Manchester, 11 de Septiembre de 1867.

Querido Mohr:

El Congreso parece esta vez haberse dejado arrastrar realmente por los franceses; la cantidad de acuerdos proudhonianos es con todo demasiado grande. Es bueno que la próxima vez vaya a Bélgica; para entonces quizá se pueda hacer también algo en el Norte de Alemania, y entonces, con ayuda de los ingleses, se pondrá un dique a la inundación. Con todo, en general, lo que allí se decide sólo es para el gato, mientras el Central Council permanezca en Londres. Nuestro querido Phil. Becker parece haber vuelto a disparar algunos de sus despropósitos instintivos, que hay que disculpar al viejo agitador cuando no está bajo dirección. Que Eccarius ha escrito los informes en el Times tiene que mantenerse en secreto. Tal como le han arreglado la historia en la redacción, podría perjudicarle enormemente. La próxima vez que reporte para el periódico tendrá que distinguir más hasta qué punto su humor puede ser explotado por los burgueses redactores para arrojar el ridículo sobre todo el asunto y no sólo sobre unos cuantos sapos ridículos. Ya que estás en contacto con Vermorel, ¿no puedes moderar las tonterías de ese tipo a propósito de Alemania? ¡Es realmente grave que ese asno exija que Bonaparte se vuelva liberal, liberal burgués, y luego inicie una guerra para liberar a Alemania de la tiranía de Bismarck! Estos sapos, que incluso si hacen una revolución tendrán que tratar a Alemania con mucho cuidado, creen que con un suave giro liberal podrían volver a desempeñar el viejo papel. Considero muy importante, precisamente para el caso de una revolución, que se acostumbre a esos señores a tratar con nosotros de igual a igual. El bismarckismo en Alemania, según ellos, es una cualidad natural de Alemania que tiene que ser destruida mediante su intervención; en cambio, el bonapartismo entre ellos es un puro accidente, que puede suprimirse incluso con un cambio de ministro y convertirse en su contrario. El gran Schweitzer ha sido felizmente elegido con ayuda de los pietistas de Elberfeld y Barmen, y ahora tendrá ocasión de proclamar, desfigurándolos, diversos puntos de tu libro en el Reichstag. Que lo hará, puedes apostar a ello. Pero esto sólo será útil y nos dará motivo para muchas risas; una vez que el libro esté publicado, semejantes cosas no pueden más que servir. A propósito de Barmen me acuerdo de Siebel. El pobre diablo ha vuelto a caer enfermo de una manera horrible y tiene que irse otra vez de Barmen; no sé adónde. Es posible que no sobreviva al invierno. La cosa debe de ser tan grave que no cuento con él para armar algún ruido en los periódicos a favor de tu libro. Me ha escrito a aquí muy desalentado. La Trades Outrage Commission no hace aquí más que comprobar viejas pamemas que ya se comprobaron hace 7 años. Si no pueden averiguar algo mejor, pueden hacer las maletas. ¡Imagínate que la fabricación de ladrillos y la albañilería sean tratadas como las principales ramas industriales de Manchester! Los defectos que se han manifestado en las pruebas del fusil Chassepot aquí son exactamente los mismos que ya se habían constatado en Berlín y que Bölzig ya me había contado en Hannover. Entonces creí que se habían puesto deliberadamente ejemplares malos en manos de los prusianos, pero ahora parece más bien que el fallo es real, y entonces el fusil no es ni la mitad de bueno que el fusil de aguja de los prusianos. La gente de Meißner en Leipzig parece tomarse mucho tiempo para hacer circular el libro. Todavía ningún anuncio en ninguna parte. ¿Qué te parece, debo, para poner la cosa en marcha, atacar el asunto desde un punto de vista burgués? Meißner o Siebel ya lo colocarían en algún periódico. En cuanto a la prohibición, yo mismo no creo en ello, pero nunca se puede responder del celo de cualquier procurador, y una vez que el proceso esté en marcha, podrías contar con tu amigo Lippe. Saludos cordiales a tu mujer y a las muchachas, que ahora probablemente ya estén de vuelta. Recibidas con agradecimiento las Dipl. Reviews.

Tu F. E.