Mi obra consta de about [aproximadamente] 50 pliegos. Ve usted lo mal que había calculado as to its extens [su volumen]. Hace unos días, envié a Leipzig el suplemento, con el título La FORMA DEL VALOR, anexo AL CAPÍTULO 1. Usted conoce muy bien AL AUTOR DE ESTE PLAN, al que envio aquí mi agradecimiento por su suggestion [sugerencia]. Perdone que interrumpa estas líneas. Me acaban de entregar ahora mismo otros pliegos por revisar.

Mis recuerdos a su esposa y a la «Madámchen».

De usted Marx Con la próxima carta le enviaré unas tarjetas de adhesión para la señora [Kugelmann] y la señora Tenge. Una mujer, la señora Law, ha sido promovida miembro de nuestro Consejo General. Sinceros agradecimientos de Eleanor por los stamps [los sellos]. Las fotos seguirán más adelante.

3 La sugerencia de explicar mejor la noción del valor en un «Anexo» procidía de Kugelmann. Marx la aceptó e incorporó el anexo al texto propiamente dicho, a partir de la segunda edición.

Carta de Marx [Londres,] 11 de octubre de 1867.

Querido Kugelmann: D'abord [ante todo], mi sincero agradecimiento por sus dos cartas:! me alegra mucho que me escriba TODAS LAS VECES QUE SU TIEMPO SE LO PERMITA. Sólo que no debe dar por sentado que yo HAGA ESTRICTAMENTE OTRO TANTO; apenas me alcanza el tiempo para la numerosa correspondencia que tengo que mantener en distintas direcciones. Antes de hablarle de mi libro, debo decirle dos palabras. Temo que Borkheim, malgré lui [sin querer], está a punto de jugarme una mala pasada; está haciendo imprimir su «Discurso de Ginebra» en cuatro idiomas, francés, alemán, inglés y ruso.? Lo ha adornado incluso con un prefacio barroco y de mal gusto, en el que pululan las citas. Entre nosotros —y para bien del Partido— le diré sin rodeos lo que pienso. Borkheim es un hombre activo e incluso homme d'esprit [inteligente] pero, ¡cuidado con él cuando coge la pluma! Todo tacto, todo buen gusto le son ajenos. Hasta le falta la preparación indispensable. Se parece a esos salvajes que creen embellecerse el rostro tatuándoselo con los colores más chillones. La trivialidad y la vulgaridad no lo abandonan nunca, cada una de sus frases, instintivamente, lleva puestos los cascabeles del bufón.

Si él no fuese tan profundamente vanidoso, hubiera podido impedir la publicación y hacerle comprender qué suerte hubiese sido para él 1 En su primera carta (del 29 de setiembre), Kugelmann se decía muy contento por haber recibido El capital. En la segunda (8 de octubre), escribía: «He llegado al capítulo III. No puedo decirle hasta qué punto el libro me apasiona...». Kugelmann proponía escribir una crítica sobre la obra y pedía algunas indicaciones «con el fin de redactar un artículo que resulte apropiado para la mentalidad burguesa». En relación con esto, Engels le escribió una carta el 12 de octubre. 2 Se trata en este caso del folleto Meine Perle vor den Genfer Kongress. En el Congreso de la paz celebrado en Ginebra del 9 al 12 de setiembre, y al cual asistía también Kugelmann, un tumulto impidió a Borkheim terminar su discurso.