4 de octubre de 1859. Querido Fred,

Desde mi regreso de Manchester he estado enfermo casi hasta ahora de un resfriado febril. Me pesqué el *cold* en el percance ferroviario. Como en esta carta tengo que escribirte de muchas cosas, *on public and private affairs*, para no olvidarlo empiezo por el libro.

Ciertamente habrías podido buscar largo rato en la Tabla C para encontrar la disminución en el cultivo de la fruta verde (p. 695). Herr Wigand ha impreso C en lugar de B (p. 690), donde, bajo la rúbrica «Fruta verde», se lee que de 1861–65: 107 984 acres (en barbecho) se dejaron de cultivar. Por lo demás, verás en la fe de erratas (p. 784) que Herr Wigand, para colgarla en la última página, la ha abreviado arbitrariamente a partir de la p. 292.

La sección sobre Irlanda está, ciertamente, escrita con gran ligereza, pero podría ponerse en orden para una segunda edición con pocos cambios formales. Lo principal son los *facts*, que en Inglaterra misma no se conocen.

De Meißner no he sabido nada. Schabelitz (Basilea) le dijo a Borkheim que, además de los 5 ejemplares que había encargado en firme, había pedido 5 ejemplares de comisión, pero M. le contestó que no le alcanzaban para mandarle tantos en comisión. Aunque esto también podría ser solo una maniobra diplomática de Meißner.

Por las líneas adjuntas de Liebknecht (quien, *by the by*, nos ha hecho honor con su primera actuación en el *Reichstag*, *vide Zukunft*, nº 229 del 1 de octubre) veo que M. no ejecuta todo con exactitud. Estaba acordado que él enviaría 1 ejemplar a Liebknecht y 1 ejemplar de redacción al Dr. Weiss (*Zukunft*).

El Prof. Beesley ha regresado ya a casa y tendré noticias suyas estos días. *Quant à* Siebel, también quisiera saber si ha recibido los ejemplares, 1 para él y 1 para Rittershaus, y qué ha hecho este último a cambio.

*Ad vocem* Vogt: En la carta adjunta de Kugelmann encontrarás algo sobre V. Después de que Kugelmann se marchó y la banda creyó también que Borkheim se había quedado solo, tuvo lugar una última asamblea de los alemanes, en la que de repente apareció Borkheim y presenció la siguiente escena. Herr Gögg entregó al vicepresidente Büchner un papelucho en el que declaraba que los rumores bonapartistas, etc., sobre Vogt eran falsos y extendía al hombre, a quien conocía desde hacía 20 años, un *testimonium virtutis*. Exige que Büchner firme ese papel, es decir, que certifique que le ha sido comunicado. B. lo hizo, naturalmente. Acto seguido, el pequeño Beust se levanta de un salto y declara por escrito que Gögg solo expresa una opinión privada que en modo alguno es compartida en Suiza, etc., etc. Exige asimismo que Büchner certifique su protesta, lo que este hace. Así quedó frustrada la maniobra de Vogt. ¡Qué bajo ha caído ese tipo! ¡Otro incidente del congreso de la paz! Ludwig Simon se acerca a Gögg: «¿Por qué no habéis vuelto a poner mi nombre al frente de la lista de oradores? ¿Por qué habéis dado la palabra a Borkheim antes que a mí?» Gögg: «Esos tipos – los proletarios – tenían a 4 entre los vicepresidentes alemanes. Para introducir a nuestro Grün y hacer que Borkheim renunciara a su puesto, ¡tuvimos que hacerle la concesión, etc.!» Apenas se le escapó la palabra al fatuo, cuando se vuelve y, para su espanto, ve a Eccarius sonriendo con sorna detrás de él.

*Ad vocem* Stumpf: Es posible que Stumpf me comprenda, pero yo no comprendo a Stumpf. Quizá tú seas más afortunado y puedas «señalar la serie científica de la depauperación» e igualmente «la conclusión correcta» de las «pruebas» que guarda en el bolsillo y no comunica. Adjunto su carta.

*Ad vocem* Dronke: Borkheim ha hablado en París con un hombre que conoce con todo detalle las circunstancias de D. y lo ha calificado de *voleur*. La compañía del cobre le había dado a D. el aviso de despido desde hacía un año. Se ha asociado con una firma de Glasgow y, por tanto, ya no necesita agencia inglesa. Según se dice, D. cometió grandes «malversaciones» el año pasado y se expuso a un procedimiento «penal». Espero que el asunto se eche tierra encima.

*Ad vocem* Collet: Para explicar las curiosidades adjuntas, lo siguiente: la niña de C. (a la que conoces) y su hermano aún más pequeño estuvieron hace unos días en casa. El chico se peleó a puñetazos con Lafargue, quien finalmente lo mantuvo en el suelo en postura humillante. A lo que el chico: «*Remember how you got on at Waterloo!*». De ahí esta cómica correspondencia, pues la niña denunció al chico al viejo. Collet se ha retirado de la *Dipl. Review*, aunque su nombre figura todavía esta vez como redactor en el periódico. Me di cuenta en seguida del cambio de redacción porque solo me han enviado 1 *copy*. Lo recibirás en cuanto acabe con él. Es un número de lo más tonto. Se califica a Garibaldi de «vulgar bandido, ateo, *fool*, etc.», mientras que a M. Dupanloup, el *évêque* de Orleans, se le presenta como el gran hombre del momento. ¿Acaso no se volverá católico David al final? Los rusos, naturalmente, han fabricado el congreso de la paz de Ginebra y, por eso, también han enviado a su «gastadísimo agente Bakounine». Me parece que la *Dipl. Rev.* está dando las últimas boqueadas.

*Ad vocem*: *International Assoc.* La dignidad de presidente ha sido abolida a propuesta mía, después de que ya se hubiera propuesto a Odger para la reelección. – Fox, que desde su regreso exhibe un gran odio contra Eccarius en toda ocasión, anunció para la próxima sesión (martes) que sacaría a debate los artículos del *Times* de E., para censura del Consejo. Yo, para gran asombro de Fox, anuncié acto seguido que interpelaría a F. el próximo martes acerca de una *secret letter* que había escrito a Becker con la petición de «*to do all in his power to remove the seat of the Central Council from London*». Fox, que está compuesto de caprichos y manías, se imagina que debe fundar un «partido de oposición» en el Consejo contra lo que él llama la «dictadura alemana». ¡Se asombrará de sus éxitos en esta línea!

*Ad vocem* Borkheim: *D’abord* estos hechos. B. habló (o, mejor dicho, leyó de su Mscpt) durante más de 20 minutos, cuando solo estaban reglamentados 10. Naturalmente, lo que se permitían Garibaldi y Edgar Quinet, creyó él podérselo permitir también. Segundo: Subió a la tribuna de oradores en el mayor estado de agitación y, según dice Eccarius, «no se dejaba a sí mismo tomar la palabra». Nadie le entendió. Solo se oyeron las pocas palabras clave sobre Schulze-Delitzsch, donde Vogt se levantó de un salto y apretó ambos puños, y sobre los cosacos. Aquello fue una verdadera suerte. Se consideró su discurso importante porque no se le entendió. Por eso desempeña una especie de papel tanto en el *Times* como en la prensa francesa. Pero ahora viene el inconveniente. Este loco quiere imprimir su discurso en alemán, inglés, ruso y en el original francés. Este último ya lo tengo ante mí. Me lo envió para que Lafargue lo revise. Con excepción de las pocas palabras clave que le soplé, no solo es un disparate de mal gusto, sino a menudo puro desvarío. ¡Y para colmo, el francés! P. ej.: «*Sans stultification il serait impossible de discuter, s’il faudrait d’abord faire enlever la femelle Isabelle, faire sauter le mâle Bismark ou faire s’évanouir l’agile hermaphrodite Beust. Il y a de grands orateurs, de profonds penseurs français, membres de cette union, mais fûssent-ils tous des Mirabeaux achevés et des Descartes consommés, les têtes Allemandes seraient trop carrées pour le trouver rond, qu’il fût d’abord et avant tout le gouvernement français, l’abolition duquel introniserait l’ère de la paix internationale.*» ¡*Assez*! Cuán poco sospechaba qué clase de «francés» era el suyo lo muestra la siguiente nota al margen que escribió en el Mscpt que me envió: «¡Ruégole haga revisarlo rápidamente por el Sr. Lafargue y corregir al margen el (!) mal francés que pudiera haber!» Yo estaba, *of course*, obligado a comunicarle que Lafargue necesitaba verle, ya que no podía emprender sin él las «tachaduras» (L. quiere de entrada suprimir completamente *the first half*) y las «modificaciones». Por eso viene esta noche a mi casa. Además, Lafargue me mostró en casi cada frase la jerga francesa de *commis voyageur*. P. ej.: «*Parlons rondement!*»

*Private Affairs*: He hablado con Borkheim sobre si no sería posible procurarme en Londres un *loan* de, por lo menos, 100 £. Dice que sí, que él sería uno de los fiadores si tú eres el otro. Pero, en todo caso, dice que antes tiene que oír de ti mismo algo al respecto. El *status* es simplemente este: No puedo terminar el tomo II, ni encontrar tiempo para la intriga de la edición inglesa, ni siquiera permanecer en Inglaterra si no consigo paz, siquiera durante *some weeks at least*, entre los maniqueos. Si la transacción inglesa tiene éxito y en Alemania, lo que me parece fácil, se trabaja de modo que pronto haga falta una segunda edición, entonces la crisis estará superada. Este maldito año es tanto peor cuanto que Lafargue está todavía en mi casa, Laura ha de casarse en primavera, etc. *Salut* D KM