Manchester, 10 de nov. de 1867. Querido Mohr: ¡Qué conmovedora torpeza en la carta del bueno de Kugelmann! ¡Y qué conocimiento de la naturaleza humana el suyo frente a Warnebold! ¡Ese tipo le sonsaca todos los gusanos de la nariz y, encima, es espía prusiano! Tienes que ilustrar a K., al menos, hasta el punto de que los prusianos no se enteren ya de todo nuestro hacer y deshacer. El perro abusa de la confianza tuya, lo que te releva de toda obligación hacia él. Ayer vi a Siebel en Liverpool. Mucho me temo que el pobre diablo termine yéndose al otro mundo. La enfermedad ha hecho grandes progresos desde que le vi; se estropeó en Barmen, ha tenido tres pleuritis seguidas, tose muy fuerte (lo que él llama tos convulsiva y que retorna de manera muy periódica), pero últimamente, en Honnef am Rhein, ha vuelto a mejorar y a fortalecerse. Por desgracia, sólo pude hablarle a solas un breve rato; aparte de su mujer, había siempre algunos parientes delante. Con todo, hemos arreglado las cosas principales. D’abord: Siebel, pese a haber escrito a Meißner que le enviase un ejemplar por correo inmediatamente después de la aparición, no ha recibido ni visto uno hasta el día de hoy. El señor Rittershaus, que no da golpe, ha recibido en cambio uno, y Siebel creía que tú no le habías mandado ninguno a él, sino a R., lo cual quizá le haya picado. Naturalmente, le saqué del error; pero serán bien recibidas unas líneas tuyas para él, que puedes adjuntarme. Ahora bien, tienes que pedirle cuentas en el acto al señor Meißner por esta negligencia. El asunto nos ha costado 20 pequeñas notas que S. habría colocado en seguida en todos los periódicos, pero que no pudo hacerlo porque no tenía el libro. Además, he de tener aquí un ejemplar a más tardar el 22 de nov., para mandárselo a S. a Madeira, donde él recuperará luego lo posible. Pero, ¿qué se va a decir de semejante desidia? ¡Y ésos son los alemanes que exigen el autogobierno y cannot look after their own business! De los 2 o 3 artículos que traje conmigo, hemos enviado ya 2 a la Frankfurter Börsenztg y a la Düsseldorfer Ztg –esto último sentará bien al señor Heinrich Bürgers con sus sabios reparos: ¡mi artículo –un informe muy sencillo, sin juicio alguno, redactado para un periódico nacionalliberal– es demasiado arriesgado para ese animal! El tercero se lo llevó él, y probablemente irá a la Barmer Ztg. Además, en cuanto S. tenga el libro mismo, aparecerán notas en toda clase de periódicos ilustrados y de otro tipo. Igualmente, la Weser Ztg recibirá puntualmente un artículo de folletín suyo y otro sobre el libro, sin más opción que tomar ambos o ninguno. (Con los artículos de folletín, S. engatusa a los redactores; andan escasos de ellos y él a menudo los deja embolsarse los honorarios). Ya se le ocurrirán otras ideas en cuanto tenga el libro. Ad vocem Freiligrath: El buen hombre tenía c a £ 6.000 de deudas: £ 4.000 en el Banco Suizo, anticipadas sobre acciones de la Mansfield Co., que ya no valen nada, y el resto, deudas de honor. El comité ha arreglado estas deudas con un dividendo del 5 %, alguna al 10 %. De modo que Fr. ha quebrado en toda regla. La colecta ascenderá a unos 30.000 táleros c a. Fr. no ha cesado de mentirle descaradamente al comité, ocultando sus deudas, haciendo como si su mujer no supiese nada y no debiese saberlo, hasta el punto de que al final han sido muy bruscos con él; incluso // el día en que sabía que iba a llegar una carta de Londres comunicándole la suma de las deudas de honor, £ 2.000, dijo todavía que eran sólo £ 1.500, etc. En resumen, se ha comportado de manera común y cobarde. Yo dije que estaba firmemente convencido de que la buena de Ida está al cabo de la calle; a lo que él respondió: ¿cómo habría podido ella, en ese caso, dar todavía fiestas en Barmen el verano pasado? ¡Imagínate: Ida se va a mendigar y, sin embargo, les da fiestas a los mendigados con el dinero aún no pagado! Me sorprende no tener todavía de Tussy un acuse de recibo de mi contribución al fondo para el entierro de Freiligrath. That is not businesslike. Tu F. E.