencial o la cualidad social de poder cambiarse directamente por todas las demás mercancías.

§ 4. Tan pronto como el valor se manifiesta de un modo independiente, adopta la forma de valor de cambio. La expresión del valor tiene dos polos, la forma relativa del valor y la forma equivalencial. Por lo que se refiere, ante todo, a la mercancía que actúa como equivalente, ésta rige para la otra mercancía como plasmación del valor, como cuerpo en forma directamente cambiable, como valor de cambio. En cambio, la mercancía cuyo valor se expresa en términos relativos adopta la forma de valor de cambio: 1) en cuanto que su ser valor se manifiesta en la posibilidad de cambiar otra mércancía corpórea por ella, y 2) en cuanto que su magnitud de valor se expresa mediante la proporción en que puede cambiarse por ella otra mercancía. El valor de cambio es, por tanto, en general, la forma independiente de manifestarse el valor de la mercancía.

§ 5. La forma simple de valor de la mercancía es la forma simple en que se manifiesta la contradicción contenida en ella de valor de uso y valor de cambio.

En la relación de valor entre el lienzo y la levita, la forma natural del lienzo actúa solamente como plasmación del valor de uso y la forma natural de la levita solamente como la forma del valor o plasmación del valor de cambio. La contradicción interna de valor de uso y valor contenida en la mercancía aparece, pues, representada por medio de una contradicción externa, es decir, por medio de la relación de dos mercancías, una de las cuales sólo actúa directamente como valor de uso, mientras que la otra funciona tan sólo, directamente, como valor de cambio, o en la que las dos determinaciones antagónicas de valor de uso y valor de cambio aparecen distribuidas polarmente entre dos mercancías. Cuando digo que, como mercancía, el lienzo es valor de uso y valor de cambio, emito un juicio, obtenido por el análisis, acerca de la naturaleza de la mercancía. En cambio, en la fórmula 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita, el lienzo mismo se encarga de decir 1) que es valor de uso (lienzo), 2) que es valor de cambio, distinto de aquél (algo igual a la levita), y 3) que es la unidad de ambas cosas distintas, es decir, una mercancía.

§ 6. La forma simple del valor de la mercancía es la forma simple de mercancía del producto del trabajo.

La forma de un valor de uso trae al mundo consigo el producto del trabajo en su forma natural. Ya sólo necesita, por tanto, de la forma del valor para que adopte la forma mercancía, es decir, para que se manifieste como unidad de los términos antagónicos valor de uso y valor de cambio. El desarrollo de la forma del valor es, por consiguiente, idéntico con el desarrollo de la forma mercancía.

§ 7. Relación entre la forma del valor y la forma dinero. Si sustituimos la fórmula 20 varas de lienzo = 1 levita o 20 varas de lienzo valen 1 levita por la forma 20 varas de lienzo = 2 libras esterlinas o 20 varas de lienzo valen 2 libras esterlinas, vemos en seguida que la forma dinero no es otra cosa que la estructura desarrollada de la forma simple de valor de la mercancía, es decir, de la forma simple mercancía del producto del trabajo. La forma dinero no es más que la forma mercancía desarrollada, razón por la cual brota, evidentemente, de la forma simple mercancía. De aquí que, cuando se ha comprendido ésta, sólo queda detenerse a considerar la serie de metamorfosis por la que tiene que pasar la forma mercancía simple 20 varas de lienzo = 1 levita para adoptar la estructura 20 varas de lienzo = 2 libras esterlinas.

§ 8. Forma simple relativa del valor y forma singular de equivalente. El lienzo da a la expresión del valor en la levita una forma de valor en la que sólo se distingue, en cuanto valor, de sí misma en cuanto valor de uso. Además, esta forma sólo la relaciona con la levita, es decir, con una mercancía singular, distinta de ella. Pero, en cuanto valor, es lo mismo que las demás mercancías. De ahí que su forma de valor deba ser también una forma que establezca una relación de igualdad cualitativa y proporcionalidad cuantitativa con todas las otras mercancías. A la forma simple relativa de una mercancía corresponde la forma singular de equivalente de otra mercancía. En otras palabras, la mercancía en que se expresa el valor sólo funciona aquí como equivalente singular. Así, por ejemplo, en la expresión relativa de valor del lienzo la levita sólo adopta la forma de equivalente o la forma de cambiabilidad directa con respecto a esta otra mercancía singular que es el lienzo.

§ 9. Tránsito de la forma simple del valor a la forma del valor desarrollada.

La forma simple del valor lleva consigo el que el Valor de una mercancía se exprese solamente en una mercancía de otra clase, pero cualquiera que ella sea. Así, pues, el lienzo será expresión simple relativa del valor, ya se exprese su valor en hierro, en trigo, etc., lo mismo que si se expresa en la mercancía levita. Por consiguiente, según que aparezca enlazada en relación de valor con esta mercancía o la otra, surgirán distintas expresiones simples relativas de valor del lienzo. En potencia, tendrá tantas expresiones simples distintas de valor como mercancías aparte del lienzo existan. En realidad, por tanto, su expresión relativa total de valor no se cifra en una sola expresión simple relativa del valor, sino en la suma de todas ellas. Y así, obtenemos: II. La forma total o desplegada del valor.

20 varas de lienzo — 1 levita o — 10 libras de té o = 40 libras de cajé o — 1 quarter de trigo o — 2 onzas de oro o ~ % tonelada de hierro o = etc. § 1. Una serie infinita.

Esta serie de expresiones simples y relativas de valor es, por su naturaleza, susceptible de alargarse hasta el infinito; no termina nunca. Siempre aparecerán nuevas clases de mercancías, y cada una de ellas servirá de material para una nueva expresión del valor.

§ 2. La forma relativa de valor desplegada.

El valor de una mercancía, el del lienzo, por ejemplo, se representa ahora en todos los demás elementos del mundo de las mercancías. Cualquier otro cuerpo de mercancía sirve de espejo del valor del lienzo. Así, este valor se manifiesta aquí, verdaderamente por vez primera, como cristalización del trabajo humano indistinto. En efecto, el trabajo creador del valor del lienzo se representa ahora, expresamente, como un trabajo al que se equipara cualquier otro trabajo humano, independientemente de la forma natural que adopte, ya se materialice en una levita, en trigo, en hierro, en oro, etc. Así, pues, por su forma de valor el lienzo mantiene aquí una relación social, no con una clase singular de mercancía, como antes, sino con el mundo de las mercancías, en general. Es, en cuanto mercancía, ciudadano de este mundo. Y, al mismo tiempo, la serie infinita de sus expresiones implica que al valor de la mercancía le es indiferente cualquier forma especial del valor de uso bajo la que se presente. § 3. La forma especial de equivalente.

Cada mercancía, la levita, el té, el trigo, etc., actúa en la expresión del valor del lienzo como equivalente y, por tanto, como corporeidad del valor. La forma natural determinada de cada una de estas mercancías constituye ahora una forma especial de equivalente, junto a otras muchas. Y los múltiples tipos de trabajo determinativo, concreto y útil que se contienen en los distintos cuerpos de mercancías son considerados también, aquí, como otras tantas formas especiales en que se realiza o manifiesta el trabajo humano puro y simple.

§ 4. Defectos de la forma desarrollada o total del valor. En primer lugar, la expresión relativa del valor del lienzo es, aquí, incompleta, pues la serie de sus representaciones no acaba nunca. En segundo lugar, aparece formada por un abigarrado mosaico de expresiones de valor dispersas y heterogéneas. Por último, si el valor relativo de toda mercancía se expresa, como necesariamente tiene que ocurrir, en esta forma desplegada, tendremos que la forma relativa de valor de toda mercancía será una serie infinita de expresiones de valor distintas de la forma relativa de valor de cualquiera otra mercancía. Los defectos de la forma relativa desplegada del valor se reflejan en la forma equivalencia1 correspondiente a ella. Como la forma natural de cada tipo singular de mercancía es, aquí, una forma especial de equivalente junto a otras innumerables, ello quiere decir que sólo existen formas equivalenciales limitadas, cada una de las cuales excluye a las demás. Y lo mismo ocurre con el trabajo determinado, concreto y útil contenido en cada equivalentemercancía especial: es sólo una forma especial, y por tanto no exhaustiva, de manifestarse el trabajo humano. Este posee su forma total o completa de manifestarse en la totalidad de aquellas formas especiales. Pero no posee, por ello mismo, una forma unitaria de manifestarse. § 5. Tránsito de la forma total a la forma general del valor. Sin embargo, la forma relativa del valor total o desplegada está integrada simplemente por la suma de las expresiones simples relativas de valor o por ecuaciones de la primera forma, tales como 20 varas de lienzo = 1 levita 20 varas de lienzo — 10 libras de té, etc.

Cada una de estas ecuaciones encierra, a su vez, la ecuación inversa: 1 levita = 20 varas de lienzo 10 libras de té = 20 varas de lienzo, etc.

En efecto, si el poseedor del lienzo cambia su mercancía por muchas otras y, por tanto, expresa el valor de su mercancía en toda una serie de mercancías distintas, ello quiere decir necesariamente que también los muchos otros poseedores de mercancías podrán cambiar las suyas por lienzo y que, por tanto, los valores de sus diferentes mercancías se expresan en la misma tercer mercancía, que es el lienzo. Por consiguiente, si invertimos la serie 20 varas de lienzo = 1 levita o — 10 libras de té o = etc., es decir, si expresamos la inversión que ya de por sí, implícitamente, se contiene en la serie, obtendremos: III. La forma general del valor.

1 levita 10 libras de té 40 libras de café 1 quarter de trigo 2 onzas de oro % tonelada de hierro X mercancía A etc. mercancía 20 varas de lienzo § 1. Cambio de estructura de la forma relativa del valor. La forma relativa del valor presenta, ahora, una estructura totalmente cambiada. Aquí, todas las mercancías expresan su valor 1) de un modo simple, es decir, en un solo cuerpo de mercancía distinto, 2) de un modo unitario, o sea en el mismo cuerpo de mercancía distinto. Su forma de valor es simple y común, es decir, general. El lienzo actúa, ahora, como forma de valor común y general de todos los diferentes cuerpos de las mercancías. La forma de valor de una mercancía, es decir, la expresión de su valor en lienzo, no sólo se distingue, aquí, en cuanto valor de su propia existencia como objeto de uso, es decir, de su propia forma natural, sino que, al mismo tiempo, se refiere, en cuanto valor, a todas las otras mercancías, a todas las mercancías, como a sus iguales. Lo que quiere decir que posee, en esta forma de valor, una forma social general. Este carácter general, y sólo él, es el que hace posible que la forma del valor corresponda al concepto del valor. La forma del valor tiene que ser, como hemos visto, una forma en la que las mercancías se representen las unas a las otras como simples cristalizaciones del trabajo humano indistinto y homogéneo, es decir, como expresiones materiales de la misma sustancia trabajo. Pues bien, esto es lo que se logra ahora, Aquí, todas las mercancías se expresan, en efecto, como materialización del mismo trabajo, del trabajo contenido en el lienzo, o como la misma materializa* ción del trabajo, es decir, como lienzo. De este modo, quedan cualitativamente equiparadas. Pero, al mismo tiempo, aparecen cuantitativamente comparadas o representadas las unas por las otras en cuanto determinadas magnitudes de valor. Por ejemplo, 10 libras de té = 20 varas de lienzo y 40 libras de café = 20 varas de lienzo. Por tanto, 10 libras de té = 40 libras de café. Dicho de otro modo: 1 libra de café contiene la cuarta parte de sustancia de valor de trabajo que 1 libra de té.

§ 2. Cambio de estructura de la forma equivalencial. La forma especial de equivalente se ha desarrollado, ahora, para convertirse en la forma de equivalente general. En otros términos, la mercancía que adopta la forma de equivalente es ahora un equivalente general. La forma natural de la corporeidad mercancía lienzo, al actuar como estructura de valor de todas las otras mercancías, es la forma de su indiferencia o de su cambiabilidad directa con respecto a todos los elementos del mundo de las mercancías. Por tanto, su forma natural es, al mismo tiempo, su forma social general.

Para todas las demás mercancías, aunque productos de los más diversos trabaios, el lienzo actúa como la forma de manifestarse los trabajos que en ellas se contienen y, por consiguiente, como materialización de un trabajo humano homogéneo e indistinto. El trabajo textil, por ejempo, este tipo especial y concreto de trabajo, pasa a ser, ahora, por tanto, mediante la relación de valor entre el mundo de las mercancías y el lienzo, la forma general y directamente exhaustiva de realizarse el trabajo humano abstracto, es decir, de la inversión de fuerza humana de trabajo en general.

He ahí por qué el trabajo privado contenido en el lienzo vale también como trabajo que reviste directamente una forma social general o la forma de la igualdad con todos los demás trabajos. Por tanto, cuando una mercancía adopta la forma general de equivalente o funciona como equivalente general, su forma natural o corpórea actúa como la encarnación visible, como la materialización social general de todo trabajo humano.

§ 3. Relación proporcional de desarrollo entre la forma relativa del valor y la forma equivalencial.

Al grado de desarrollo de la forma relativa del valor corresponde el grado de desarrollo de la forma equivalencial. Pero —y conviene fijarse bien en esto— el desarrollo de la forma equivalencial es solamente expresión y resultado del desarrollo de la forma relativa de valor. La iniciativa parte de ésta. La forma relativa de valor simple sólo expresa el valor de una mercancía en otra mercancía única, lo mismo da en cuál. La mercancía cobra así solamente forma de valor, a diferencia de su propio valor de uso o de su propia forma natural. Y su equivalente sólo adopta también la forma equivalencial singular. La forma relativa de valor desplegada expresa el valor de una mercancía en todas las demás. Estas adoptan, por tanto, la forma de muchos equivalentes especiales o la forma del equivalente especial. Por último, el mundo de las mercancías asume una forma relativa de valor unitaria y general cuando destaca de su seno un solo tipo de mercancía en la que todas las demás expresan conjuntamente su valor. Con ello, la mercancía destacada se erige en equivalente general o, lo que es lo mismo, la forma de equivalente se convierte en forma de equivalente general.

§ 4. Desarrollo de la contraposición polar entre la forma relativa de valor y la forma equivalencial.

La contraposición polar, o sea la inseparable trabazón, que es a un tiempo mismo la constante y mutua explosión de la forma relativa de valor y la forma equivalencial, de tal modo que 1) una mercancía no puede revestir una de estas dos formas sin que otra mercancía asuma al mismo tiempo la forma contraria, y 2) que a partir del momento en que una mercancía adopta una forma, no puede asumir simultáneamente, dentro de la misma expresión de valor, la otra forma, sino que esta contraposición polar de los dos términos de la expresión del valor se desarrolla y se plasma a medida que va desarrollándose la forma del valor en general. En la forma I se excluyen ya las dos formas, pero sólo de un modo formal. Según que la misma ecuación se lea en sentido directo o en sentido inverso, cada una de las dos mercancías que forman los dos términos de la ecuación, por ejemplo el lienzo y la levita, ocupan equilibradamente ya el puesto de la forma relativa de valor, ya el de la forma equivalencial. En esta forma cuesta todavía cierto trabajo el retener la contraposición polar.

En la forma II, una clase de mercancía sólo puede desplegar totalmente cada vez su valor relativo o sólo adopta por sí misma la forma relativa de valor desplegada, por cuanto y en la medida en que todas las demás mercancías revistan con respecto a ella la forma equivalencial. En la forma III, finalmente, el mundo de las mercancías sólo asume la forma relativa de valor social general por cuanto y en cuanto que todas las mercancías que lo forman se hallan excluidas de la forma equivalencial, o sea de la forma de la cambiabilidad directa. Y, a la inversa, la mercancía que adopta la forma general de equivalente o que figura como equivalente general queda excluida de la forma unitaria y, por tanto, de la forma relativa general de valor del mundo de las mercancías. En efecto, si el lienzo, es decir, cualquier mercancía que adoptara la forma de equivalente general, participase al mismo tiempo de la forma relativa general de valor, tendría que referirse a sí misma como equivalente. Tendríamos, así, la fórmula de 20 varas de lienzo — 20 varas de lienzo, pura tautología que no expresaría ni el valor ni su magnitud. Para poder expresar el valor relativo del equivalente general tenemos que invertir la forma III. Dicho equivalente no presenta ninguna forma relativa de valor en común con las otras mercancías, sino que su valor se expresa de un modo relativo en la serie infinita de todos los demás cuerpos de las mercancías. Y así, la forma relativa de valor desplegada o forma II aparece ahora como la forma relativa de valor específica de la mercancía que desempeña el papel del equivalente general.

§ 5. Tránsito de la forma general de valor a la forma dinero. La forma de equivalente general es una forma del valor en general. Puede, pues, adoptarla cualquier mercancía, siempre y cuando que excluya de ella a todas las demás. Sin embargo, ya la simple diferencia de forma entre la forma II y la forma III muestra algo propio y peculiar, que no distingue entre sí a las formas I y II. En efecto, en la forma de valor desplegada (forma II) vemos que una mercancía excluye a todas las demás, para expresar en ellas su propio valor. Esta exclusión puede representar un proceso puramente subjetivo, por ejemplo, un proceso personificado en el poseedor del lienzo, que estime el valor de su propia mercancía en muchas otras. En cambio, una mercancía sólo adopta la forma de equivalente general (forma III) siempre y cuando que sea destacada por todas las demás como equivalente. Aquí, la exclusión constituye un proceso objetivo, independiente de la mercancía eliminada. Por tanto, en el desarrollo histórico de la forma mercancía puede la forma de equivalente general corresponder a esta o aquella mercancía, sucesivamente. Ahora bien, ninguna mercancía puede actuar realmente como equivalente general a menos que se la destaque y adquiera, por tanto, forma de equivalente como resultado de un proceso social objetivo.

La forma general de valor es la forma del valor desarrollada y, por tanto, la forma desarrollada de la mercancía. Los productos del trabajo, totalmente distintos entre sí desde el punto de vista material, no pueden poseer la forma acabada de mercancías ni, por consiguiente, funcionar como mercancías en el proceso de cambio, hasta que se las represente como expresiones materiales del mismo trabajo humano igual. Dicho en otros términos, para adoptar la forma acabada de mercancías necesitan asumir la forma relativa de valor unitaria y general. Y esta forma relativa de valor unitaria sólo puede adquirirla cuando destaquen de su propia serie una determinada clase de mercancía como equivalente general. Solamente desde el momento en que esta eliminación se limite definitivamente a un tipo específico de mercancía, adquirirá la forma relativa de valor unitaria firmeza objetiva y validez social general.

Ahora bien, el tipo específico de mercancía con cuya forma natural se entrelaza socialmente la forma de equivalente pasa a ser la mercancía dinero o funciona como dinero. Adquiere como función social específica y, por tanto, como monopolio social suyo la función de equivalente general dentro del mundo de las mercancías. Este lugar privilegiado lo conquista históricamente, entre las mercancías que figuran en la forma II como equivalentes especiales del lienzo y que en la forma III expresan conjuntamente en el lienzo su valor relativo, una determinada mercancía, que es el oro. Así, pues, si en la forma III ponemos la mercancía oro en lugar de la mercancía lienzo, obtendremos: IV. La forma dinero.

20 varas de lienzo 1 levita 10 libras de té 40 libras de café 1 quarter de trigo Y2 tonelada de hierro X mercancía A etc. mercancía — 2 onzas de oro § 1. En qué se diferencia el tránsito de la forma genercd de valor a la forma dinero de los tránsitos evolutivos anteriores. En el paso de la forma I a la II y de la forma II a la III se producen cambios esenciales. En cambio, la forma IV no se distingue en nada de la forma III, como no sea en que, ahora, es el oro en vez del lienzo el que asume la forma de equivalente general. En la forma IV el oro es lo que era el lienzo en la III: equivalente general. El único paso de avance consiste en que, aquí, la forma de la cambiabilidad general directa o la forma de equivalente general aparece definitivamente entrelazada por el hábito social con la forma natural específica de la corporeidad mercancía oro. El oro se enfrenta a las demás mercancías como dinero porque ya antes se enfrentaba a ellas como mercancía. Al igual que las demás mercancías, funcionaba también como equivalente, bien como equivalente singular en los actos sueltos de intercambio, bien como equivalente especial, junto a otros equivalentes-mercancías. Poco a poco, pasó a funcionar, en círculos más restringidos o más amplios, como equivalente general. En cuanto conquista el monopolio de esta función en la expresión de valor del mundo de las mercancías se convierte en la mercancía dinero, y sólo a partir del momento en que se ha convertido ya en la mercancía dinero se distingue la forma IV de la forma III o, lo que es lo mismo, se convierte la forma general del valor en la forma dinero. § 2. Cómo se convierte la forma relativa de valor general en la forma precio.

La expresión relativa de valor simple de una mercancía, por ejemplo el lienzo, en la mercancía que funciona ya como mercancía dinero, por ejemplo en el oro, es la forma precio. La forma precio del lienzo sería, por tanto: 20 varas de lienzo —2 onzas de oro o, suponiendo que 2 libras esterlinas sea el nombre monetario de 2 onzas de oro, 20 varas de lienzo — 2 libras esterlinas.

§ 3. La forma simple mercancía es el secreto de la forma dinero. Como se ve, la verdadera forma dinero no plantea de por sí la menor dificultad. Una vez que se ha penetrado en la forma de equivalente general no cuesta quebradero de cabeza alguno comprender que esta forma de equivalente se vincule a un tipo de mercancía específico como el oro, con tanta mayor razón cuanto que la forma de equivalente general condiciona, por su propia naturaleza, la exclusión social de un determinado tipo de mercancía por todas las demás. Ahora, se trata únicamente de que esta exclusión adquiera consistencia social objetiva y validez general y, por tanto, de que no recaiga sucesivamente sobre diferentes mercancías ni tenga un radio de acción puramente local, circunscrito a unos cuantos círculos del mundo de las mercancías. La dificultad que ofrece el concepto de la forma dinero se limita al problema de comprender la forma de equivalente general y, por tanto, la forma general del valor en su conjunto, la forma III. Pero la forma III va implícita, invertidos los términos, en la forma II, y el elemento constitutivo de la forma II es la forma 1: 20 vams de lienzo —1 levita o x mercancía A — y mercancía B. Ahora bien, sabiendo qué es el valor de uso y qué el valor de cambio, se ve que esta forma I constituye la forma más simple, menos desarrollada, de representar cualquier producto del trabajo, por ejemplo el lienzo, como mercancía, es decir, corno unidad de los contrarios valor de uso y valor de cambio. Partiendo de aquí, es fácil descubrir, al mismo tiempo, la serie de metamorfosis que necesariamente tiene que recorrer la forma simple de valor 20 varas de lienzo — 1 levita hasta desembocar en su forma acabada y definitiva: 20 varas de lienzo = 2 libras esterlinas. es decir, en la forma dinero.

De la primera edición de El Capital.

Tomado de Karl Marx, Das Kapital, tomo I, Hamburgo, 1867, págs. 764-784. Escritos económicos.—14