Querido Mohr:

Adjunto un billete de cinco libras que afortunadamente conseguí que me dieran ayer y que ahora satisfará a tu francés. Asimismo, la carta de Dronke. El pequeño se ha encallado felizmente con sus pequeñitas especulaciones. Me temo que, para librarse de la obligación de las acciones de Barned, tendrá que recurrir al tribunal de quiebras. Es muy duro para el pobre muchacho, primero el proceso por el seguro, y ahora estos golpes. Entretanto, probablemente conserva su agencia, y con eso y con algo menos de fiebre especulativa podrá recuperarse pronto.

He leído por encima hasta el pliego 32, y te informaré más tarde al respecto; las numerosas ilustraciones de esta parte ocultan, en una primera lectura superficial, un tanto la conexión. Pero contiene cosas muy hermosas, y el capital y sus sicofantes te estarán eternamente agradecidos.

En el viaje de ida tuve aún el placer de que una bala de fusil, a no doce pulgadas de mi pecho, destrozara la ventanilla y cruzara volando el vagón: algún voluntario habría querido demostrar una vez más que no se le puede confiar un arma de fuego. Éste es el accidente ferroviario más extraño que jamás me haya ocurrido.

Lizzie también ha tenido un viaje de vuelta bastante malo; dice que no vuelve a embarcarse.

Saludos cordiales a tu mujer.
Tu F. E.