Querido Fred,

Por lo que respecta a Borkheim, le había dicho: lo que escribe Engels, escrito está, y no hay nada que “regatear”. Él (hoy ha partido para Burdeos) se dejó convencer por mí hasta el punto de pagarme 40 libras y prometer, si tú no pudieras, etc., sin más rodeos, encontrar el resto hasta el 10 de noviembre. Pero, como comerciante y judío, ¡tenía que hacer todavía un intento! Por lo demás, B. ha vivido una gran satisfacción. Schablitz ha hecho en el *Buchhändlerbörsenblatt* un anuncio en extremo prestigioso de la «Perle» de Bk., donde B. aparece nombrado como Pedro el Ermitaño contra Rusia. ¡Bueno! La *Moskauer Zeitung* lo ha reproducido (traducido) como curiosidad, ¡y él ha vivido el placer de verse a sí mismo y a su nombre impresos en ruso! Me ha mostrado el número y me lo ha traducido. Lafargue ha tenido mucho que hacer para traducir el francés de B. al menos a un francés pasable. Naturalmente, tuve que ayudarle, sobre todo en las citas de Kant, Fichte, Hegel, que el propio B. probablemente no entendía del todo ni en alemán. Pero los personajes están en su biblioteca.

Me alegro de que el asunto esté hasta aquí arreglado. En las últimas semanas me ha sido positivamente imposible escribir más de quizá dos horas. Además del acoso desde fuera, la gatera doméstica, que siempre me afecta al hígado. Volví a quedarme sin dormir y tuve el placer de ver florecer dos carbunclillos en las cercanías del *membrum*. Afortunadamente, ya se han marchitado. Mi enfermedad procede siempre de la cabeza.

Ya que hablo del *membrum*, te recomiendo para Moore los siguientes versos del satírico francés del siglo XVI, Mathurin Régnier. A pesar de mis lecturas en este campo, no creo que la *chaude pisse* haya sido jamás descrita de modo tan poético.

«Las // Mon cas, qui se lève et se hausse,
Bave d’une estrange façon;
Belle, vous fournistes la sausse,
Lors que je fournis le poisson.
Las! si ce membre eut l’arrogance
De fouiller trop les lieux sacrez,
Qu’on luy pardonne son offence offense ,
Car il pleure assez ses péchez».

Tampoco está mal, del mismo: *Fluxion D’Amour*.

«L’amour est une affection
Qui, par les yeux, dans le cœur entre,
Et, par la forme de fluxion,
S’écoule par le bas du ventre.»

Por último: *Lisette tuée par Regnier*.

«Lisette, à qui l’on faisait tort,
Vint à Régnier tout esplorée,
Je te pry, donne moi la mort
Que j’ay tant de fois desirée!
Luy, ne la refusant en rien,
Tire son...., vous m’entendez bien,
Et dedans le ventre la frappe.
Elle, voulant finir ses jours,
Luy dit: Mon cœur, pousse toujours,
De crainte que je n’en reschappe.
Régnier, las de la secourir,
Craignant une seconde plainte,
Lui dit: Hastez-vous de mourir,
Car mon poignard n’a plus de pointe.»

Adjuntos, 2 recortes de Freiligrath. Acompaño 2 *Courrier Français* y 1 *Liberté*. Estos periódicos no tienes que devolvérmelos. ¡Pero guárdalos! La sandez del *Courrier* sobre el arte militar no la he leído, ¡pero Proudhon sobre la *generatio aequivoca*! Creo que lo uno vale tanto como lo otro.

H. Meyer estuvo aquí anteayer, de paso hacia América. Quizá te haya visto aún. Manda tus recetas para los periódicos alemanes. Las haré copiar y encontraré las colocaciones más adecuadas. Sirven incluso, al menos en parte, para *double emploi*, ya que Meyer pedía y aprovechará también algo parecido para el otro lado. En cuanto esto esté despachado en Alemania –y es lo más importante, porque de allí depende en gran parte el asunto aquí–, tienes que escribir una crítica para la *Fortnightly Review*. Beesley la meterá. Es el antecedente necesario para pescar un editor en Londres. La revista es en secreto (tan secreto que nadie lo nota) comtista, pero quiere dejar hablar a todos los puntos de vista. Si el señor Lewes (el hombre de Goethe y, por desgracia, también medio comtista) se interesa por el libro a través de la crítica (Lewes es en secreto también copropietario de la *Review*), entonces encontrar un librero es fácil. Y de todos modos, incluso sin eso, al librero se le da con ella más fácilmente con qué abrirse.

En el último número hay un artículo verdaderamente miserable de Thornton, donde el maltusianismo (en el que los auténticos *mongers* no creen) se reproduce en la forma más trivial y casera. Lo que le falta a nuestro partido es dinero, como vuelven a mostrar dolorosamente las dos cartas adjuntas de Eccarius y Becker. Sin esta carencia, somos, a pesar de las grandes e irreemplazables pérdidas, siempre, hoy como en 1848, *les plus forts*.

Saludos a la señora Lizzy.
Tuyo,
K. M.