Querido Mohr:

Adjunto lo que Siebel ha hecho publicar en la Elberfelder Zeitung. Es una verdadera lástima que el pobre diablo, que probablemente llegará aquí mañana, tenga que marcharse justo ahora; aún habría podido arreglar unas cuantas cosas. Mientras tanto, veré qué puede hacerse aún con él; quizá aún sea posible. Nuestro amigo Kugelmann parece haberse equivocado también con los periódicos de Hannover; al menos, para mi mayor asombro, encuentro uno de los artículos que le fueron enviados, ¡y precisamente el más manso, además acortado y mutilado, en el Zukunft! Para eso apenas habríamos necesitado al amigo y, en cualquier caso, yo habría escrito de otro modo para ese periódico. Pero yo escribí para los periódicos nacional-liberales de los que él se había jactado. El asunto ha de llevarse de otra manera. ¿Tienes la dirección actual de Liebknecht, o bien su antigua dirección de Leipzig? Dámela; lo azuzaré un poco. Bien veo que tendré que escribir yo mismo todos los artículos (Eccarius también podría hacer alguno); la gente del continente tiene aún el libro demasiado macizo en el estómago, y si queremos esperar a que lo hayan digerido, se nos pasa el momento. Escribiré de nuevo también a Kugelmann para que al menos diga qué ha hecho con el otro artículo y si aún puede colocar algunos. Tú tienes que escribir a Meißner y preguntarle si puede colocar algunos, y dónde, cuando se los suministren. Además, escribo a Klein, a Colonia, a causa de la Rheinische Zeitung, y le ofrezco un artículo para el caso de necesidad. Es muy fastidioso que uno no esté en el lugar. Si estuviéramos en Alemania, ya habríamos armado escándalo en todos los periódicos y conseguido que se hiciera denunciar el libro, que es siempre lo mejor. Luis, en París, ha llegado al límite de su sabiduría. Se ha metido en una hermosa situación revolucionaria. O una nueva retirada o la guerra en favor del Papa. Apenas puedo creer que realmente haya enviado a los italianos un ultimátum para la evacuación del territorio romano, ni tampoco que pueda quedarse con la nota gruñona de Moustier. En todo caso, está foutu. Cómo pintan las cosas en París se ha visto en el cementerio de Montmartre. El baile puede empezar cualquier día, y apenas creo que el gran hombre vuelva a celebrar su 2 de diciembre; en todo caso, probablemente por última vez. Ha decaído tanto que aquí incluso cualquier filisteo lo trata ya sólo como un vulgar aventurero. Pero cuando esto estalle, la revolución se encontrará ahora en todas partes con una situación completamente distinta a la de 1848. En Alemania ya no es posible aquel desbarajuste de entonces desde el año pasado, y aunque una insurrección violenta inmediata en Berlín tenga pocas probabilidades, el impulso introduciría también allí colisiones que habrían de terminar con la caída del régimen actual. Monsieur Bismarck dejaría muy pronto de ser dueño de la situación. Y entonces Inglaterra esta vez sería arrastrada igualmente al instante y, sobre todo, tendríamos puesta de inmediato la cuestión social en toda Europa al orden del día. Cuán bajo han caído los jueces ingleses lo mostró ayer Blackburn cuando preguntó al testigo Beck (quien primero había jurado sobre William Martin, pero luego dijo que era John M.): «Entonces juraste sobre W., ¿y pretendías jurar sobre John?» Toda la acusación, creo, se irá desmoronando cada vez más con cada nuevo lote de acusados; el perjurio para obtener la recompensa de 200 libras es completamente increíble. ¿Puedes decirme dónde puede leerse algo más detallado sobre los desahucios de Lord Abercorn? Luis, en París, hará bien en guardarse otra vez de bombas y balas. Los italianos no se dejan gastar bromas impunemente. Te devolveré los correos mañana, a ser posible. Saluda cordialmente a tu mujer, a las muchachas y al enamorado zapatero. Tuyo F. E.