Querido Mohr:

He trabajado a fondo hasta aproximadamente el pliego 36 y te felicito por la manera completa en que los problemas económicos más enrevesados se vuelven sencillos y casi sensorialmente claros con sólo enderezarlos y situarlos en la conexión correcta. Y asimismo por la presentación –en cuanto a la materia, sumamente renombrada– de la relación entre trabajo y capital, en su conexión plena y correcta, y completa aquí por primera vez. También me ha divertido mucho ver cómo te has ido metiendo en el lenguaje tecnológico, cosa que sin duda ha de haberte costado muchas dificultades y por lo cual yo abrigaba diversos recelos. Algunos lapsus plumae (los he corregido con lápiz al margen, y también he arriesgado algunas conjeturas). Pero ¡cómo has podido dejar la división externa del libro tal como está! El capítulo 4 tiene casi 200 páginas y sólo consta de 4 secciones marcadas por rúbricas impresas en fino, apenas reencontrables. Con ello, el hilo del pensamiento queda constantemente interrumpido por ilustraciones, y el punto que se iba a ilustrar jamás se resume al final de la ilustración, de modo que uno cae constantemente, de golpe, de la ilustración de un punto directamente en el planteamiento de otro punto. Esto es horriblemente fatigante y, sin una atención muy aguda, también confuso. Aquí habrían estado decididamente en su lugar subdivisiones más frecuentes y un mayor realce de las secciones principales, y habrá que hacerlo decididamente para la edición inglesa. En general, en esta exposición (señaladamente Cooperación y Manufactura) hay algunos puntos que aún no me resultan del todo claros, y en los cuales no logro averiguar a qué hechos se refiere el desarrollo, que se da sólo de manera general. A juzgar por la forma externa de la exposición, este capítulo 4 parece también escrito con la mayor rapidez y ser el que menos ha vuelto a elaborarse.

Pero todo eso no importa: el punto principal es que a los señores economistas no se les ha dejado en ninguna parte un punto débil donde puedan abrir brecha; en verdad tengo curiosidad por oír lo que dirán los señores, pues no se les ha dejado ni el más mínimo asidero. Gentes à la Roscher ya sabrán consolarse de ello, pero para las gentes aquí en Inglaterra, que no escriben para niños de tres años, la cosa es muy distinta.

En cuanto puedas enviarme de nuevo algunos pliegos, me darás una gran alegría; quisiera leer lo de la acumulación en su contexto. Saluda cordialmente a tu mujer. ¿Cuándo regresan las muchachas?

Tuyo,
F. E.