Londres, 30 de noviembre de 1867

Querido Schily:
Apenas recibí tu carta, escribí a Meißner para que te envíe a ti, para Reclus, un ejemplar del libro. R. me parece el hombre adecuado como traductor francés, bajo cooperación alemana. En una traducción, yo señalaría ciertas modificaciones de algunas partes y me reservaría, a la vez, la revisión final. Lo que, por lo pronto, tendría que hacerse, y tan pronto como fuera posible, sería llevar al *Courrier Français* fragmentos del libro. No veo por qué Heß habría de agregar para ello a una tercera persona cualquiera. Él mismo lo hace mejor solo. También me parece que el tema que ha tomado en consideración sobre la legislación fabril inglesa es el más adecuado para la introducción. Sin embargo, ni siquiera eso puede hacerse sin unas pocas palabras introductorias sobre la teoría del valor, ya que Proudhon ha confundido por completo las cabezas al respecto. Creen que una mercancía se vende a su valor cuando se vende a su *prix de revient* [precio de costo] = precio de los medios de producción consumidos en ella + salario (respectivamente, precio del trabajo añadido a los medios de producción). No ven que el trabajo no pagado que encierra la mercancía es un elemento tan esencial formador de valor como el pagado, y que este elemento de valor adopta ahora la forma de la ganancia, etc. No saben, en absoluto, qué es el salario. Sin comprender la naturaleza del valor, las exposiciones sobre la jornada de trabajo, etc., en suma, las leyes fabriles, carecen de base. Unas pocas palabras sobre esto tendrían que decirse, pues, a modo de introducción.

Mi librero está satisfecho con la distribución del libro en Alemania. La pandilla de los liberales y de los economistas vulgares intentan, naturalmente, en la medida de lo posible, actuar, es decir, perjudicar, mediante la *conspiration de silence*, su viejo y probado medio. Pero esta vez no lo conseguirán. Te adjunto un ejemplar de Liebknecht. Por el reverso verás que en estas semanas publicará un pequeño semanario propio. Estoy encargado de exhortarte a colaborar desde París. Yo // (Su dirección: 11, Braustrasse, Sr. Miller). Le he lavado la cabeza por la frase sobre la «cuestión social» (en el apéndice) y asimismo le he llamado la atención sobre que, en la polémica contra Bismarck, debe evitar lo suralemán acrítico. Lo que ya debería haberlo hecho sospechar es la circunstancia de que Jacobus Venedey se haya convertido en admirador suyo. Con todo, L. ha producido un efecto benéfico con su audaz intervención en el Reichstag. Toda la familia te saluda con el mayor cariño.
Tuyo,
A. Williams

¡El movimiento marcha aquí!