Karl Marx

El gobierno inglés y los prisioneros fenianos

*L’Internationale.*  
N.º 59, 27 de febrero de 1870

El gobierno inglés y los prisioneros fenianos.

Londres, 21 de febrero de 1870.

El silencio que se observa en la prensa europea sobre las infamias cometidas por este gobierno oligárquico‑burgués se debe a diversas razones. En primer lugar, el gobierno inglés es rico, y la prensa, como sabéis, es inmaculada. Además, el gobierno inglés es el gobierno modelo, reconocido como tal por los *landlords*, por los capitalistas del continente e incluso por Garibaldi (véase su libro): por consiguiente, no hay que hablar mal de este gobierno ideal. Por último, los republicanos franceses tienen el espíritu bastante estrecho y bastante egoísta como para reservar todas sus cóleras para el imperio. Sería un crimen de lesa‑frase informar a sus compatriotas de que en el país de la libertad burguesa se castiga con 20 años de trabajos forzados lo que en el país de los cuarteles se castiga con 6 meses de prisión. Acompaño algunos detalles extraídos de los periódicos ingleses sobre los tratos infligidos a los prisioneros fenianos:

MULCAHY, subdirector del periódico *The Irish People* (*El Pueblo Irlandés*), condenado por haber tomado parte en la conspiración feniana, fue uncido en Dartmoor a una carreta cargada de piedras, con un collar de hierro al cuello.

O’DONOVAN ROSSA, propietario de *The Irish People*, estuvo durante 35 días hundido en un calabozo oscuro, con las manos encadenadas detrás de la espalda, noche y día. Ni siquiera se le desataba para tomar su alimento, una sopa aguada que le dejaban en el suelo de la prisión.

KICKHAM, uno de los redactores de *The Irish People*, aunque no podía servirse de su brazo derecho a causa de un absceso, fue obligado a sentarse con sus compañeros de prisión, sobre un montón de escombros y en medio de las nieblas y del frío de noviembre, a partir piedras y ladrillos con la mano izquierda. Por la noche volvía a su celda y no tenía por todo alimento más que 6 onzas de pan y una pinta de agua caliente.

O’LEARY, un anciano de sesenta a setenta años, estando en prisión, fue puesto durante tres semanas a pan y agua porque no quería renunciar al paganismo (así es, al parecer, como un carcelero designa el librepensamiento) y hacerse papista, o protestante, o presbiteriano, o incluso cuáquero, o, en fin, abrazar una de las numerosas religiones entre las cuales el director de la prisión dejaba la elección al pagano irlandés.

MARTIN H. CAREY está encarcelado en una casa de locos, en Millbank. El silencio y los demás malos tratos que se le han infligido le han hecho perder la razón.

El coronel RICHARD BURKE no se halla en mejor estado. Un amigo suyo escribe que su razón está afectada, su memoria perdida y que sus andares, sus modales y su lenguaje denotan a un insensato.

Los prisioneros políticos son arrastrados de una prisión a otra, como si fuesen bestias feroces. Se les impone la compañía de los más viles maleantes; se les obliga a limpiar los utensilios que han servido a esos miserables; a llevar las camisas y las franelas de esos criminales, muchos de los cuales están aquejados de las enfermedades más repugnantes, y a bañarse en el agua que ellos han usado. Todos esos criminales podían conversar con los visitantes hasta la llegada de los fenianos a Portland. La jaula de visitas fue instituida para los prisioneros fenianos. Consiste en tres compartimentos separados por espesos enrejados de hierro; el carcelero ocupa el compartimento central, y el prisionero y sus amigos no pueden verse sino a través de esta doble hilera de barrotes.

En las dársenas, hay prisioneros que comen todas las babosas, y las ranas son consideradas como golosinas en Chatham. El general Thomas Burke declara que no le sorprendió ver un ratón muerto flotando en la sopa. Los condenados dicen que fue un día aciago para ellos aquel en que enviaron a los fenianos a las prisiones. (Este régimen se ha vuelto mucho más duro.)

Añadiré algunas palabras a los extractos adjuntos:

El año pasado, el señor Bruce, ministro del Interior, gran liberal, gran policía, gran propietario de minas en el país de Gales, feroz explotador del trabajo, fue interpelado acerca de los malos tratos infligidos a los prisioneros fenianos y, especialmente, a O’Donovan Rossa. Primero lo negó todo; luego se vio forzado a confesar. Entonces el señor Moore, diputado irlandés de la Cámara de los Comunes, pidió una investigación sobre estos hechos. Fue categóricamente denegada por este ministerio radical, cuyo jefe es el semisanto (ha sido comparado públicamente con Jesucristo) señor Gladstone, y el viejo demagogo burgués John Bright, uno de sus miembros más influyentes.

En estos últimos tiempos, habiéndose renovado los rumores sobre los malos tratos, varios miembros del Parlamento pidieron al ministro Bruce autorización para ir a visitar a los prisioneros, a fin de constatar la falsedad de tales rumores. El señor Bruce denegó el permiso porque, dijo, los directores de las prisiones temen que los prisioneros se exciten demasiado con visitas de ese género.

La semana pasada, el ministro del Interior fue interpelado de nuevo. Se le preguntó si era verdad que O’Donovan Rossa, desde su nombramiento como diputado por Tipperary, hubiera sido castigado corporalmente (es decir, a golpes de látigo); el señor ministro afirmó que no lo había sido desde 1868 (lo cual equivalía a confesar que durante dos o tres años se había azotado a un prisionero político).

Les envío también extractos (los publicaremos en nuestro próximo número) relativos a Michael Terbert, feniano, condenado como tal a trabajos forzados y que cumplía su pena en la prisión de trabajos forzados de Spike Island, condado de Cork, Irlanda. Verán que el *coroner* (magistrado instructor) atribuye él mismo su muerte a las torturas infligidas. Esta investigación ha tenido lugar la semana pasada.

En el curso de dos años, más de veinte obreros fenianos han muerto o han caído en la enajenación mental, gracias a la filantropía de esos buenos burgueses, flanqueados por esos buenos *landlords*.

Saben probablemente que la prensa inglesa profesa un horror púdico hacia las abominables leyes de seguridad general que embellecen a la bella Francia. ¡Pues bien!, las leyes de seguridad general forman —salvo algunos breves intervalos— la Carta de Irlanda. Desde 1793, a cada paso, el gobierno inglés suspende regular y periódicamente en Irlanda el *habeas corpus bill* (ley que garantiza la libertad individual) y, en realidad, toda ley, salvo la de la fuerza brutal. De esta manera, miles de hombres han sido secuestrados en Irlanda como sospechosos de ser sospechosos de fenianismo, sin haber sido jamás juzgados ni llevados ante un tribunal, ni siquiera acusados. El gobierno inglés, no contento con privarlos de su libertad, los ha hecho torturar de la manera más salvaje. He aquí un ejemplo:

Una de las prisiones donde los sospechosos fenianos han sido sepultados es la prisión de Mountjoy, en Dublín. El inspector de esta prisión, Murray, es una canalla atroz. Maltrataba a los prisioneros de manera tan salvaje que varios de ellos enloquecieron. El médico de la prisión, O’Donnell, un hombre excelente (que ha desempeñado también un papel honorable en la investigación sobre la muerte de Michael Terbert), escribió durante varios meses cartas de protesta, que dirigió primero al propio Murray. Como Murray no respondía, dirigió cartas de denuncia a las autoridades superiores; pero Murray, carcelero experto, interceptaba las cartas.

Al fin, O’Donnell se dirigió directamente a lord Mayo, entonces virrey de Irlanda. Era el tiempo en que los *tories* (Derby‑Disraeli) se hallaban en el poder. ¿Cuál fue el resultado de sus gestiones? Los documentos relativos a este asunto fueron publicados por orden del Parlamento y… ¡¡¡el doctor O’Donnell fue destituido!!! En cuanto a Murray, conservó su puesto.

Llega entonces el ministerio pretendidamente radical de Gladstone, del tierno, del untuoso, del magnánimo Gladstone, quien, ante toda Europa, ha derramado lágrimas tan calurosas y tan sinceras sobre la suerte de Poërio y de otros burgueses maltratados por el rey Bomba. ¿Qué hizo este ídolo de la burguesía progresista? Al mismo tiempo que insultaba a los irlandeses con sus respuestas insolentes a sus demandas de amnistía, no sólo confirmó en sus funciones al monstruo Murray, sino que, para testimoniar su satisfacción particular, ¡unió a su puesto de carcelero jefe una suculenta sinecura! ¡He ahí al apóstol de la filantropía burguesa!

Pero se trata de echar arena a los ojos del público: hay que aparentar hacer algo por Irlanda, y se anuncia con gran estruendo una ley para regular la cuestión de la tierra (*Land Bill*). Pero todo eso no es más que una impostura con el fin último de engañar a Europa, de atraerse a los jueces y abogados irlandeses con la perspectiva de procesos interminables entre *landlords* y arrendatarios, de conciliarse a los *landlords* con la promesa de subvenciones en dinero por parte del Estado y de engatusar a los arrendatarios más ricos con unas cuantas semiconcesiones.

En la larga introducción a su discurso grandilocuente y confuso, Gladstone confiesa que incluso las leyes «benévolas» que la Inglaterra liberal ha otorgado desde hace cien años a Irlanda han desembocado siempre en el deterioro del país. Y después de esta confesión ingenua, el mismo hombre persiste en torturar a los hombres que quieren poner fin a esa legislación malhechora e imbécil.

*L’Internationale.*  
N.º 60, 6 de marzo de 1870

El gobierno inglés y los prisioneros fenianos.  
(2.º artículo)

Publicamos a continuación, según un periódico inglés, los resultados de la investigación sobre la muerte de Michael Terbert, prisionero feniano, fallecido en la prisión de Spike Island a consecuencia de malos tratos.

El jueves 17 de febrero, el señor John Moore, *coroner* del distrito de Middleton, ha practicado una investigación en la prisión de Spike Island acerca de un condenado llamado Michael Terbert, que había muerto en el hospital.

Peter Hay, director de la prisión, fue llamado en primer lugar. He aquí su declaración:

El difunto Michael Terbert entró en esta prisión en junio de 1866; ignoro cuál era su salud en aquella época; había sido condenado el 12 de enero a 7 años de prisión; hace algún tiempo pareció enfermizo, pues consta en uno de los libros de la prisión que fue trasladado por recomendación de los oficiales médicos, como incapaz de soportar el régimen celular. Detalla acto seguido el testigo los frecuentes castigos infligidos al difunto por faltas a la disciplina; muchas, por haberse servido de un lenguaje irrespetuoso hacia los oficiales médicos.

Jeremiah Hubert Kelly. Recuerdo que cuando Michael Terbert llegó aquí, procedente de la prisión de Mountjoy, se determinó que era incapaz de soportar el régimen celular; un certificado a tal efecto había sido firmado por el doctor O’Donnell. Sin embargo, lo encontré con buena salud y lo envié a los trabajos. Recuerdo que estuvo en el hospital desde el 31 de enero hasta el 6 de febrero de 1869; padecía entonces una afección del corazón, y

25 desde entonces, no se le volvió a emplear en los trabajos públicos, sino que se le hizo trabajar en la celda. Del 19 al 26 de marzo permaneció en el hospital por su enfermedad del corazón; del 24 de abril al 5 de mayo, por esputos de sangre; del 19 de mayo al 1 de junio, del 21 al 22 de junio, del 22 de julio al 15 de agosto, por su enfermedad del corazón; del 9 de noviembre al 13 de diciembre, por debilidad; por último, permaneció en el hospital desde el 20 de diciembre hasta el 8 de febrero de 1870, donde murió de hidropesía. Los primeros síntomas de esta enfermedad se habían manifestado el 13 de noviembre, pero habían desaparecido.

Visito todos los días las celdas, y le vi algunas veces cumpliendo castigo; es mi deber suspender el castigo cada vez que considero que el prisionero es incapaz de soportarlo: eso es lo que hice dos veces por él.

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— Como médico, ¿piensa usted que cinco días a pan y agua fuese un castigo excesivo para él, no obstante su estado de salud en Mountjoy y aquí?

— No lo pienso, el difunto tenía buen apetito, no creo que esos tratamientos ocasionaran la hidropesía de la que murió.

Martin O’Connell, farmacéutico, residente en Spike-Island. El testigo decía al doctor Kelly, en julio pasado, que ya que Terbert padecía una enfermedad del corazón no debería haber sido castigado; considera que esos castigos ejercieron una influencia nefasta sobre la salud del prisionero; tanto más cuanto que había sido clasificado en la categoría de inválidos en los últimos doce meses, y nunca habría pensado que se castigara así a los inválidos, si no hubiera tenido que visitar un día las celdas durante una ausencia del doctor Kelly; estaba seguro, considerando el estado de salud del enfermo, de que cinco días de celda perjudicarían su salud.

El coroner se alza entonces enérgicamente contra la conducta observada con el prisionero. Éste se hallaba alternativamente, dice, en el hospital o en la celda.

El jurado emite la siguiente sentencia:

«Declaramos que Michael Terbert murió en el hospital de la prisión de Spike-Island, el 8 de febrero de 1870, de hidropesía; tenía 36 años de edad y era soltero. Debemos manifestar de la manera más enérgica nuestra total desaprobación de los frecuentes castigos de varios días de celda, a pan y agua, que le fueron infligidos durante su estancia en Spike-Island, adonde fue enviado en junio de 1866, procedente de la prisión de Mountjoy, porque, en opinión del doctor O’Donnell, no podía soportar el régimen celular; y condenamos dichos tratamientos.»

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Friedrich Engels  
Trabajos preparatorios y esbozos para el libro sobre la historia de Irlanda

Friedrich Engels  
Estructuración del libro sobre la historia de Irlanda

1) Condiciones naturales.  
2) Irlanda antigua.  
3) Conquista inglesa.  
   1) La primera incursión.  
   2) La Empalizada y los irlandeses.  
   3) Sometimiento y expropiación. 152–1691.  
4) El dominio inglés.  
   1) Leyes penales. 1691–1780.  
   2) Levantamiento y Unión. 1780–1801.  
   3) Irlanda en el Reino Unido.  
        a) La época de los pequeños campesinos. 1801–1846.  
        b) La época del exterminio. 1846–1870.

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