El 16 de diciembre Karl Marx pronunció una conferencia en la Asociación de Cultura Obrera de Londres sobre la situación de Irlanda, de la cual se desprende que todas las tentativas que el gobierno inglés emprendió en los siglos anteriores para anglicanizar a la población irlandesa resultaron infructuosas. Los ingleses inmigrados hasta la época de la Reforma, incluidos los aristócratas, fueron transformados en irlandeses por las mujeres irlandesas, y sus descendientes combatieron contra Inglaterra. Las crueldades de la guerra llevada contra los irlandeses bajo la reina Isabel, la destrucción de las sementeras, el traslado de la población de una comarca a otra para hacer sitio a colonos ingleses, no cambiaron nada en la cosa. En aquel tiempo, gentlemen y mercaderes aventureros recibieron grandes extensiones de tierra bajo la condición de colonizarlas con ingleses. En tiempos de Cromwell, los descendientes de esos colonos batallaron junto a los irlandeses contra los ingleses. Cromwell vendió a muchos de ellos como esclavos a las Indias Occidentales. Bajo la Restauración, Irlanda fue ampliamente favorecida. Bajo Guillermo III llegó al poder una clase que solo quería hacer dinero, y para obligar a los irlandeses a vender sus materias primas a cualquier precio a Inglaterra, se suprimió la industria de Irlanda. Con ayuda del código penal protestante, los nuevos aristócratas obtuvieron carta blanca bajo la reina Ana. El Parlamento irlandés era un medio de opresión. Quien era católico no podía ejercer ningún cargo público, no podía ser propietario de tierras, no podía hacer testamento, no podía aceptar herencia; ser obispo católico era alta traición; todos estos eran medios para despojar a los irlandeses de su país; sin embargo, más de la mitad de la descendencia inglesa en el Ulster ha permanecido católica. El pueblo fue empujado a los brazos del clero católico, que obtuvo así su poder. Todo lo que el gobierno inglés ha logrado es plantar una aristocracia en Irlanda. Las ciudades construidas por los ingleses se han vuelto irlandesas. Por eso hay tantos nombres ingleses entre los fenianos.

En tiempos de la guerra de independencia americana se aflojaron algo las riendas. Nuevas concesiones se hicieron necesarias en tiempos de la Revolución Francesa. Irlanda se levantó con tanta rapidez que sus habitantes amenazaban con sobrepasar a los ingleses. El gobierno inglés los empujó a la rebelión, y mediante soborno logró la Unión. Por medio de la Unión, la renaciente industria irlandesa recibió el golpe de gracia. Mitchel dijo en cierta ocasión: todas las ramas industriales irlandesas están destruidas, solo nos ha quedado la fabricación de ataúdes. Poseer tierra se convirtió en condición de vida; los grandes terratenientes arrendaban sus tierras a especuladores; pasaban a través de cuatro o cinco escalones de contratos de arriendo hasta llegar al campesino, con lo cual los precios se volvían desproporcionadamente altos. La población agrícola vivía de patatas y agua; trigo y carne se enviaban a Inglaterra; la renta se consumía en Londres, en París y en Florencia. En el año 1836 se enviaron al extranjero 7,000,000 de libras esterlinas a terratenientes absentistas. Con los productos y con la renta se exportaba también el estiércol; la tierra quedó agotada. Las hambrunas parciales eran frecuentes, pero con la enfermedad de la patata de 1846 sobrevino una hambruna general. Un millón de personas murieron de hambre. La enfermedad de la patata fue una consecuencia del agotamiento del suelo, un producto de la dominación inglesa.

Con la abolición de las leyes de cereales, Irlanda perdió el monopolio del mercado inglés; el viejo arriendo ya no pudo pagarse por más tiempo. Los altos precios de la carne y la bancarrota de los pequeños terratenientes que aún quedaban contribuyeron a que los pequeños campesinos fuesen expulsados y sus tierras convertidas en pastos para ovejas. Desde 1860 se ha sacado de cultivo más de medio millón de acres de tierra. El rendimiento por acre ha disminuido: avena un 16 por ciento, lino un 36 por ciento, patatas un 50 por ciento. Ahora solo se cultiva avena para el mercado inglés, y el trigo se importa.

Con el agotamiento del suelo, la población se ha deteriorado físicamente. Los cojos, los ciegos, los sordomudos y los enfermos mentales han aumentado en términos absolutos, pese a la decreciente población.

Más de 1,100,000 personas han sido sustituidas por 9,600,000 ovejas. En Europa es algo insólito. Los rusos sustituyen a los polacos deportados por rusos, no por ovejas. Solo entre los mongoles en China se deliberó en tiempos la cuestión de demoler las ciudades para hacer sitio a las ovejas.

La cuestión irlandesa no es, por tanto, una simple cuestión de nacionalidad, sino una cuestión de tierra y de existencia. Hundimiento o revolución es la consigna; los irlandeses están todos convencidos de que, si algo ha de suceder, debe suceder rápidamente. Los ingleses deberían exigir la separación y dejar a los irlandeses, a ellos solos, la tarea de resolver la cuestión de la propiedad de la tierra. Todo lo demás es inútil. Si no se hace pronto, la emigración irlandesa provocará una guerra con América. La dominación de Irlanda es hoy el cobro de la renta para la aristocracia inglesa.