Hanóver, 1.º de mayo de 1867. (Dirección: Dr. Kugelmann.)

Muy distinguido señor:

Si yo, enteramente desconocido para usted, me permito dirigirme a usted personalmente, y por cierto en un asunto personal aunque al mismo tiempo científico, disculpe usted tal proceder por la confianza que deposito en usted como hombre de ciencia y como hombre de partido. He venido a Alemania para entregar a mi librero editor, el señor Otto Meißner, en Hamburgo, el primer tomo de mi obra: «El capital. Crítica de la economía política». He de permanecer aquí todavía algunos días para ver si la impresión rápida, tal como el señor Meißner la proyecta, es posible, a saber, si los correctores están suficientemente formados para semejante modo de operación.

El motivo por el cual me dirijo a usted personalmente es éste: desearía que la cosa, después de su publicación en Alemania, apareciese también en francés, en París. Yo mismo no puedo ir allí, al menos no sin peligro, pues fui expulsado de Francia primero bajo Luis Felipe, por segunda vez bajo Luis Bonaparte (Presidente), y, finalmente, durante mi exilio en Londres, he atacado continuamente al señor Luis. Por consiguiente, no puedo ir a buscar personalmente a un traductor. Sé que su escrito de usted sobre «Materia y fuerza» ha aparecido en francés, y supongo, por ello, que usted, directa o indirectamente, puede proporcionarme una persona idónea. Puesto que durante el verano he de dar por terminado para la imprenta el segundo tomo, y durante el invierno el tercero y último, no dispongo del tiempo necesario para encargarme yo mismo de la redacción francesa de la obra.

Considero de la mayor importancia emancipar a los franceses de las falsas concepciones en que Proudhon los ha sepultado con su pequeña burguesía idealizante e idealizada. En el reciente congreso de Ginebra, y asimismo en las relaciones que, como miembro del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, mantengo con la rama de París, choca uno constantemente con las más repugnantes consecuencias del proudhonismo. Como no sé cuánto durará aún mi estancia aquí, me obligaría usted con una pronta respuesta. Si yo, por mi parte, puedo serle a usted de algún servicio en Londres, lo haré con el mayor placer.

Su más rendido

Karl Marx