24 Aug. 1867. Querido Fred,

Desde los últimos 2 pliegos de pruebas que te envié, no he recibido más. Estoy furioso con Meißner. Evidentemente ha retenido lo que le ha remitido Wigand para enviarlo todo de una vez ¡y ahorrarse 4 peniques de porte! El mismo Meißner me escribió la semana pasada que había hecho imprimir por separado una parte de mi prólogo (y a fe que ha escogido la más indicada), para enviarla a todos los periódicos alemanes. Le escribí que me mandara inmediatamente copias de ello. Contaba con que tú traducirías la cosa al inglés (yo se la daría entonces al Beehive, que sostienen Mill, Beesley, Harrison, etc.), Lafargue, con ayuda de Laura, al francés para el Courrier Français y, por último, yo mandaría un ejemplar a mi corresponsal en América. Con tal de ahorrarse los 4 peniques, Meißner no ha enviado nada. Lo despachará todo junto. ¡Pero así se pierde un tiempo precioso!

Lo mejor de mi libro es: 1) (en ello se basa toda comprensión de los hechos), el doble carácter del trabajo, ya destacado en el primer capítulo, según se exprese en valor de uso o valor de cambio; 2) el tratamiento de la plusvalía con independencia de sus formas particulares, como la ganancia, el interés, la renta del suelo, etc. Esto se pondrá de manifiesto, sobre todo, en el segundo tomo. El tratamiento de las formas particulares en la economía clásica, que las confunde constantemente con la forma general, es una olla podrida.

Te ruego que anotes en los pliegos de pruebas tus desiderata, objeciones, preguntas, etc. Esto es muy importante para mí, pues cuento, más tarde o más temprano, con una segunda edición.

En cuanto al capítulo IV, me ha costado mucho sudor encontrar las cosas mismas, es decir, su conexión interna. Luego, una vez hecho esto, se me vinieron encima, durante la última redacción, un libro azul tras otro, y quedé encantado al ver mis resultados teóricos plenamente confirmados por los hechos. ¡Y, por fin, escrito con ántrax y las diarias patadas de los acreedores!

Para el cierre del libro II (proceso de circulación), que estoy escribiendo ahora, he de recurrir a ti de nuevo, como hace muchos años, acerca de un punto. El capital fijo no se repone en especie sino, digamos, al cabo de 10 años. Entretanto, su valor se va recuperando parcial y gradualmente con la venta de las mercancías producidas con él. Este retorno progresivo para el capital fijo solo es necesario para su reposición (sin tener en cuenta las reparaciones, etc.) cuando ha muerto en su forma material, p. ej., como máquina. Pero, entretanto, el capitalista tiene en la mano esos retornos sucesivos.

Te escribí hace muchos años que me parecía que se formaba así un fondo de acumulación, puesto que el capitalista aplica entre tanto el dinero retornado, antes de reponer con él el capital fijo. Tú te manifestaste en una carta, de manera un tanto superficial, en contra de esto. Más tarde encontré que M c Culloch presenta este sinking fund como un fondo de acumulación. Convencido de que M c C. nunca puede pensar nada correcto, dejé caer el asunto. Su intención apologética al respecto ya ha sido refutada por los malthusianos, pero ellos también admiten el hecho.

Tú, como fabricante, debes saber qué hacéis con los retornos del capital fijo antes del momento en que haya que reponerlo en especie. Y debes responderme a este punto (sin teoría, de manera puramente práctica).

Salut.
Tu K.M.

(Salut a la señora Lizzy.) / Los niños aún en Royan, cerca de Burdeos.