Querido amigo:

La tardanza de esta carta me hace incurrir en la «fundada sospecha», más o menos, de ser un «mal sujeto». Como circunstancia atenuante solo puedo aducir que apenas hace unos días que «resido» en Londres. Entretanto estuve en Manchester, con Engels. Pero usted y su querida esposa me conocen ya lo bastante como para hallar normales en mí los pecados epistolares. No obstante, estuve con ustedes todos los días. Cuento la estancia en Hannover entre los más hermosos y gratos oasis en el desierto de la vida.

H

En Hamburgo no tuve otra aventura que la de trabar conocimiento, pese a todas las precauciones, con el señor Wilhelm Marr. Es, por su talante personal, un Lassalle traducido a lo cristiano, naturalmente de mucho menos valor. También actuó el señor Nieman durante los pocos días que aún permanecí allí. Pero estaba demasiado mimado por la compañía de Hannover como para querer asistir a una función teatral en peor compañía. Así que el señor N. me pasó inadvertido. A propósito. Meißner está dispuesto a imprimir el folleto médico que usted proyecta. Usted no tiene más que enviarle el manuscrito y remitirse a mí. Los pormenores deberá acordarlos usted mismo.

La travesía de Hamburgo a Londres fue, descontado el tiempo algo borrascoso del primer día, en conjunto favorable. Unas horas

b

antes de llegar a Londres, una señorita alemana, que ya me había llamado la atención por su porte marcial, declaró que quería partir esa misma noche de Londres hacia Weston-super-Mare y que no sabía cómo arreglárselas con su numeroso equipaje. El caso era tanto más grave cuanto que en sabbat faltan en Inglaterra manos serviciales. Me hice indicar la estación de ferrocarril adonde la señorita debía dirigirse en Londres. Unos amigos se la habían anotado en una tarjeta. Era la estación de North Western, por la que yo también había de pasar. Así que, como buen caballero, ofrecí a la señorita dejarla en el lugar. Aceptado. Pero, pensándolo mejor, caí en la cuenta de que Weston-super-Mare queda al sudoeste, mientras que la estación por la que yo debía pasar y que a la señorita le habían apuntado quedaba al noroeste. Consulté al capitán del barco. En efecto, resultó que había que depositarla en una parte de Londres completamente opuesta a la mía. Pero ya me había comprometido y tuve que hacer de tripas corazón. Llegamos a las 2 de la tarde. Llevé a la *donna errante* a su estación, donde me entero de que el tren no sale hasta las 8 de la noche. Así que *I was in for it*, y tuve que matar seis horas con *mademoiselle* paseando por Hyde Park, sentándonos en *ice shops*, etc. Resultó que se llamaba Elisabeth von Puttkamer, sobrina de Bismarck, con quien acababa de pasar unas semanas en Berlín. Llevaba consigo la lista completa del ejército, pues esa familia provee sobreabundantemente a nuestro «valeroso ejército» de señores de postín. Era una muchacha vivaracha, culta, pero aristocrática y blanquinegra hasta la punta de la nariz. No se asombró poco al enterarse de que había caído en manos «rojas». Pero la consolé diciéndole que nuestro *rendez-vous* transcurriría «sin derramamiento de sangre», y la vi partir *saine et sauve* hacia su destino. ¡Imagínese qué pasto sería esto para Blind u otros vulg… (¿economistas?) vulgardemócratas, mi *conspiracy with Bismarck*!

Hoy he despachado el pliego de pruebas n.º 14. La mayoría de ellos los recibí en casa de Engels, que está extraordinariamente satisfecho de la cosa y, salvo los pliegos 2 y 3, la encuentra escrita de forma muy fácil de comprender. Su juicio me ha tranquilizado, pues mis cosas, impresas, me desagradan siempre mucho, en particular a primera vista.

A su querida esposa, a quien ruego transmita aún mi específico agradecimiento por su hospitalidad amistosa y amabilísima, le envío el fotograma de mi segunda hija, Laura, pues las demás fotografías están agotadas y primero han de hacerse de nuevo. Engels hace sacar nuevas copias para usted de su propio retrato y del de Wolff. Sus envíos le han divertido mucho. Recomiéndeme muy afectuosamente a la «Madämchen». Eleanor está en la escuela; si no, le escribiría. *And now, Adio!*

Su
Karl Marx