Querido Mohr:

De vuelta las cartas adjuntas. Los tories, pues, han consumado realmente ayer por la mañana, por mano del señor Calcraft, el acto definitivo de separación entre Inglaterra e Irlanda. Lo único que aún les faltaba a los fenianos eran mártires. Derby y G. Hardy se los han proporcionado. Sólo con la ejecución de los 3, la liberación de Kelly y Deasy se convertirá en la hazaña heroica que ahora se cantará en la cuna a toda criatura irlandesa en Irlanda, Inglaterra y América. Las mujeres irlandesas se encargarán de ello tan bien como las polacas. La única vez que alguien ha sido ejecutado por cosas semejantes en un Estado civilizado es, que yo sepa, el caso de John Brown en Harpers Ferry. Mejor precedente no podían desear los fenianos. Y sin embargo, hasta los sureños tuvieron la decencia de tratar a J. Brown como rebelde; aquí, en cambio, se moviliza todo para convertir un atentado político en un delito vulgar. Luis Napoleón, como se sabe, al frente de su banda de canallas, mató de un tiro en Boulogne al oficial de guardia. Hizo, pues, lo que se dice que Allen hizo, pero que no hizo. Por eso, el gobierno inglés ahorca a Allen, mientras que a Luis Napoleón la reina de Inglaterra le besa la cara y la aristocracia y la burguesía inglesas le besan el trasero. Esto último debería llevarse a la prensa.

Tu F. E.