K. Marx

Prólogo a la primera edición alemana del primer tomo de El Capital[1]

Digitalización y Edición Electrónica: Ediciones Bandera Roja.

pág. 87

El trabajo, cuyo primer tomo propongo al público, es la continuación de la Contribución
a la crítica de la Economía política, publicada por mí en 1859. El largo
intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuación me ha sido impuesto por una
enfermedad de muchos años que ha interrumpido la labor repetidas veces.

El contenido de la obra primitiva está resumido en el primer capítulo de este
tomo[2]. Y al hacerlo así, no se ha atendido
sólo a conseguir que sean más coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado
la exposición. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aquí
puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados allí,
aquí simplemente se enuncian. Los capítulos sobre la historia de la teoría del valor
y de la teoría del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el
lector del trabajo anterior encontrará en las notas del primer capítulo referencias a
nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teorías.

El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la máxima
dificultad la constituirá la comprensión del primer capítulo, en particular, los
párrafos referentes al análisis de la mercancía. En cuanto a lo que toca especialmente
al análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado,

pág. 88

en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular[*] . La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la
forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha
dedicado a investigarla durante más de 2.000 años, sin resultado, mientras que otras
formas más complejas y de contenido mucho más rico han sido analizadas, por lo menos
aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, ¿por qué? Porque es más fácil de
estudiar el cuerpo organizado que las células del cuerpo. Además, para analizar las
formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La
capacidad de abstracción ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la
forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas
económicas celulares. A los espíritus poco cultivados les parece que analizar estas
formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de
minucias como las que son objeto de la anatomía microscópica.

Por eso, a excepción del capítulo sobre la forma valor, nadie podrá acusar a este
libro de difícil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de
aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por sí mismos.

El físico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en
forma más acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace
experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo
que me propongo investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las
relaciones de producción y de cambio que le corresponden. El país clásico para ello es
hasta ahora Inglaterra. De aquí el que haya tomado de él los principales hechos que
sirven de ilustración a mis conclusiones teóricas. Si el lector alemán alza los hombros
con gesto de fariseo ante la situación de los trabajadores industriales y agrícolas
ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no están,
ni con mucho, tan mal, tendré que decirle: De te fabula narratur![**]

[*] Esto me ha parecido tanto más necesario,
cuanto que incluso el capítulo del trabajo de F. Lassalle contra Schulze-Delitzsch en el
que declara explicar la «quinta esencia intelectual» de mi investigación sobre este
tema[3], contiene errores importantes. En
passant (dicho sea de paso), si F. Lassalle ha tomado de mis trabajos, casi
literalmente y hasta con la terminología creada por mí, todas las tesis teóricas
generales de sus escritos económicos (por ejemplo, las tesis sobre el carácter
histórico del capital, sobre la conexión entre las relaciones de producción y el modo
de producción, etc., etc.) y lo ha hecho sin citar las fuentes, ha sido simplemente con
fines de propaganda. Naturalmente, no me refiero a las tesis concretas ni a las
aplicaciones prácticas de éstas, con lo que nada tengo que ver.

[**] Contigo va el cuento. Horacio, Sátiras,
libro I, sátira I. (N. de la Edit.)

pág. 89

No se trata aquí del grado de desarrollo, más alto o más bajo, que alcanzan los
antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producción capitalista.
Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que actúan y se imponen con una
necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado no hace más que mostrar al
que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.

Pero aparte de esto: en los sitios donde la producción capitalista ha tomado por
completo carta de naturaleza en nuestro país, por ejemplo, en las fábricas propiamente
dichas, la situación es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la
legislación fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los
demás países continentales de la Europa Occidental, no sólo el desarrollo de la
producción capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Además de las miserias
modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir
vegetando entre nosotros formas de producción antiguas y ya caducas que acarrean un
conjunto de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sufrimos sólo a causa de
los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif![*]

En comparación con la inglesa, la estadística social alemana y del resto de la Europa
Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar
entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizaríamos de ver nuestra propia situación si
nuestros gobiernos y parlamentos designasen periódicamente, como en Inglaterra,
comisiones de investigación de las condiciones económicas; si estas comisiones
estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si
se pudiera encontrar, para cumplir esta misión, hombres tan expertos, imparciales y
severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los médicos ingleses que
informan sobre la Public Health[**], como
los comisarios ingleses que investigan sobre la explotación de la mujer y del niño,
sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentación, etc. Perseo se cubría con un
casco mágico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco mágico
sobre nuestros ojos y nuestros oídos para poder negar la existencia de los monstruos.

No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia
norteamericana del siglo XVIII[4] fue el toque a
rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX[5] lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra,
el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando

[*] ¡El muerto se agarra al vivo! (N. de
la Edit.)

[**] Sanidad pública. (N. de la Edit.)

pág. 90

alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y allí revistirá
formas más brutales o más humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera
misma. Abstracción hecha de móviles más elevados, sus más vitales intereses mandan a
las clases hoy dominantes eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la clase
obrera que pueden ser eliminados por la legislación. Esta es la razón por la cual yo me
he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la
legislación fabril inglesa. Una nación debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso
en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su
movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley económica que mueve la
sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del
desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.

Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y
propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aquí se habla de las
personas sólo como personificación de categorías económicas, como portadores de
determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo
de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, puede menos
que ningún otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales
socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.

En el terreno de la Economía política, la investigación científica libre se
encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del
material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más
violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del
interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra[6],
por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39
de sus ingresos monetarios. Hoy en día, el mismo ateísmo es una culpa levis[*], comparado con la crítica de las
tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aquí hay que reconocer la existencia
de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las últimas
semanas con el título Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, regarding
Industrial Questions and Trades Unions[7].
Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aquí sin ambages
que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los países cultos del continente
europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformación radical

[*] Un pecado venial. (N. de la Edit.)

pág. 91

de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del
Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica,
declaraba en mítines públicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete
la transformación de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son éstos
signos de la época, que no se dejan encubrir con mantos de púrpura ni con sotanas
negras. No significan que mañana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas
clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ningún
cristal duro, sino un organismo susceptible de transformación y en transformación
constante.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro
II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y último
(libro IV), de la historia de la teoría.

Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada
opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran
florentino:

Segui il tuo corso, e lascia dir le genti![*]

Carlos Marx

Londres, 25 de julio de 1867

Publicado por vez primera en el

libro: Karl Marx. Das Kapital.

Kritik der politischen Oekonomie.

Erster Band, Hamburg, 1867.

Se publica de acuerdo con el texto

de la cuarta edición alemana

de 1890.

[*] ¡Sigue tu camino y
deja que la gente murmure! (Dante. La divina comedia, El purgatorio, canto V,
parafraseado.) (N. de la Edit.)

NOTAS

[1] El Capital es una obra genial del marxismo. Marx dedicó los cuarenta
años últimos de su vida a su trabajo principal (iniciado en los años 40).

Marx comenzó el estudio sistemático de la Economía política a fines de 1843, en
París. Sus primeras investigaciones en este dominio hallaron reflejo en las obras Manuscritos
económicos y filosóficos de 1844, La ideología alemana, Miseria de la
Filosofía, Trabajo asalariado y capital, Manifiesto del Partido
Comunista, etc.

Después de cierto intervalo, debido a la revolución de 1848-1849, Marx pudo proseguir
sus investigaciones económicas sólo en Londres, capital a la que tuvo que emigrar en
agosto de 1849.

En el período de 1857-1858, Marx redacta un manuscrito de 50 pliegos de imprenta, algo
así como borrador de esbozo de El Capital. El manuscrito fue publicado por
primera vez en 1939-1941 por el Instituto de Marxismo-Leninismo anejo al CC del PCUS en
alemán bajo el título de Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie
(«Rasgos fundamentales de la crítica de la Economía política»). Al propio tiempo,
Marx hace el primer esbozo del plan de toda la obra, al que detalla en los meses sucesivos
y adopta en abril de 1858 el acuerdo de exponer todo el trabajo en 6 libros. Sin embargo,
pronto Marx decide comenzar la edición de la obra por partes, en fascículos sueltos.

En 1858 comienza a redactar el primer fascículo, denominándolo Contribución a la
crítica de la Economía política. El libro salió en 1859.

En el curso del trabajo, Marx cambió el plan inicial de su obra. El plan de 6 libros
fue sustituido por el de 4 tomos de El Capital. En 1863-1865 redacta un nuevo y
extenso manuscrito que es precisamente una primera variante detallada de los tres tomos
teóricos de El Capital. Sólo después de estar escrito todo el trabajo (enero
de 1866), Marx procede a la revisión definitiva del mismo antes de entregarlo a la
imprenta, pero, a consejo de Engels, decide no preparar todo el trabajo, sino
principalmente, el primer tomo. Marx efectúa esta revisión definitiva con mucha
escrupulosidad, sometiendo, de hecho, a una nueva redacción el primer tomo de El
Capital.

Publicado el primer tomo (setiembre de 1867), Marx continúa redactándolo con motivo
de la preparación de nuevas ediciones en alemán y de traducciones en lenguas
extranjeras. Introduce numerosas correcciones en la segunda edición (1872) y da
indicaciones sustanciales con motivo de la edición rusa, que sale en Petersburgo en 1872
y es la primera edición extranjera de El Capital. Marx somete a una
reelaboración y redacción considerables la traducción francesa, que se publica en
fascículos en los años de 1872 a 1875.

Por otra parte, después de aparecer el primer tomo de El Capital, Marx
continúa trabajando con los tomos siguientes, proponiéndose terminar pronto toda la
obra. Pero no lo consigue. Le quita mucho tiempo su multiforme actividad en el Consejo
General de la I Internacional. Se hacen cada vez más frecuentes las interrupciones del
trabajo debido al mal estado de la salud.

Los dos tomos siguientes de El Capital fueron preparados para la imprenta por
Engels después de la muerte de Marx: el segundo, en 1885, y el tercero, en 1894.- 87

[2] Marx se refiere al primer capítulo (Mercancía
y dinero) en la primera edición alemana del I tomo de El Capital. En la
segunda edición y las siguientes de este tomo en alemán le corresponde la primera
sección.- 87

[3] Trátase del capítulo tercero del
trabajo de F. Lasalle Herr Bastiat — Schulze von Delitzsch, der ökonomische
Julian, oder: Capital und Arbeit («El señor Bastiat-Schulze von Delitzsch, el
Jualiano económico, o: Capital y trabajo»), Berlin, 1864.- 88

[4] La guerra de la Independencia de las
colonias norteamericanas de Inglaterra (1775-1783) contra la dominación inglesa
debió su origen a la aspiración de la joven nación burguesa norteamericana a la
independencia y a la supresión de los obstáculos que impedían el desarrollo del
capitalismo. Como resultado de la victoria de los norteamericanos se formó un Estado
burgués independiente: los Estados Unidos de América.- 89

[5] La guerra civil de Norteamérica
(1861-1865) se libró entre los Estados industriales del Norte y los sublevados Estados
esclavistas del Sur. La clase obrera se Inglaterra se opuso a la política de la
burguesía nacional, que apoyaba a los plantadores esclavistas, e impidió con su acción
la intervención de Inglaterra en esa contienda.- 89

[6] La alta Iglesia era una corriente de la
Iglesia anglicana que tenía adeptos principalmente entre la aristocracia; mantenía los
pomposos ritos antiguos, subrayando la continuidad entre ella y el catolicismo.- 90

[7] Libros Azules (Blue Books),
denominación general de las publicaciones de documentos del parlamento inglés y de los
documentos diplomáticos del Ministerio del Exterior, debida al color azul de la cubierta.
Se editan en Inglaterra a partir del siglo XVII y son la fuente oficial fundamental de
datos sobre la historia económica y diplomática del país.

En la pág. 6 trátase del Informe de la comisión para investigar la acción de
las leyes referentes al destierro y a los trabajos forzados, t. I, Londres, 1863; en
la pág. 90, de la Correspondencia con las misiones extranjeras de Su Majestad sobre
problemas de la industria y las tradeuniones, Londres, 1867.- 90