7 de diciembre de 1867.

Querido Fred,

Ayer estuve en la Loan Society para que me hicieran un reconocimiento físico. Esto no es una mera formalidad, pues si muriese antes de septiembre la sociedad no recuperaría ni un farthing. Temí tener que desnudarme (destino que corrió un inglés que estaba conmigo allí). En primer lugar, no me gusta esa especulación inoculatoria y, en segundo, tengo precisamente ahora, aparte de numerosos forúnculos, todavía en la cadera izquierda, no lejos del centro de propagación, un carbunclo. Afortunadamente, mi caja torácica impresionó de tal modo al tipo que no quiso saber nada más. El lunes a las 12 recibiré el dinero.

La carta de Siebel te olvidaste de adjuntarla. Te devuelvo a Kugelmann con el anexo, así como otra carta que él me remitió con sus anexos. El bodrio de Bürgers, archívalo con los documentos. Con razón los obreros de Düsseldorf le han recordado a este asno que 1) en tiempos de Lassalle declaró «querer tener en cuenta las circunstancias», 2) que «había perdido las ilusiones sobre la lucha de clases» y 3) que en Schulze-Delitzsch había encontrado la solución de todos los enigmas sociales pasados y futuros.

Por lo que respecta al periodicucho suabo, sería un golpe divertido engañar a Schwabenmayer, el amigo de Vogt. La cosa podría tramarse sencillamente así. D’abord, empezar diciendo que, cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre la tendencia del libro, honra al «espíritu alemán», y que por eso mismo ha sido escrito por un prusiano en el exilio y no en Prusia. Prusia ha dejado hace mucho de ser el país en que sea posible o se dé alguna iniciativa científica, particularmente en materia política, histórica, social-política o histórica o social. Hoy representa el espíritu ruso, no el alemán. En cuanto al libro mismo, hay que distinguir dos cosas: los desarrollos positivos (el segundo adjetivo es «sólidos») que ofrece el autor, y las conclusiones tendenciosas que extrae. Los primeros, que tratan las relaciones económicas reales de manera completamente nueva mediante un método materialista (esa palabra clave le gusta a «Mayer» por lo de Vogt), constituyen un enriquecimiento directo de la ciencia. Ejemplos: 1) el desarrollo del dinero; 2) cómo la cooperación, la división del trabajo, el sistema de máquinas y las combinaciones y relaciones sociales correspondientes se desarrollan de manera «espontánea», etc. Por lo que atañe a la tendencia del autor, hay que distinguir de nuevo. Cuando demuestra que la sociedad actual, económicamente considerada, está preñada de una forma nueva y superior, no hace sino mostrar, en el plano social, el mismo proceso gradual de transformación que Darwin ha demostrado en la historia natural. La doctrina liberal del «progreso» (c’est Mayer tout pur) incluye esto, y es un mérito suyo el mostrar un progreso oculto incluso allí donde las modernas relaciones económicas vienen acompañadas de consecuencias inmediatas espantosas. El autor, con esta su concepción crítica, ha puesto fin, acaso malgré lui, a todo el socialismo de escuela, es decir, a todo el utopismo. La tendencia subjetiva del autor, en cambio —acaso su posición de partido y su pasado lo aten y obliguen a ello—, esto es, el resultado final, la manera como él se representa a sí mismo o a otros el resultado final del actual proceso social, no tiene nada que ver con su desarrollo real. Si el espacio permitiera entrar en detalles, quizá podría demostrarse que su desarrollo «objetivo» refuta sus propias quimeras «subjetivas». Mientras el señor Lassalle insultaba a los capitalistas y adulaba a la nobleza terrateniente prusiana, el señor Marx muestra, por el contrario, la «necesidad» histórica de la producción capitalista y fustiga al terrateniente aristocrático meramente consumidor. Cuán poco comparte las ideas de su discípulo apóstata Lassalle sobre la misión de Bismarck de introducir un milenio económico, lo ha mostrado no sólo antes en sus protestas contra el «socialismo real prusiano», sino que lo vuelve a expresar abiertamente en las págs. 762-763, donde dice que el sistema hoy imperante en Francia y Prusia extenderá el régimen del knut ruso sobre el continente europeo si no se le pone coto a tiempo. Ésta es, a mi juicio, la manera de engañar a Schwabenmayer (quien, además, ha impreso mi prefacio), y, por pequeño que sea su cochino periodicucho, es el oráculo popular de todos los federalistas en Alemania y se lee también en el extranjero.

En cuanto a Liebknecht, es en verdad una vergüenza que, con los muchos periodiquillos de cuarta categoría de que dispone, no haya enviado espontáneamente breves noticias, para lo cual no se requería ningún estudio que repugnara a su natural. En eso el señor Schweitzer y Compañía lo entienden mejor, como ves por el Soc. Dem. adjunto. Yo (Kug. me lo ha enviado.) He (esto sólo entre nosotros) enviado ayer a Guido Weiss, de la «Zukunft», una recopilación: a un lado, los plagios falseados y mutilados de v. Hofstetten, al otro, los pasajes originales de mi libro. Le he escrito al mismo tiempo que esto no debe imprimirse en mi nombre, sino como proveniente de la «Zukunft» (o, si ello no es factible, como de un lector berlinés de la Zukunft). Si Weiss lo acepta (y creo que lo hará), no sólo se llama la atención del obrero berlinés sobre el libro mediante la cita de pasajes que le interesan directamente, sino que se abre una polémica sumamente útil, y el plan de Schweitzer de ignorar el libro y explotar su contenido se va al carajo. ¡Dios mío, con estos tipos, cómo creen que pueden proseguir el plan de Lassalle! ¿Hay algo más ingenuo que la manera como v. Hofstetten y Bürger Geib se repartieron el vapuleo de mi capítulo sobre la «jornada laboral» en la asamblea general de la Asociación General de Trabajadores Alemanes!

Salud.
Tuyo
K. Marx

Mis recuerdos a la señora Burns. El compendio de Schorlemmer me gusta extraordinariamente.