Manchester, 12 de octubre de 1867. Querido Kugelmann: Marx me envía su carta del 8; opina que yo podría proporcionarle los puntos de vista deseados para una crítica de su libro mejor que él mismo. Y para ahorrar trabajo, he expuesto los puntos de vista que, en mi opinión, son los más adecuados para el vulgo, directamente en dos artículos terminados, los cuales se ajustan bastante bien a cualquier periódico burgués, pero que quizá le sean útiles a usted, hasta que usted mismo haya asimilado los 50 pliegos, para redactar otros artículos y articulillos. Lo principal no es el qué ni el cómo, sino que el libro sea reseñado y que los Faucher, los Michaelis, los Roscher y los Rau se vean obligados a pronunciarse sobre él. En tantos periódicos como sea posible, políticos y de otro tipo, dondequiera que se pueda. Notas largas y cortas, con tal de que sean frecuentes. La política de condenar al silencio, que estos señores seguramente intentarán practicar con gusto, hay que hacérsela imposible, y cuanto antes. Envíe siempre a Marx un ejemplar de las impresiones, para que nosotros, y también Meißner, sepamos lo que ocurre. Liebknecht se está portando muy bien en el establo berlinés. Vota consecuentemente contra todo, y ha pronunciado un buen discurso inaugural –interrumpido de inmediato por Zeus Cronión Simson. Además, su propuesta era la única razonable. Espero que le haya ido bien desde mi partida. Yo estoy aquí de nuevo desde hace dos meses sentado en la silla del escritorio, perdiendo mucho tiempo con el piojoso comercio. Habrá oído hablar de nuestro pequeño golpe de mano feniano aquí. La cosa fue excelentemente planeada y ejecutada; pero, por desgracia, los cabecillas fueron capturados. Con los mejores saludos, suyo, F. Engels. Marx desea expresamente que usted haga insertar allí todos los artículos inmediatamente y que se los envíe a él sólo después de su publicación.