22 de junio de 1867.  
Querido Fred,

Adjuntos recibes 4 pliegos más, que me llegaron ayer. Los muy bribones han dejado sin corregir no pocas erratas que yo había señalado de forma muy legible. En lo de la «Children’s Employment Commission» hemos corregido un error introduciendo *Childrens’*. Pues *Children* es nominativo plural, de modo que el signo de genitivo es *’*. Lo vi enseguida al volver a ojear los propios *Blue Books*. King me escribe que los *Fenians* aún no han sido puestos en libertad. Aplazan el asunto todo lo posible, hasta dejarlo lo más cerca posible del final de la sesión. Espero que quedes satisfecho con los 4 pliegos. Tu satisfacción hasta ahora me importa más que *anything* que el resto del mundo *may say of it*. En todo caso, espero que la burguesía se acuerde toda su vida de mis carbúnculos. ¡Qué puercos son, y ahí va una nueva prueba!

Sabes que la *Ch. Empl. Com.* funcionó durante 5 años. En cuanto apareció su primer informe, en 1863, se «disciplinó» de inmediato a los ramos denunciados. El ministerio *tory*, a comienzos de esta sesión, por medio de Walpole, *the weeping willow*, había presentado un proyecto de ley mediante el cual se adoptaban todas las propuestas de la Comisión, aunque en escala muy reducida. Los individuos que iban a ser disciplinados, entre ellos los grandes fabricantes metalúrgicos y, sobre todo, los vampiros del «trabajo a domicilio», callaron como unos miserables. Ahora presentan una petición al Parlamento y exigen: ¡nueva investigación!, ¡la anterior era partidista! Cuentan con que la *Reform Bill* absorba toda la atención pública, de modo que el asunto se cuele muy cómodamente y *privately*, mientras al mismo tiempo soplan malos vientos contra las *Trade’s Unions*. Lo peor de los «*Reports*» son las propias declaraciones de esos tipejos. Ellos saben, pues, que una nueva investigación no significa sino una cosa, y es precisamente «lo que nosotros los burgueses queremos»: ¡un nuevo plazo de explotación de 5 años! Afortunadamente, mi posición en la Internacional me permite desbaratarles el plan a esos perros. El asunto es de la mayor importancia. ¡Se trata de la abolición de la tortura para 1½ millones de personas, sin contar siquiera a los obreros varones adultos!

En cuanto al desarrollo de la forma de valor, he seguido tu consejo y no lo he seguido, para comportarme también en este aspecto de un modo dialéctico. Es decir: 1) he escrito un apéndice en el que expongo la misma cosa del modo más sencillo y más escolar posible, y 2) siguiendo tu consejo, he dividido cada frase de progresión en parágrafos, etc., con epígrafes propios. En el prólogo digo entonces al lector «no dialéctico» que se salte las páginas x–y y lea en su lugar el apéndice. No se trata aquí sólo de filisteos, sino de la juventud ávida de saber, etc. Además, el asunto es demasiado decisivo para todo el libro. Los señores economistas han pasado por alto hasta ahora lo más sencillo: que la forma 20 varas de lienzo = 1 chaqueta no es sino la base no desarrollada de 20 varas de lienzo = 2 libras esterlinas; que, por tanto, la forma más simple de la mercancía, en la que su valor no se expresa aún como relación con todas las demás mercancías, sino tan sólo como algo distinto de su propia forma natural, encierra todo el secreto de la forma de dinero y, con ello, *in nuce*, de todas las formas burguesas del producto del trabajo. En la primera exposición (Duncker) evité la dificultad del desarrollo presentando el análisis propiamente dicho de la expresión de valor sólo cuando ésta aparece ya desarrollada como expresión dineraria.

En lo referente a Hofmann tienes toda la razón. Por lo demás, por el final de mi capítulo III, donde se insinúa la transformación del maestro artesano en capitalista — a consecuencia de meros cambios cuantitativos —, verás que allí cito en el texto el descubrimiento de Hegel sobre la ley del tránsito del cambio meramente cuantitativo al cualitativo, como ley igualmente confirmada en la historia y en las ciencias naturales. En la nota al texto (en aquel tiempo estaba oyendo precisamente a Hoffmann) menciono la teoría molecular, pero no a Hoffmann, que no ha inventado nada en este asunto salvo las series, sino a Laurent, Gerhardt y Wurtz, siendo este último el verdadero hombre. A raíz de tu carta recordé vagamente la cosa y revisé por eso mi manuscrito.

La imprenta ha ido lenta en las dos últimas semanas (sólo 4 pliegos), probablemente a causa de Pentecostés. Pero el señor O. Wigand tendrá que recuperar esto. A propósito. Tu libro todavía se puede conseguir. La asociación obrera ha pedido a O. W. dos *new copies* y las ha recibido. (2.ª ed. de 1848.)

Ahora, asuntos privados. Mis hijas se ven obligadas a invitar a otras muchachas a bailar en casa el 2 de julio, pues en todo este año no han invitado a nadie, no han podido devolver las invitaciones, y están a punto *to lose cast*. Por muy agobiado que esté en este momento, he tenido que consentirlo, y cuento contigo para el vino (Clarete y del Rin), es decir, que me lo consigas en el curso de la próxima semana. En segundo lugar, como una «desgracia» nunca viene sola, Lina se ha anunciado para la semana próxima. Mi mujer tendrá que devolverle entonces 5 £ que le debe, y comprenderás que, después de haber rechazado el primer asalto de acreedores, no puedo *afford* eso. Estoy realmente furiosísimo con las personas que me prometieron dinero y no dan señales de vida (al menos hasta hoy). Se interesan personalmente por mí, lo sé. Saben también que no puedo seguir trabajando sin cierta tranquilidad. ¡Y sin embargo no dan señales! El «noble» poeta Freiligrath seguro que recaudará un buen montón. Pues la mendicidad entre los alemanes ricos de Sudamérica — ¡y de China! ¡y de las Indias Occidentales! — debe de dar mucho, ya que esos tíos lo consideran como una cuestión nacional. Entretanto los F. viven como siempre con relativo gran estilo, dan constantemente fiestas, van constantemente de visita. Ésta es una razón de que los «comerciantes» alemanes de Londres estén tan remisos. Él, el gordo, tiene (según dice mi mujer, que estuvo allí) un aspecto muy afligido, doliente y abatido. Pero Ida florece como una amapola y nunca estuvo más alegre en su vida.

Muchos saludos a Mrs. Lizzy.  
Tu KM *Honoris causa*, tienes que conseguirme de todos modos la fotografía de Madame Gumpert.