4 de septiembre de 1867. Querido Fred: Las 5 libras esterlinas recibidas con agradecimiento. Borkheim me escribió hace unos días desde Berna y me envió «para amistosos comentarios marginales» el borrador del discurso que piensa pronunciar en el Congreso de la Paz de Ginebra. También quería tu ayuda. Conforme a lo acordado, le escribí diciéndole que aún no habías regresado. Pero puedes enviar el dinero a su socio Schüler, 65 Fenchurchstreet. Sin embargo, no son 45, sino 50 libras. Al revisarlo, encontré que la letra de cambio ascendía a 48 libras, y Borkheim dijo entonces que bien podía darme la suma completa de 50 libras. No te comuniqué esto antes porque esperaba día a día el dinero que me habían prometido y luego quería pagar yo mismo las 50 libras.

Adjunto: 1. los últimos pliegos de imprenta. 2. dos Diplomatic Reviews y un número del Courrier Français. En cuanto a los últimos pliegos, han impreso, contra mi disposición, en tamaño grande el apéndice a las notas y en tamaño pequeño el apéndice sobre la forma de valor. Probablemente se hizo así para que el libro no tenga ni menos ni más de 50 pliegos. A mi juicio, Meißner ha cometido una burrada al subir el precio de venta de 3 táleros a 3 táleros 10 groschen. Pero también es posible que posteriormente haya recibido tantos pedidos en firme que haya obrado correctamente desde el punto de vista comercial.

Para explicarte el artículo del Courrier Français (que debes devolverme después de leerlo): «Les Conditions de la Paix», lo siguiente: Sabes que en el Consejo General hablé en contra de la adhesión a los charlatanes de la paz. Mi intervención duró aproximadamente media hora. Eccarius, como encargado del acta, publicó un informe en el Beehive en el que sólo recogía un par de frases mías. La reimpresión en el Beehive/Courrier omite incluso las frases sobre la necesidad de los ejércitos frente a Rusia y sobre la cobardía de esos tipos. No obstante, este asunto ha provocado mucho ruido. Los burros del Congreso de la Paz, cuyo agente en Londres es M. de Colleville, cambiaron por completo su programa original y en el nuevo, mucho más democrático, introdujeron de contrabando incluso las palabras «the harmonizing of economic interests with liberty», una frase ampulosa que puede significar también mero libre comercio. Me bombardearon con comunicaciones e incluso tuvieron la desfachatez de enviarme el adjunto papelucho con el nuevo programa. La desfachatez consiste en que en la dirección me nombran «member of the Geneva etc Congress». El Courrier, su más vivaz representante en París, los abandona, como verás. El mismo Courrier, a raíz de una carta privada que escribí a Vermorel hace unos 14 días (no lo conozco), ha cambiado de política respecto a Rusia. La cuestión principal era que estos grandes señores del Congreso de la Paz, Victor Hugo, Garibaldi, L. Blanc, etc., habían ignorado con la mayor altanería a nuestra Asociación Internacional. Ahora los he obligado a reconocernos como una potencia. He recibido de Nápoles los dos primeros números de un periódico: «Libertà e Giustizia». En el n.° 1 se declaran órgano nuestro. Se los he entregado a Eccarius para que los presente en el Congreso. El n.° 2, que te enviaré, contiene un ataque muy bueno a Mazzini. Sospecho que en ello anda Bakunin.

En lo que se refiere a la confiscación y prohibición de mi libro, una cosa es prohibir panfletos electorales y otra muy distinta un libro de 50 pliegos, que tiene un aspecto tan erudito y contiene incluso notas en griego. Cierto es que de nada serviría si, en lugar de los 12 condados de Inglaterra, hubiese elegido 12 distritos gubernamentales de Prusia para caracterizar las condiciones de los trabajadores agrícolas. También me parece que el señor Bismarck examinará el asunto dos veces antes de provocar en Londres y París mis ataques contra su régimen. Cómo andan, por lo demás, las condiciones prusianas lo muestra la siguiente declaración de O. Hübner, director del Archivo Central de Estadística, en un escrito a sus electores: «El pueblo ya está sobrecargado. Excepto las fábricas de armas, casi todas las ramas industriales están paralizadas; por cada pequeño empleo compiten centenares de hambrientos; en las ciudades crece el número de viviendas vacías y de habitantes que no pueden pagar el alquiler; fincas y casas se rematan en masa; los asilos de pobres están sitiados por vencedores mutilados y desempleados; la confianza en el presente y el futuro falta por doquier, y en el presupuesto de los más pobres penetra la percepción de que ya paga por los servicios del Estado más de lo que estos valen.» En Berlín ni el gobierno ni el partido nacionalliberal han logrado imponer un solo candidato. Pero qué malditos bueyes cornudos son los progresistas, que ahora forman la extrema izquierda, lo muestra, entre otras cosas, el siguiente extracto de su órgano «más radical», la Zukunft: «Es el esnobismo que todo lo iguala, que recorre toda la nación inglesa y al que le molesta toda actividad personal… ¡Ese mismo esnobismo es el que sin cesar apremia por la reducción de la jornada de trabajo y, por vía de los sindicatos, prohíbe las horas extraordinarias!» ¿Se podría creer posible algo así? ¡En verdad, comparada con la prensa alemana, la prensa parisina, incluso ahora, es un gigante! Tuyo K. Marx.