Querido Mohr:

La carta prometida, in quo tua res agebatur, no la he recibido. La propuesta de Meißner de anunciar de nuevo con extractos de las críticas era la que yo quería hacerte en cuanto aparecieran los artículos de Siebel (es decir, los que yo le di). El extracto de la Zukunft es muy bueno, pero con unos cuantos más sería aún mejor; él debería enviarte todo ese material y tú harías luego un anuncio. O si no quieres, puede enviármelo a mí y yo lo haré. Me chocó mucho que el primer anuncio ocupara exactamente el mismo espacio que entonces el de mi pequeño folleto, y no llevara ni una palabra de acompañamiento. Si la cosa no cambia pronto, tendré que —con tu consentimiento, of course— escribir a M. y ofrecerle artículos míos para periódicos que él mismo designe. Eso no puede comprometerte. A Siebel pude aún comunicarle, justo antes del cierre del correo, las razones de disculpa de Meißner. Son, ciertamente, de peso; S. se encontraba entonces at a very low ebb y no se ha repuesto hasta Honnef. Habrás recibido mi carta del domingo con las cartas devueltas. Adjunto, devuelvo al curtidor, autodidactum integrum; lo cual, sin embargo, no impide que otras naciones no estén en condiciones de producir un curtidor semejante. La filosofía, que en

tiempos de Jacob Böhme era todavía un puro zapatero, da un paso adelante cuando asume la figura del curtidor. ¿Qué hay del carbunco? La posición no me gusta; espero que Lafargue te lo haya sajado. Esta historia debe terminar de una vez. ¿Te ha pagado Borkheim el dinero? A mí no me escribe nada, aunque soy garante.
Tuyo, F. E.