Querido Mohr:
Muchas gracias por las cartas y los periódicos, que te devolveré dentro de un par de días. Le escribo a Borkheim que estoy dispuesto a compartir la garantía con él con gusto, si puede arreglar el asunto de manera que todo se haga bajo mano y, por ejemplo, no haya que dar informes ni referencias sobre mí; pues por contrato me está prohibido ser fiador, y estoy en tales términos con Monsieur Gottfried, que aprovecharía cualquier pretexto para ponerme en falta ante un tribunal de arbitraje. Si no puede hacerlo, estoy dispuesto a darle una declaración formal de que respondo también por las £100.–, y espero otras propuestas. ¿O bastaría, por ejemplo, Freiligrath como referencia mía? El asunto tendría que resolverse, en todo caso, enteramente a espaldas de todas mis relaciones comerciales. Enfin, nous verrons. A Kugelmann le prepararé una cosa mañana por la tarde; si hemos de esperar a que termine de leer el libro, no llegaremos muy lejos. A Siebel le escribo también. No sé qué pretendes con ese Rittershaus que anda cantando a Freiligrath; no conozco en absoluto al individuo, y por lo que sé, no es precisamente de los nuestros. Todavía quería escribirte mucho más, cuando se presenta ese maldito viejo judío Leibel Choras, a quien conoces, y me entretiene más de una hora. A renglón seguido, otro individuo. Hace ocho días que los clientes me asedian; esta mañana también dos. Mañana temprano se espera de nuevo a uno. Y encima, eternas peloteras con Gottfried, es para volverse loco. Así que, hasta mañana. Tu F. E.